Cuentos
  Dibujos
  Entretenimientos
  Tarjetas impresas
  Canciones
  Tarjetas digitales
  Foros
  Chat por temas
  Libro de visitas
  Mapa del sitio
  Quiénes somos
  Escríbanos
   




Escriba su e-mail
para recibir gratis
los nuevos recursos.

   

Buenas Nuevas es un
sitio católico dedicado
al anuncio del Evangelio.

Director: Marcelo A. Murúa


Home Cursos a distancia Recursos Revistas Libros  
  Ud está en Recursos / Cuentos...

Envíe esta página
a sus conocidos

 

Grabe un archivo Word del cuento con la guía de trabajo pastoral

 

Ver el próximo cuento de Mamerto Menapace

 

Visite la página web del Monasterio de
Los Toldos

 

Comentarios
y sugerencias

 

   


Mamerto Menapace

Monje benedictino del Monasterio Santa María de Los Toldos, desde el año 1959.
Ordenado sacerdote el 4 de diciembre de 1966.
Abad del Monasterio desde 1980 hasta 1992 (cumplió dos períodos consecutivos de seis años).
Reconocido escritor, ha publicado más de veinte libros de cuentos para el encuentro con Dios y el crecimiento en la fe
.

 

 

 

Cursos Bíblicos Pastorales
por internet


Conozca nuestra sección de cursos bíblicos a distancia por internet.

Ya hay decenas de personas de todo el mundo realizando nuestros cursos.

Reciba el material en su computadora y estudie en su casa en sus tiempos libres.

Ir a la sección de Cursos

 

Sorgo y chamico
por Mamerto Menapace, publicado en La sal de la tierra, Editorial Patria Grande

El sorgo estaba chico. Tal vez a no más de una cuarta de altura. Y el verano había exagerado la sequía con varios días de viento norte.

A la hora de la siesta era casi preferible no mirar el sorgal. Su aspecto era más vale desalentados. Chamuscado como estaba por el calor y el viento norte, el pequeño sorgal mostraba el sufrimiento de la sequía.

Sólo el chamico parecía gozar de privilegio. Aunque mirado bien y de cerca, también él mostraba los efectos de la sequía. Lo malo era que había mucho chamico. Y para el sorguito eso representaba un doble peligro.

Un peligro presente, ya que el chamico - nacido antes que el sorgo - lo aventajaba en vigor y le quitaba gran parte de la poca humedad que tenía esa tierra resecada por el sol del verano que empezaba recién. Y además era un peligro futuro. Sorgo y chamico semillarían juntos. Y juntos terminarían en los silos, y juntos pasarían a la molida. Y dicen que la semilla de chamico es venenosa. Que hace abortar a las preñadas. Y era una pena que el fruto de ese sorgal destinado a alimentar a los demás, estuviera envenenado por el fruto abortivo del chamico.

Había que tomar una decisión. Me llamaron para que viera el sorgal. A esa hora el sol ya apretaba, y el viento norte se dejaba sentir.

¡Me dio pena el sorgo! Había algo de tristeza en sus hojas, un cierto cansancio y ganas de no seguir aguantando más. El chamico aparecía potente, con sus hojas anchas y redondas, junto a las hojas afiladas de las plantitas del sorgal.

Una solución parecía imponerse. La de los manuales. Una fumigación con herbicida, si fuera posible esa misma tarde. Fumigación aérea era, o parecía ser, lo más seguro, lo más rápido. Al no estar todavía protegido por el sorgo, el chamico presentaba toda su superficie a la fumigación y el efecto del herbicida ofrecía la seguridad de realizarse sobre la maleza. Tomándolo de tardecita, con viento quieto y algo de rocío, el herbicida quedaría sobre las hojas. A la mañana siguiente, con el apretar del sol, el castigo del veneno actuaría con todos sus efectos.

Sí. Todo eso estaba bien, pensando en la manera de frenar o eliminar el chamico. Pero ¿y el sorguito?

Estaba el sorguito justo en ese momento de su crecimiento en que abiertas sus hojas, ofrece el follaje al aire y a la luz mostrando su cogollo central, esa zona donde se genera la vida. El herbicida entraría también allí y seguramente haría su efecto.

Era un pésimo momento para fumigarlo. Ni demasiado chico, ni demasiado grande. Y además sufrido por la dura experiencia de una sequía que lo venía maltratando casi desde su madrugar.

El peligro estaba en que el sorguito no aguantaría la sacudida de la fumigación. Tal vez terminara por secarse definitivamente. Y aunque quizá no se llegara a eso, era seguro que el tratamiento frenaría su desarrollo y que el rinde del sorgal perdería un gran porcentaje en el momento de la desgranada.

La decisión, ustedes comprenderán, no podía tomarla basándome en la bronca al chamico. Tenía que tomarla por amor al sorgal. En definitiva, ustedes estarán de acuerdo: lo que importaba en aquel campo no era la no existencia del chamico, sino la abundancia del sorgo.

Y el sorgo aquel aquella tarde no se fumigó. Tal vez no fuera una decisión de ingeniero; era simplemente un manejo de chacarero. De hombre con amor por su campo.

Pero pienso que hubo también detrás otro motivo. Aquel viento norte no podía durar eternamente. Los años pasados en el campo me decían que todo viento norte carga agua, y que al final explota en una tormenta que casi siempre termina en lluvia.

Había que tener fe en el cielo, que era quien podía mandarnos la lluvia.

Luego de la tormenta, y con el campo regado por ese llanto de las nubes, era probable que se pudieran tomar pequeñas decisiones para acompañar el crecimiento. Tal vez entrar a azada, o aporcar los surcos. Tal vez una fumigación terrestre.

En todo caso cosas que exigirían más tiempo, más dedicación, y bastante más esfuerzo. Cosas de las que sólo es capaz un chacarero. Porque él se queda comprometido con el campo. Mientras que el ingeniero prefiere las soluciones rápidas, ya que luego de tomadas, se va y tal vez sólo vuelve para la cosecha.

Para él el resultado se convierte en dato. Para el chacarero, en grano.

A veces pienso que en m vida he tenido dos grandes suertes.

La primera es haber nacido en el campo y con eso haber conseguido un profundo cariño por la tierra y los sembrados. Como a mi tata le faltaba una pierna, siempre lo tuvimos en casa y de chiquitos nos hablaba y nos contaba muchas cosas cuando trabajábamos al lado suyo. Mi tata fue un gran hombre.

La segunda suerte que tuve fue que el primer ingeniero con el que me inicié era también un gran hombre. Recorriendo los sembrados, muchas veces me hablaba de sus hijos, de la cooperativa que organizaba en su barrio, y de su amor por los hombres. Fue un gran ingeniero: tenía corazón de chacarero.

Guía de Trabajo Pastoral por Marcelo A. Murúa

Cuento Sorgo y Chamico, de Mamerto Menapace.
Publicado en el libro La sal de la tierra, Editorial Patria Grande.

Lectura
Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto. Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.

Rumiando el relato
Al terminar la lectura entre todo el grupo se reconstruye el relato en forma oral (se lo vuelve a contar).

¿Qué sucedía en el campo sembrado con sorgo?

¿Qué dificultades había sufrido el sorgal? ¿Cómo estaba su crecimiento entonces?

¿Qué era el chamico? ¿Cuál era su peligro?

¿Qué alternativa se plantea para salvar la cosecha o parte de ella? ¿Qué inconvenientes tenía esta solución?

¿Qué hace finalmente el chacarero (hombre de campo)?

Elegir una frase del texto (releerlo rápido para ubicarla) que más le haya llegado/impactado a cada uno y compartirla en voz alta.

Descubriendo el mensaje
El cuento nos habla de lo bueno y lo malo, que frecuentemente está mezclado, en el mundo, en las personas, en uno mismo. Muchas veces en nuestra vida enfrentamos disyuntivas como la de este cuento.

¿Puedes relacionar la situación planteada en el cuento con alguna experiencia de tu vida personal?

Todos tenemos sorgo y chamico en nuestro propio sembrado (corazón)… ¿cómo hacer para que se desarrolle más lo bueno que tenemos?

Es interesante reflexionar sobre las características del pensar y obrar que el autor señala sobre el chacarero y el ingeniero. Aplícalas a tu vida… ¿cómo actuás frente a circunstancias semejantes a este relato?

¿Qué aprendes para tu vida? ¿Cómo puedes aplicar el mensaje del cuento?

Compromiso para la vida
Sintetizar en una frase el mensaje que has descubierto en el cuento para tu vida. Compartirlo con los demás.

Para terminar: la oración en común
Leer entre todos la oración y luego poner en común las intenciones de cada uno.

Terminar con una canción.


Lo bueno y lo malo

Señor,
en mi vida encuentro
trigo y maleza,
cosas buenas y malas,
actitudes generosas
y otras que hay que cambiar.
Ayúdame a discernir
y aprender a hacer crecer lo bueno
y tener paciencia para
lo que debo cambiar.
Dame un corazón sencillo
para descubrir en mi vida,
en la de los demás
y en el mundo,
todo lo bueno que hay.

- Que así sea -

 

Copyrigth © Buenasnuevas.com 2002