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Mamerto Menapace

Monje benedictino del Monasterio Santa María de Los Toldos, desde el año 1959.
Ordenado sacerdote el 4 de diciembre de 1966.
Abad del Monasterio desde 1980 hasta 1992 (cumplió dos períodos consecutivos de seis años).
Reconocido escritor, ha publicado más de veinte libros de cuentos para el encuentro con Dios y el crecimiento en la fe
.

 

 

 

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El mangrullero
por Mamerto Menapace, publicado en Madera Verde, Editorial Patria Grande.

(nota explicativa: el mangrullo era una construcción de madera, a manera de torre, que se elevaba en los fuertes ubicados en la frontera con los indígenas en las Pampas argentinas del siglo XIX, y servía para vigilar a la distancia y estar atento ante los ataques del enemigo. La persona responsable de vigilar y dar el grito de alerta era el mangrullero)

 

Entre los bichos y entre las personas, hay quienes tienen la misión de ver antes y de ser responsables en ellos. Es una doble misión: la de ser contemplativos y la de estar comprometidos plenamente.

Igual que el chajá, responsable de dar el alerta a todo el bicherío lagunero frente al peligro o a la intrusión de un extraño. Y para ello no dispone más que del grito. Las púas de los alerones, apenas si son el símbolo de su capacidad de estar alerta para la defensa. Pero en realidad su única arma es el grito. Y aun éste, para ser eficaz, debe contar con la capacidad de escucha, en los demás y ser interpretado debidamente.

Porque cada bicho sigue siendo responsable de su propia actitud frente al peligro y a la vida. Lo mismo que cada habitante de la ciudad sitiada tendrá que asumir la responsabilidad de su respuesta frente al grito de alerta de centinela.

Con todo, será al centinela a quien se le pedirá cuenta sobre la vida y la muerte de los demás. Evidentemente no se lo enjuiciará por lo que los otros hicieron o dejaron de hacer. Se le pedirá cuenta del uso de su grito de alerta o de su silencio. ¿Estaba despierto, o dormía? ¿Alertó a la vida frente al peligro, o más bien apañó su inconsciencia? Si el centinela prefirió contemporizar, se lo condenará como asesino de aquellos a los que no despertó de su letargo frente al peligro.

Porque en este oficio a veces uno está tentado de creer que la mejor manera de amar es callarse, condescender, no sacudir, esperar. Puede ser incluso que haya ocasiones en que esto se pueda hacer; pero hacerlo frente al peligro da el mismo resultado que odiar: conduce a la muerte. Y el Señor Dios pedirá cuentas al centinela de la muerte de aquellos que hubiera debido alertar a fin de que se salvaran.

Porque Dios ama la Vida. Por ello es exigente con aquellos a los que se la confía. La vida está permanentemente en estado de sitio. Por eso nunca faltará la misión del centinela.

Segregado del resto, que por confiar en él puede entregarse despreocupadamente a lo suyo, el centinela se siente profundamente en comunión de todo su pueblo. Lo mismo que el vigía de la bandada, que parado sobre su atalaya, no comparte con sus compañeros la tarea común justamente por estar encargado de la responsabilidad de velar por su comunidad.

Desde su soledad aceptada como encargo, está totalmente integrado a la vida de los demás. Ocupa un puesto de avanzada, y sin embargo no tendrá que comprometerse en las acciones inmediatas de la lucha, que podrían distraerlo de su misión fundamental de estar en alerta.

Desde la frontera de su pueblo, está solo frente a Dios, en el corazón de la historia que vive su pueblo.

 

Guía de Trabajo Pastoral por Marcelo A. Murúa

Cuento

El mangrullero , de Mamerto Menapace.
Publicado en el libro Madera Verde , Editorial Patria Grande.

Lectura

Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto. Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.

Rumiando el relato

Al terminar la lectura entre todo el grupo se reconstruye el relato en forma oral (se lo vuelve a contar).

  • ¿De qué nos habla el relato?
  • ¿A quién describe? ¿Cuáles son sus características?
  • ¿Qué servicio prestaba? ¿En qué condiciones vivía?
  • ¿Qué responsabilidad tenía a cargo?

Descubriendo el mensaje

El cuento nos ayuda a reflexionar sobre la vida y misión de los profetas, ayer y en nuestro días.

Aplica el texto a personajes bíblicos, ¿a quiénes recuerdas con estos rasgos? ¿Qué misión y servicio prestaban a Dios y al pueblo? ¿Cómo era su vida?

Juan el Bautista es un personaje con estos rasgos, ¿por qué?

¿Conoces personas que en nuestro tiempo presten este servicio a la comunidad, a la Iglesia, al mundo? ¿Quiénes? Compartir qué conocemos de sus vidas.

El texto señala dos características: ser contemplativo y comprometido, ¿qué significa esto?

¿Cómo podemos cada uno vivir esta misión de ser "centinelas" en medio del pueblo?

¿Qué aprendemos para nuestra vida a partir del cuento?

Compromiso para la vida

Sintetizar en una frase el mensaje del cuento para nuestra vida.

Para terminar: la oración en común

Compartir oraciones espontáneas en común. A cada intención acompañar diciendo:

Enséñanos a escuchar la voz de nuestros profetas de hoy…

Terminar leyendo la oración.

 

La voz de nuestros profetas de hoy

Enséñanos a escuchar
la voz de nuestros profetas de hoy.

Abre nuestros oídos a su mensaje
y al testimonio de sus vidas.

Encarna en nosotros
el espíritu que los anima
y que invita a volver
a los caminos de Dios.

Te damos gracias, Señor,
por mons. Romero, mons. Angelelli
y tantos otros
que en los tiempos difíciles
de esta sociedad de nuestros días,
vivieron para dar la vida
como fieles portavoces
de tu mensaje
para el mundo de hoy.

Y danos a todos
el coraje evangélico
para ser,
en nuestras comunidades,
atentos observadores
de la vida y la realidad
para descubrir en ella
las situaciones de muerte
e injusticia que Dios no quiere,
y los signos del Reino de esperanza
que debemos hacer crecer
con nuestro trabajo y misión.

- Que así sea -

 

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