Diálogo
  Cat. en la diversidad
  Didascalia
 Tarjetas digitales
 Foros
 Chat por temas
 Libro de visitas
 Mapa del sitio
 Quiénes somos
  Escríbanos
  




Escriba su e-mail
para recibir gratis
los nuevos recursos.

  

Buenas Nuevas es un
sitio católico dedicado
al anuncio del Evangelio.

Director: Marcelo A. Murúa


Home Cursos a distancia RecursosRevistasLibros 
  Ud está en Revistas / Diálogo...

Envíe esta página
a sus conocidos

 

Grabe un archivo Word
de esta página

 

Ver el próximo artículo de Diálogo

 

Conozca la sección Catequesis

 

Comentarios
y sugerencias

 

   

Cursos Bíblicos Pastorales
por internet


Conozca nuestra sección de cursos bíblicos a distancia por internet.

Reciba el material en su computadora y estudie en su casa en sus tiempos libres.

Ir a sección Cursos

 

Publicación Bíblica para niños

Jesús Nuestro Amigo
-versión anual-


Recurso pastoral coleccionable para leer
reflexionar y rezar
el Evangelio de cada semana con los niños.

Adquiera el Año completo adelantado
para su trabajo pastoral.

Conozca Jesús Nuestro Amigo

 

Espiritualidad del Catequista
El catequista, semilla del Evangelio para la comunidad

por Marcelo A. Murúa

Queridos amigos y amigas Catequistas,

Durante este año 2007 quisiera ofrecer, desde la sección “Espiritualidad del Catequista”, una serie de cuentos de diversos autores seleccionados para ayudarnos a meditar, dialogar y orar nuestra vocación de catequistas.
Cada uno de los cuentos estará relacionado con alguna actitud, característica o desafío de la persona del catequista y su misión.
Confío que esta propuesta les pueda ser útil para su crecimiento personal y que pueda motivar un espacio de reflexión-meditación en las reuniones de catequistas de sus parroquias, comunidades y colegios.
¡Unidos en el amor y el servicio a la Palabra!

                                                                                  Marcelo A. Murúa
                                                                                  mmurua@buenasnuevas.com

 

El catequista, semilla de Evangelio para la vida de la comunidad

 

El catequista evangeliza con toda su persona. Si nuestra vida está animada por el Espíritu de Jesús podremos ayudar a engendrar la vida del Maestro en los demás.
Para ser semilla de Evangelio necesitamos asumir nuestra pobreza y pequeñez. La virgencita así lo enseña en la Anunciación, y Ella es la Madre de Jesús.
Este cuento de Mamerto Menapace nos puede ayudar a pensar nuestra vocación de catequistas como pequeñas semillas, que fecundadas por el agua viva de Jesús, pueden dar mucho fruto en nuestras comunidades.

 

Cuento “El ojo de la aguja”
De Mamerto Menapace, publicado en La sal de la tierra, Ed. Patria Grande.

 

A los que hemos tenido infancia campesina, los adjetivos nos han quedado acollarados casi siempre, no a ideas, sino a objetos. Por ejemplo, para mí, el adjetivo grande lo tengo unido al eucalipto que quedaba entre el patio de naranjos y el piquete de terreno en que se encerraba al caballo nochero.

Era realmente grande. No sé cuánto de alto podría tener. Ahora pienso que tal vez llegara a los veinticinco metros. Pero era enorme para mi estatura de gurí que no llegaba siquiera a uno. Se lo distinguía de más de dos leguas de distancia. Y era claramente un punto de referencia. Cuando alguien quería llegar a casa, era fácil ubicarla aunque se estuviera lejos. La casa de don Antonio era la que tenía el eucalipto grande. Me animaría a decir que su tamaño llegaba a dar nombre propio al lugar. Así con mayúsculas: Eucalipto Grande.

Tres niños tomados por la mano, haciendo ronda, no hubiéramos podido abarcar su enorme tronco, que recién se abría en ramas a una cierta altura. Esto hacía imposible treparlo. Además, su tamaño había hecho que los mayores crearan una especie de zona de exclusión respecto a este árbol. Al Eucalipto Grande no se debía subir. Eso lo hacía doblemente fascinante, y en más de una siesta los más chicos probamos fortuna. Sobre todo porque en sus ramas más abiertas las cotorras hacían sus enormes nidos y nuestros gomerazos apenas llegaban hasta allá con fuerza como para ser efectivos.

Era el árbol en que anidaban los pirinchos. Allí tenían su conventillo del que salían y entraban continuamente las pirinchas para poner sus huevos, tirando a veces al suelo a aquellos que habían tenido la mala suerte de quedar en los bordes. Eran e aquellos tipos de huevos muy estimados por su color verde claro lleno de pintintas blancas de cal. Junto con los de perdiz, pitogué, paloma y calandria, servían para hacer grandes collares que adornaban las paredes del comedor. En medio de aquel rosario de colores, algún huevo de avestruz ya medio amarillento por lo viejo, oficiaba de Padrenuestro por su tamaño y consistencia. También él podía aspirar entre sus semejantes al adjetivo de Grande.

Pero aquí viene lo impresionante. Un día don Alejandro Weliz, el dueño del campo, y antiguo poblador de la zona, nos informó de que aquel inmenso árbol había pasado por el ojo de una aguja. Si, así como suena, y sin exégesis atenuantes. No lo hubiéramos creído, si no fuera porque don Weliz nos merecía un respeto muy cercano a la veneración. Nuestra familia le debía la viejo habernos posibilitado ser inquilinos en su campo y con ello tener una tierra que trabajar y donde vivir. En casa siempre se habló de él con sumo respeto y aprecio. Cuando él nos visitaba, los chicos éramos lavados a fondo, y amonestados para que no hiciéramos zafarrancho. Y esto era señal de que la visita sería de máxima categoría.

Pero a pesar de la credibilidad que nos merecía quien lo afirmaba, nuestras mentes infantiles ya eran lo suficientemente críticas como para negarse a creer que el Eucalipto Grande hubiera podido alguna vez, hacía mucho tiempo, haber pasado por el ojo de una aguja. Y no se trataba, como en los cuentos, de una aguja enorme, sino de la aguja de coser los remiendos del pantalón. Evidentemente la cosa necesitaba pruebas. Y don Alejandro, aguja en mano, nos llevó hasta el Eucalipto Grande para proporcionárnosla.
Buscó en el suelo una ramita que tenía su pequeño racimo de semillas. Mejor dicho, lo que el racimito mostraba, era el pequeño rombo dentro del cual estaban las semillitas. Todo era inmensamente pequeño. El rombo semillero tuvo que ser destapado cuidadosamente en la palma de la mano con la punta de la uña del dedo chico. Al hacerlo, el pequeño envase derramó una gran cantidad de semillitas casi invisibles. Y una de ellas pasó por el ojo de la aguja y quedó en la yema del dedo índice de don Weliz, quien nos aseguró que así de igualita había sido la que él mismo sembrara cuando quiso que naciera aquel Eucalipto.

La demostración fue contundente. Hecho semilla, el árbol podía pasar.
Pienso que nuestra vida hecha semilla por la madurez del dolor y el despojo también puede pasar para encontrar el dedo de Tata Dios en el Reino de los Cielos. Para Tata Dios todo es posible..

 

Para reflexionar el cuento en forma personal y comunitaria

Preguntas para pensar en el cuento:

  • ¿De qué nos habla el relato?
  • ¿Qué recuerda el autor?
  • ¿Cómo describe al eucalipto de su hogar?
  • ¿Qué historia le habían contado que le costaba creer?
  • ¿Cómo pudo, finalmente, comprobar esa historia?
  • ¿Qué enseñanza ofrece el cuento?

Preguntas para pensar en la misión del Catequista:

  • El cuento nos habla con sencillez y transparencia de la posiblidad de ser semilla, de cómo encontrar a Dios, de la trascendencia.
  • ¿Cómo caracteriza el autor al eucalipto? ¿Conocés este tipo de árbol? ¿Si en tu zona no hay eucaliptus, conocés alguna otra especie cuyos ejemplares sean grandes e imponentes y sus semillas muy pequeñitas? ¿Cuáles?
  • Hacia el final del cuento el autor nos dice que nuestras propias vidas pueden ser semilla, si nos despojamos… ¿de qué cosas deberías desprenderte para poder ser semilla de Evangelio en tu comunidad? ¿qué frutos podría dar la semilla de tu persona?
  • ¿Recuerdas textos bíblicos que se puedan relacionar con este cuento? Te nombramos dos:
    • "es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre al Reino de los Cielos" (Mc. 10, 25 ) ¿Qué nos enseña esta frase de Jesús con respecto al despojo y el desprendimiento? Relacionar con el cuento.
    • "la parábola de la semilla de mostaza" (Mt. 13, 31-32) también era una semilla pequeñita, que llegaba a dar un gran árbol… ¿Tu vida, tu persona, puede ser semilla del Reino? ¿Cómo cuidarla, cómo regarla y abonarla para que crezca, se desarrolle y de fruto?
  • ¿Cómo puedes aplicar las enseñanzas del cuento a tu vida de catequista?

 

Oración para rezar nuestra vocación de Catequistas:

 

Ayúdanos a ser semillas de tu Reino

Señor, enséñanos a despojarnos
de lo superfluo
y lo que nos es necesario.
Ayúdanos a ser humildes y sencillos.
Queremos llegar a tu encuentro
y para eso hay que andar
ligero de equipaje,
apenas con lo puesto.
Queremos ser semillas de tu Reino,
y para ser semilla
hay que aprender a ser pequeño,
a concentrarse en lo esencial,
exponerse al riesgo de no ser
importante ni tenido en cuenta.
Simplemente entregar nuestra vida
y hacer lugar para tu proyecto,
así descubriremos, como  María,
que cuando uno se brinda por entero,
la  vida se transforma porque
el Dios de la Vida
comienza a nacer en nuestro interior,
para hacer de la existencia
una semilla del Reino.

 - Que así sea -

 

 

 

Publicaciones Bíblicas Semanales

BuenasNuevas le ofrece dos publicaciones bíblicas semanales para orar, reflexionar y estudiar el evangelio de cada domingo.

¡Para que la fuerza transformadora de la Palabra llegue a todos!

Lea los Testimonios de las personas y comunidades de todo el mundo que utilizan nuestras publicaciones bíblicas para animar la Catequesis y Pastoral Bíblica.

 

 
Curso para Catequistas a distancia
Conozca esta oportunidad de actualizarse y crecer en su fe para mejorar su misión pastoral.
7 diócesis de Argentina, cerca de 100 colegios de Argentina y México y decenas de parroquias en Argentina y varios países de América Latina están trabajando con este curso.

 

Copyrigth © Buenasnuevas.com 2007