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Mamerto Menapace

Monje benedictino del Monasterio Santa María de Los Toldos, desde el año 1959.
Ordenado sacerdote el 4 de diciembre de 1966.
Abad del Monasterio desde 1980 hasta 1992 (cumplió dos períodos consecutivos de seis años).
Reconocido escritor, ha publicado más de veinte libros de cuentos para el encuentro con Dios y el crecimiento en la fe
.

 

 

 

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Pataleando
por Mamerto Menapace, publicado en Madera Verde, Editorial Patria Grande.

 

Pasado algún tiempo, nuestra Ranita salió con una amiga a recorrer la ciudad, aprovechando los charcos que dejara una gran lluvia. Ustedes saben que las ranitas sienten una especial alegría luego de los grandes chaparrones, y que esta alegría las induce a salir de sus refugios para recorrer mundo.

Su paseo las llevó más allá de las quintas. Al pasar frente a una chacra de las afueras, se encontraron con un gran edificio que tenía las puertas abiertas. Y llenas de curiosidad se animaron mutuamente a entrar. Era una quesería. En el centro de la gran sala había una enorme tina de leche. Desde el suelo hasta su borde, un tablón permitió a ambas ranitas, trepar hasta la gran ola, en su afán de ver cómo era la leche.

Pero calculando mal el último saltito, se fueron las dos de cabeza dentro de la tina, zambulléndose en la leche. Lamentablemente pasó lo que suele pasar siempre: caer fue una cosa fácil; salir, era el problema. Porque desde la superficie de la leche hasta el borde del recipiente, había como dos cuartas de diferencia, y aquí era imposible ponerse en vertical. El líquido no ofrecía apoyo, ni para erguirse ni para saltar.

Comenzó el pataleo. Pero luego de un rato la amiga se dio por vencida. Constató que todos los esfuerzos eran inútiles, y se tiró al fondo. Lo último que se le escuchó fue: "Glu-glu-glú", que es lo que suelen decir todos los que se dan por vencidos.

Nuestra Ranita en cambio no se rindió. Se dijo que mientras viviera seguiría pataleando. Y pataleó, pataleó y pataleó. Tanta energía y constancia puso en su esfuerzo, que finalmente logró solidificar la nata que había en la leche, y parándose sobe el pan de manteca, hizo pie y salto para afuera.

 

Nota: Este cuento me lo contó un vasco. Un vasco lechero. ¡Cuándo no!

 

Guía de Trabajo Pastoral por Marcelo A. Murúa

Cuento

Pataleando, de Mamerto Menapace.
Publicado en el libro Madera Verde , Editorial Patria Grande.

Lectura

Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto. Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.

Rumiando el relato

Al terminar la lectura entre todo el grupo se reconstruye el relato en forma oral (se lo vuelve a contar).

  • ¿De qué nos habla el relato?
  • ¿Cuáles son los personajes principales?
  • ¿Qué sucede en un paseo? ¿Qué dificultad/peligro encuentran?
  • ¿Cómo reacciona cada ranita ante la situación inesperada?
  • ¿Qué sucede al final del cuento? ¿Qué características personales positivas enseña este relato?

Descubriendo el mensaje

El cuento nos ayuda a reflexionar sobre el sentido del esfuerzo y la perseverancia.

¿Encuentras semejanzas o parecidos entre la situación que viven las ranitas y algún momento de tu vida? ¿Cuál? Compartirlo con los demás.

¿Qué diferencias observamos en la conducta de las dos ranitas? ¿Te ha sucedido alguna vez actuar como alguna de ellas? ¿En qué situación? Compartir.

¿Qué características personales positivas reconoces en la ranita que salvó su vida? ¿Conoces personas con estas características? Mencionar ejemplos y compartir.

¿De qué manera podemos crecer en esas características?

¿Qué aprendemos para nuestra vida a partir del cuento?

Compromiso para la vida

Sintetizar en una frase el mensaje del cuento para nuestra vida.

Para terminar: la oración en común

Compartir oraciones espontáneas en común. A cada intención acompañar diciendo:

Señor, danos fuerzas para superar las dificultades…

Terminar leyendo la oración.

 

Danos fuerzas
para superar las dificultades

Señor,
danos fuerzas
para superar las dificultades.

A veces los problemas
parecen sin solución
y nuestras fuerzas flaquean
ante las adversidades.

A veces tenemos
la tentación de bajar los brazos
y no luchar por nuestros objetivos,
las metas de nuestra vida.

A veces las cosas que vivimos
parecen como muros
que no podemos franquear
y nos cierran los caminos.

Señor,
en estos momentos...
danos tu aliento
para salir adelante.
Ayúdanos a confiar en Tí
y también en nuestras fuerzas.
Danos perseverancia
para los tiempos de esfuerzo,
para mantener la alegría,
la esperanza,
y no dejar nunca de luchar
para alcanzar nuestras metas.

Señor danos constancia
y paciencia,
para salir adelante,
para crecer y dar frutos.

- Que así sea -

 

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