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Recursos para la Catequesis
Jesús calma la tempestad

por María Inés Casalá

 

Primer momento: Generar el ambiente
Trabajar con un títere o un muñeco de un caracol. El catequista dice:
«En la terraza de mi casa tengo muchas cosas. ¿Se animan a adivinar qué tengo? Les doy una pista, no es un dragón, ni un fantasma, ni una jirafa… (Dejar que lo chicos participen e ir dando pistas).
Son verdes, se mueven con el viento. Sí, tengo muchas plantas. ¿Saben cómo se cuidan las plantas? Se riegan, se le agrega tierra, se sacan las hojas muertas… La otra tarde, subí a la terraza de mi casa con una regadera, una bolsita para poner las hojitas y la basura, y una palita para remover la tierra. Mientras estaba agachada entre las plantas, descubrí con horror que algunas hojitas estaban mordidas. ¿Quién se estará comiendo mis hojas? ¿Se imaginan quién podría ser? (Dejar que los chicos participen.) Sí, era un caracol. Me puse a conversar con él y me contó que tenía mucho hambre porque venía de muy lejos. Entonces, dejé lo que estaba haciendo y lo llevé a la cocina para darle una riquísima ensalada de hojas verdes y conversar con él. Después de escucharlo, le dije si quería venir hoy conmigo al jardín para contarles lo que había visto en sus viajes.
¿Quieren verlo?
(Buscar al títere dentro de una bolsa).
¿Caracol, dónde estás? (El sale caracol y dialoga con el catequista.)
–Hola amigo, despertate, mirá todos los chicos que hay alrededor nuestro (El caracol le dice algo al oído). Quedate tranquilo, amigo, los chicos no comen caracoles (A los chicos). Parece que sólo piensa en la comida. ¿Por qué no le contás a los chicos quién sos, de dónde venís, cómo te llamás…?
–Me llamo Tatú. Nací hace muchos, muchos años, en un país muy lejano y viajé mucho hasta llegar hasta aquí. Subí y bajé montañas, atravesé selvas con animales peligrosos, crucé mares…
–¿Sabés nadar?
–Sí, sé nadar, pero no atravesé el mar enorme nadando. Llegué a un puerto y encontré un barco en el muelle. Trepé lentamente por la soga y llegué hasta arriba, me escondí y me quedé quietito para que nadie me pisara. Así llegué hasta aquí y me encontré con (nombre del catequista). Yo fui amigo de alguien que los quiere mucho. ¿Saben quién es? Sí; Jesús. Y lo seguí por muchos sitios; lo escuché hablar y curar enfermos.
–¿Por qué no nos contás algo de Jesús?
–Ya que estábamos hablando de barcos, me acuerdo un día en que Jesús subió a un barco.
–Ya sé, lo que me contaste anoche mientras comías la ensalada. Descansá un ratito y lo cuento yo (Guardar el caracol, porque el que proclama la Palabra de Dios es el catequista).

Segundo momento: Proclamación
Lo que me contó Tatú ya lo había leído en la Biblia. Jesús se levantaba temprano, y desde la mañana a la noche recorría diferentes pueblos. Conversaba con muchas personas y, al que estaba enfermo, lo curaba. La gente iba a verlo para estar a su lado. Cierto día, Jesús no se había sentado ni un ratito en toda la jornada y, cuando llegó la noche, estaba muy cansado y necesitaba un lugar para descansar. Los amigos de Jesús, que eran pescadores, lo invitaron a pasar la noche embarcado con ellos. Pedro, un buen amigo de Jesús, le indicó un lugar dónde recostarse y le dio una manta para que se protegiera del frío.
Jesús estaba tan cansado que se quedó dormido antes de que el barco zarpara. Dormía tan profundamente que no se dio cuenta cuando zarparon ni cuando tiraron las redes. La noche era espléndida. La luna brillaba (hacer un círculo con los brazos para que los niños imiten el gesto) enorme en el cielo. El mar estaba tranquilo (estirar los brazos y moverlos haciendo olas pequeñas) y el barco apenas se movía. La brisa soplaba suave (soplar) y refrescaba a los amigos de Jesús que hacían esfuerzos para levantar las redes. Pero, de pronto, en un instante, el viento comenzó a soplar más fuerte (soplar y mover los brazos), la brisa se convirtió en un viento huracanado.
Las olas comenzaron a ser cada vez más altas, más grandes (hacer la mímica). El cielo se llenó de nubes negras repletas de gotitas dispuestas a saltar. Se desató una gran tormenta, una tempestad como nunca se había visto. Las olas pasaban sobre la barca, el viento soplaba, la lluvia caía sin cesar, los relámpagos alumbraban la noche y los truenos eran en-sordecedores (Hacer la mímica acompañando el relato).
Los amigos de Jesús se agarraban de donde podían para no caerse al agua.
Estaban empapados de arriba a abajo y mareados de tanto movimiento (moverse como los pescadores). En medio de la tormenta, Pedro se acordó de Jesús. ¿Se habrá caído al agua? No puede ser que no se haya despertado con este lío.
Pedro miró hacia donde estaba Jesús y vio que seguía allí. ¿Se habrá desmayado? ¡No puede ser que siga durmiendo! Pedro se acercó a Jesús, lo destapó y lo sacudió. Jesús se despertó tranquilamente y se desperezó (hacer el movimiento). ¿Qué ocurre? le preguntó.
–¡Jesús!, nos vamos a ahogar. ¿Cómo podés seguir durmiendo?
Jesús se acercó al borde de la barca, sintió el viento huracanado en su rostro, estiró sus brazos y dijo en voz alta: «Pará». Y el viento huracanado se convirtió en una brisa suave (Hacer el gesto, siempre acompañado de los niños, del viento fuerte, estirar los brazos y decir «pará», y luego la brisa suave). Después miró al cielo de dónde caía el agua, el granizo, los rayos y los truenos, estiró sus brazos y repitió «pará». Las nubes se corrieron y apareció la luna (mímica).
Por último, miró el mar, estiró sus brazos y dijo «pará» y las olas fuertes que pasaban por encima de la barca se fueron haciendo más pequeñas hasta que el mar quedó tranquilo y el barco se deslizó sobre ondas suaves (mímica).

Mensaje:
Jesús miró a los ojos a cada uno de sus amigos (mirar a los niños a los ojos) y dijo: Amigos, ¿por qué tienen miedo? A mi lado no deben temer, yo los cuido, los protejo, les doy paz y tranquilidad.
Vamos a preguntarle a Tatú qué pasó con él (Sacar a Tatú que dice):
Cuando comenzó la tormenta me desperté, pero como estaba bien tapadito entre las ropas de Jesús no tuve miedo. Nunca tuve miedo a su lado.

Oración:
Juntamos las mano, cerramos los ojos y le pedimos a Jesús que nos cuide,  nos proteja y que cuide a nuestra familia, maestros y amigos.

 

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