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Historia de la Iglesia
El fundamento jurídico de las persecuciones de los dos primeros siglos (2)

por Clara Freitag

 

Sabemos que, por un buen tiempo, los seguidores de Cristo eran tenidos como una secta judía más y, como tal, disfrutaban de los privilegios acordados a los judíos dentro del Imperio. Y si bien estaban identificados con el nombre de cristianos en Antioquía, la cancillería imperial los consideraba como una facción política del judaísmo. Alguna que otra vez fueron objeto de vejaciones por parte de la «chusma» pero las autoridades imperiales no les impedían practicar y propagar su religión.
El caso de san Pablo es notable: hasta en la prisión de Roma podía desplegar una propaganda activa del Evangelio (He 28, 30-31).
Recién en el 64, cuando fue incendiada Roma, son identificados definitivamente por las autoridades del Imperio, y considerados como una religión nueva ante la que fijarán su posición, a lo que ciertamente contribuyeron los judíos.
Es muy probable que Nerón, en un primer momento, se las tomara con los cristianos para desviar la sospecha de haber sido él quien ordenó el incendio, haciendo caer la cólera del pueblo sobre gente que ya era sospechosa a la opinión pública por su separatismo.
En la primera carta de Pedro 4, 12-16, escrita bajo la impresión de los graves hechos en Roma, vemos que, con la intención de fortalecer a los cristianos de Asia para las pruebas que podrían sobrevenirles si también allí se llegara a aplicar la nueva ley, les recomienda evitar ser conducidos a tribunales por delitos comunes, pero los exhorta a no desanimarse cuando los lleven por ser cristianos. Distingue los delitos comunes de los procesos por ser cristiano, lo que hace suponer que había entrado en vigencia una medida legislativa que prohibía la profesión cristiana.

La naturaleza jurídica de la ley.

La prohibición del cristianismo por medio de una ley especial está confirmada claramente por los escritores cristianos. Además del importante dato de la primera carta de Pedro, tenemos el testimonio de Melitón de Sardes, quien, en su discurso dirigido a Marco Aurelio hacia el 170, dice que Nerón y Domiciano declararon delito la profesión de la religión cristiana: «... entre todos, solamente Nerón y Domiciano, persuadidos por algunos hombres malévolos, quisieron calumniar a nuestra doctrina, y ocurre que de ellos derivó por costumbre irracional, la mentira calumniosa contra tales personas»(cita Eusebio, Hist. Ecl. IV, 26,9. BAC 319).
También Atenágoras en su defensa dirigida a los emperadores Marco Aurelio y Cómodo, en el 178, menciona una ley anticristiana que está en vigor, si bien no dice que sea obra de Nerón (Súplica por los cristianos VII, 1).
Sulpicio Severo buscando noticias en las mejores fuentes, distingue entre la 1ª y 2ª persecución decretada contra los cristianos después del incendio de Roma y la proscripción legal del cristianismo, y dice: «Después también fue dada una ley que prohibió la religión y en todo el Imperio se dio el edicto que estaba prohibido el cristianismo»(Cronicón II, 29).
El de Tertuliano es decisivo sobre todo otro testimonio, en sus escritos dirigidos a los gobernadores de provincia; trata las persecuciones bajo el aspecto jurídico y, como buen conocedor de leyes, se maneja con soltura, tanto en su obra Ad nationes como en el Apologético.
En la primera, toca la cuestión en dos capítulos: en el sexto retoma el modo de razonar de los paganos que, convencidos de que sus demostraciones contra los cristianos son falsas y calumniosas, no deponen sus prejuicios, y se refugian en una ley discutible e indiscutible contra los cristianos, aduciendo que los legisladores no habrían emanado la ley, si no les constara la culpabilidad de los cristianos (Súplica por los cristianos VII, 1). Por tanto, los cristianos son perseguidos legalmente y no se trata de leyes antiguas sino de leyes compuestas y emanadas contra la nueva religión...
En el mismo capítulo habla del origen de la ley de proscripción del cristianismo: esta fue obra de Nerón, y a la luz de lo que dijo en el capítulo anterior, continúa diciendo que «Es la única ley del «Institutum Neronianum» (Ibid. I, 7,13) que mantiene vigencia y es aplicada por los demás emperadores. Todavía lo enfatiza argumentando: a Nerón lo borraron de la memoria de los emperadores por haber sido pésimo gobernante, pero la ley contra los cristianos la mantienen.
En el Apologético dedica dos capítulos (4º y 5º) a las leyes que están en la base de los procedimientos contra los cristianos. En los primeros tres capítulos demuestra el odio de los paganos contra los cristianos. En los siguientes probará la inocencia de los cristianos, demostrando que no son culpables de ninguno de los delitos de los que son acusados. En los capítulos 4º y 5º, en cambio, se ocupa de la legislación anticristiana, y dice: «Pero por qué, cuando la verdad responde por medio de nuestra boca a todas las acusaciones, se le opone la autoridad de la ley como último argumento, que, una vez emitida, ... que de buena o mala voluntad hay que obedecerla y aun por encima de la verdad... Primeramente quiero discutir con Uds. que son los autores de las leyes, después referir el rechazo de los magistrados a discutir con los cristianos, contentándose con echarles en cara: «Non licet esse vos»(ustedes no tienen derecho a la existencia).
Discute sobre el derecho natural en el que los juristas cada vez se apoyaban más, subrayando que sólo el principio de la equidad y no el de la antigüedad hace respetable la ley (Ibid. IV,10) para terminar demostrando que la ley contra los cristianos, al estar contra la equidad, los condena por el solo nombre, (que por eso ) es tiránica, injusta y estúpida; por tanto debe abrogarse, como fueron abrogadas otras leyes reconocidas como injustas y dañinas... «consulten sus anales y allí encontrarán que Nerón fue el primero que nos persiguió cuando nos propagábamos en Roma... ¡pero para nosotros es un título de gloria...! (Ibid.).

 

 

 

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