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Mamerto Menapace

Monje benedictino del Monasterio Santa María de Los Toldos, desde el año 1959.
Ordenado sacerdote el 4 de diciembre de 1966.
Abad del Monasterio desde 1980 hasta 1992 (cumplió dos períodos consecutivos de seis años).
Reconocido escritor, ha publicado más de veinte libros de cuentos para el encuentro con Dios y el crecimiento en la fe
.

 

 

 

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Buscando el mar
por Mamerto Menapace, publicado en Madera Verde, Editorial Patria Grande.

 

Como todos los ríos, también él se había puesto en movimiento buscando el mar. No lo conocía. Simplemente lo intuía, como un destino. Como un llamado.

Cuando la primavera de la vida puso su nieve en movimiento, contra lo primero que chocaron sus aguas alertadas fue precisamente con las rocas que hasta ese momento le habían cobijado. Tal vez le resultó difícil encontrar su cauce y ubicar un rumbo. Pero había una fuerza imperiosa que lo ponía en movimiento. Siempre hacia abajo, siguiendo su instinto de agua en movimiento, sentía estar respondiendo al misterio de su existencia, buscando un encuentro.

Los ríos son agua en movimiento que busca el encuentro con el mar. El mar lejano y aún no conocido los atrae. Y respondiendo a esta profunda y misteriosa atracción, arrastran su pecho por la tierra, embarran su caudal, atropellan los obstáculos y abren surcos que serán su propio cauce.

Pero hay ríos que renunciar a llegar al mar. Hay algunos que lo hacen porque no les alcanza el caudal y terminan por morir en los arenales. Otros, en cambio, abandonan su tensión por el mar y se convierten en lagunas: las lagunas son ríos que olvidaron su tensión por el mar. Cansadas de andar y vencer obstáculos, prefieren construir su propio océano en el hueco de alguna hondonada, o en los esteros de la tierra anegadiza. Y allí se quedan, engañándose a sí mismos, creyendo haber llegado cuando en realidad simplemente se han detenido. Señal de que no fueron muy lejos.

Pero hay otro tipo de ríos que tampoco llegan al mar. A éstos ni les ha faltado caudal, ni han abandonado su tensión por el mar. Al contrario. Allí donde su cauce se embreta y corres más apasionadamente pudiendo las rocas, han aceptado un dique los sofrena. Sus aguas tumultuosas, al no poder seguir su curso normal, se arremolinan acorraladas y comienzan a trepar lentamente las laderas acumulando toda su energía. Se parecen a las lagunas. Pero hay algo importante que las diferencia: anidan en la altura y aceptan una turbina que las desangra.

Insisto que no han abandonado su tensión por el mar. Al contrario. Al sentirse contenidas por el dique que se interpone en su libre carrera instintiva, su ímpetu se acumula y se potencializa cada vez más. Incluso su fuerza puede llegar a ser peligrosa, si el dique cede. Entonces todo su caudal liberado e golpe se convierte en avalancha de piedras, barro y agua, asesinando todo lo que encuentra a su paso. Ha habido ciudades destruidas por las aguas desenfrenadas.

Pero si el dique resiste, porque se ha asentado sobre la roca, entonces la fuerza acumulada se canaliza a través de la turbina y se convierte en luz, en energía, en calor. El caudal se desfleca por las acequias y va a regar los surcos, creciendo por los viñedos hacia el vino, por los trigales hacia el pan, por los olivares hacia el aceite que alumbra, suaviza o unge. Gracias a su fuerza acumulada, entra en cada casa para el humilde servicio de abrevar, refrescar o lavar.

Nuestro río es de este tipo. Aceptando el dique que frena sus instintos de correr libremente hacia el mar, se hizo lago. No tenía mucho caudal, pero lo alimentar las nieves de la cordillera patagónica, y tiene cerros en su camino. Y en los Cerros Colorados su curso fue interceptado. Encorvó su lomo gredoso al sentir frenado su ímpetu, y actualmente sigue buscando ansiosamente el mar a través de la turbina que canaliza toda su energía. Y buscando el mar, llega hasta mi mesa hecho luz. La luz que alumbra mi celda de monje y me permite escribirles a ustedes su parábola de tensión y servicio. Porque este río no está esclavizado. De ninguna manera. Ha sido liberado para ser puesto al servicio.

El mar es amar.

 

Guía de Trabajo Pastoral por Marcelo A. Murúa

Cuento

Buscando el mar, de Mamerto Menapace.
Publicado en el libro Madera Verde , Editorial Patria Grande.

Lectura

Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto. Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.

Rumiando el relato

Al terminar la lectura entre todo el grupo se reconstruye el relato en forma oral (se lo vuelve a contar).

  • ¿De qué nos habla el relato?
  • ¿Cómo caracteriza la vida de un río? ¿Qué rasgos presenta?
  • ¿Cómo puede ser la vida de un río, qué variantes ofrece el relato?
  • ¿Qué diferencias señala el autor entre esas clases de ríos?
  • ¿Cuál es el destino, el llamado de un río, su razón de ser? ¿Cómo puede alcanzar ese ideal, a partir de lo sugerido en el cuento?

Descubriendo el mensaje

El cuento puede ser muy útil para trabajar el tema de la vocación, las renuncias que hay que hacer para vivir la vocación.

¿Cúal es el destino de cada río según el autor?

Comparar los distintas clases de ríos que presenta con diferentes prototipos de personas, ¿con qué se puede comparar a los ríos que no llegan al mar?

¿Qué sucede con las personas que renuncian a sus sueños, a sus ideales, a su destino?

¿Con qué se puede comparar el dique que, por un lado "atrapa" las aguas del río y por otro "le permite ganar en altura" y ser útil entonces para riego, electricidad… paa ayudar a los demás?

¿Cuándo sentimos el llamado de Dios, nuestra vocación… se nos plantea hacer renuncias… "aceptar diques"? Compartir experiencias relacionadas con esta vivencia.

¿Qué aprendemos para nuestra vida a partir del cuento?

Compromiso para la vida

Sintetizar en una frase el mensaje del cuento para nuestra vida.

Para terminar: la oración en común

Compartir oraciones espontáneas en común. A cada intención acompañar diciendo:

Señor, ayúdanos a vivir con alegría nuestra vocación

Terminar leyendo la oración.

 

Señor, ayúdanos a vivir con alegría nuestra vocación

Señor,
ayúdanos a vivir con alegría
nuestra vocación.

Tú tienes un llamado
para cada uno de nosotros.

Un camino al cual nos llamas
para seguirte,
un camino que se va haciendo
con decisiones, opciones y renuncias.

Enséñanos a aceptar
las renuncias que nuestra vocación
nos va presentando en el camino.

Enséñanos a descubrir
que lo que experimentamos
como renuncia dolorosa
puede ser oportunidad
de apertura a la gracia de Dios,
oportunidad para encontrar
otros dones que tenemos
y tal vez no alcanzamos a reconocer.

Señor,
ponemos nuestra vida
en tus manos
para que tú la fecundes
con tus propuestas.
Ayúdanos a decir sí
con alegría
a los desafíos que nos presentes.

- Que así sea -

 

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