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El padre misericordioso – Valor: la Misericordia

por Ricardo Stirparo y Horacio Prado

 

«Su padre lo vio y se conmovió profundamente, corrió a su encuentro la abrazó y lo besó».
Lc 15, 20

 

Sólo si nos abrimos a la experiencia del amor misericordioso de Dios Padre, que no nos condena, nos espera y nos ama como somos; podremos mirar y actuar con los demás con la misma misericordia. Dios Padre nos ama y nos perdona, para que nosotros nos amemos y nos perdonemos. La propuesta de este encuentro es internarnos en la experiencia de la misericordia de Dios, desde la Parábola del amor del padre (Lc 15, 11-32), conocida como «del hijo pródigo», aunque en realidad el personaje principal es el padre. Es la última de las tres parábolas de la misericordia (la oveja y la moneda perdida) que encontramos en el capítulo 15 de Lucas y la intención de Jesús es enseñarnos cómo es Dios. Dios es como ese padre, y nosotros somos como el hijo menor y el hijo mayor. Necesitamos encontrarnos con la misericordia del Padre, para que él nos haga pasar, como el hijo menor, de la muerte a la vida.

 

Primer momento: Motivación

Para presentar el tema  nos dividiremos en seis grupos. A cada grupo le repartiremos una viñeta como las que presentamos aquí, con la siguiente consigna: Relatar una breve historia, donde se vea reflejada la imagen de Dios que expresa la viñeta. Luego cada grupo leerá su relato, presentando la falsa imagen de Dios que les tocó. Finalmente dialogaremos sobre los distintos elementos que aparecieron.

1. ¿Qué actitudes se esconden detrás de cada una de estas falsas imágenes de Dios?
2. ¿Cuál de estas imágenes responde más al pensamiento general de la gente?
3. ¿Con cuál de estas imágenes yo me siento más identificado?

 

 

 

 

Segundo  momento: Trabajo con la Palabra

Proclamamos la parábola del padre misericordioso (Lc 15, 11-32) y abordamos la reflexión sobre la Palabra en tres partes:
• 1º parte, versículos 11-20 a: El hijo menor y el padre
• 2º parte, versículos 20 b-24: El padre y el hijo menor
• 3º parte, versículos 25- 32:   El padre y el hijo mayor
Trabajaremos en tres grupos, cada uno con un tema, con unas fichas similares a las que presentamos aquí. En los grupos proponemos primero un momento de reflexión personal, para luego si, reunirnos y compartir guiados por las preguntas:

El hijo menor y el padre

 
Versículos
Preguntas para la reflexión
11-12
Un hombre tenía dos hijos, el menor de ellos dijo a su padre: «Padre, dame la parte de herencia que me corresponde». Y el padre le repartió sus bienes.
¿Cuáles son nuestras «herencias»? ¿Qué cosas en nuestra vida, nos pertenece más a nosotros que a Dios Padre? ¿Somos pertenencia de Dios?
13a

Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano

¿Qué nombres tienen los «países lejanos» que nos distancian del Padre: desesperanza, egocentrismo, indiferencia, comodidad…?
13b
donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.
¿En qué invertimos nuestras energías? ¿Por qué cosas vale la pena «gastar» nuestra vida?
14-15
Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones. Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región que lo envió a su campo a cuidar cerdos.
¿Cuáles son las necesidades más hondas de nuestro corazón? El hijo menor se puso al servicio de un extraño: ¿Cuándo vivimos lejos del Padre, a quién servimos, quién es nuestro patrón: la moda, el dinero, la diversión...?
16
Él hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.
¿De qué cosas tiene «hambre» nuestro corazón? ¿Dónde vamos a buscar el «alimento»? ¿Dónde lo encontramos?
17-19
Recapacitó y dijo: «Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia y yo estoy aquí muriéndome de hambre». Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: «Padre pequé contra el cielo y contra ti, ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros».

¿Sabemos «reconocer» nuestra necesidad de Dios Padre?

¿Miramos con humildad nuestra vida y reconocemos nuestra necesidad de ser perdonados?
20a
Entonces partió y volvió a la casa de su padre.
Partió y volvió: se puso en marcha. ¿Qué cosas tenemos que «poner en marcha» en nuestra relación con Dios Padre?

 

El padre y el hijo menor

 
Versículos
Preguntas para la reflexión
20b
Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente, corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.
En el Padre no hay reproches por el «dinero malgastado». ¿En cuántas situaciones de nuestra vida sentimos que Dios sale a nuestro encuentro, que viene a rescatarnos? Lo abraza y lo besa: a Dios no le asusta nuestra miseria, nos ama como somos. ¿Cómo es nuestra experiencia del Amor misericordioso de Dios?
21

El joven le dijo: «Padre pequé contra el cielo y contra ti, no merezco ser llamado hijo tuyo».

El Padre habla con gestos de la abundancia de su Amor. El hijo con palabras, de la falta de sus méritos. ¿Experimentamos que el Amor de Dios tiene raíces más profundas que las del pecado? ¿Descubrimos que Dios nos ama gratuitamente mas allá de nuestros méritos?
22
Pero el padre dijo a los servidores: «Traigan la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies».
Ropa, anillo, sandalias: gestos concretos del amor del Padre que devuelve al joven su dignidad de «hijo». Mirando nuestra vida: ¿Cuáles son esos gestos concretos del Padre para con nosotros? ¿Por qué cosas le diría hoy al Padre: gracias?
23
Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos,
Hay fiesta, pero no es privada (no hay salón VIP). La alegría del Padre se comparte con todos los de la casa. ¿Cómo es mi trato con los demás? ¿Cómo vivo mis vínculos fraternos?
24
porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado.
Y comenzó la fiesta. Al Padre le basta «encontrarnos», no importa cuán miserables estemos ni cuán grande sea nuestro pecado. Recordar alguna experiencia donde hayamos experimentado esta «Pascua» (paso) de la muerte a la vida.

 

El padre y el hijo mayor

 
Versículos
Preguntas para la reflexión
25-26
El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, oyó la música que acompañaba la danza. Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso.
El hijo mayor quiere saber qué pasa. Pero no se dirige directamente al padre, sino a uno de los sirvientes. ¿Qué hacemos cuando no «entendemos» lo que nos sucede? ¿Qué hacemos con nuestras dudas?
27-28 Él le respondió: «Tu hermano ha regresado y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo». El se enojó y no quiso entrar.
El enojo nos aleja del Padre y de los hermanos. ¿Cuáles son nuestras broncas más usuales? ¿Tengo enojos con Dios, con los demás, conmigo?
28b
Su padre salió para rogarle que entrara
El Padre nos ama así, deja todo y sale a nuestro encuentro, ¿Cómo es nuestra experiencia del amor del Padre?
29
Él respondió: «Hace tantos años que te sirvo, sin haber desobedecido jamás ni una de tus ordenes y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos».
Paradójicamente este hijo que presume de no haber desobedecido nunca, ahora se niega al ruego del padre. ¿Cómo vivimos nuestra fe: como una obligación donde lo importante es cumplir? ¿o como un compromiso de corazón?
30
«Y ahora ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado»
El hijo mayor no ve ni siente como el padre...La «lógica» del padre no es la «lógica» del hijo. ¿Cómo reaccionamos ante las «miserias» ajenas? ¿Cuáles son las «faltas» que nos cuesta perdonar? ¿Cuáles son las comparaciones y los celos que habitan nuestro corazón?
31 Pero el padre le dijo: «Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo» Ante nuestras quejas, las palabras delicadas y cariñosas del Padre... Sólo la intimidad con el Padre nos permitirá «ver» las cosas como él las ve. ¿Cómo construimos esta intimidad?
32 «Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado». Nuestra opción por Dios Padre, es una opción por los hermanos. ¿Puede alguien amar a Dios a quien no ve, sino ama a su hermano a quien ve?

 

 

Tercer momento: Conclusiones y Oración

Luego del trabajo grupal, se pondrá en común lo que han podido «encontrar» en los pasajes de la parábola que les ha tocado profundizar y a modo de síntesis concluiremos entre todos: 

• A la luz de la Palabra y de nuestra propia experiencia, ¿Cómo es este Padre que tan claramente nos señala Jesús en esta parábola?
• ¿Cuáles son nuestros parecidos con el hijo menor y con el mayor?
• ¿Cómo ayudarnos unos a otros a «volver a la casa del Padre»?

Finalizamos el encuentro cantando y orando al Padre que nos quiere con entrañas de misericordia.

«Festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida».
Lc 15, 24

 

 

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