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Mamerto Menapace

Monje benedictino del Monasterio Santa María de Los Toldos, desde el año 1959.
Ordenado sacerdote el 4 de diciembre de 1966.
Abad del Monasterio desde 1980 hasta 1992 (cumplió dos períodos consecutivos de seis años).
Reconocido escritor, ha publicado más de veinte libros de cuentos para el encuentro con Dios y el crecimiento en la fe
.

 

 

 

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Job, el hombre de los basurales
por Mamerto Menapace, publicado en La sal de la tierra, Editorial Patria Grande.

 

Felices Felices los que tienen hambre
hambre y sed de justicia
porque ellos serán saciados

Sentado en el basural; Job sintió que le ardía por dentro su vieja hambre y sed de justicia. En él el hombre había tocado fondo. El dolor le había invadido esa parte del alma donde no logran entrar las respuestas prefabricadas ni los dogmas de los seguros de sí mismos. Poco le importaba ya que su grito sonara a blasfemia en los oídos de esos otros hombres sobornados por la seguridad de su salud, de sus bienes y de su seguridad.

Estaba harto del consuelo insípido de una doctrina elaborada por hombres satisfechos, que miraban el dolor ajeno como un problema, como un enigma capaz de respuesta intelectual. Job ya no aceptaba que se le hable de Dios, para explicarle su dolor. Eso no le solucionaba nada. Quiere hablar con Dios. Pero Dios le parece incomprensiblemente ausente. Por eso eleva su voz, aunque moleste.

Porque Job sufre en su carne la injusticia de Dios. Quiere enfrentarse con Dios, pedirle una explicación. No le importa jugarse la vida en ese anhelo absurdo. ¡Está hambriento de justicia! La sed que lo devora por dentro lo hace delirar y su grito sale por todos los caminos buscando a Dios para enfrentarlos, para someterlo a juicio. Nada le importa que sus amigos se escandalicen. Job sabe que Dios es suficientemente grande como para no necesitar de la estúpida defensa que algunos hombres sobornados quieren brindarle. Job quiere sacudir la vergüenza de Dios. Si ese grito suena a blasfemia para sus amigos, a Job nada le importa: Job entonces blasfemará. Lo que le importa es que su grito llegue hasta Dios, porque en la profundidad de la experiencia de su dolor; Job intuye que sólo Dios tiene la respuesta para su hambre de justicia.

Pero Dios parece burlarse de Job. Rehuye el enfrentamiento porque se siente más fuerte, pero no por eso deja de aniquilar a Job en forma para él incomprensible. Entonces Job se enardece y pide justicia a la tierra, y su voz es la voz de todo hombre que muere sin comprender el por qué, pero creyendo en la verdad de la justicia. Es el grito del que muere en los basurales:

¡Tierra! No cubrás vos mi sangre,
¡que no quede en secreto mi clamor!

Y la tierra no cubre la sangre del que muere pidiendo justicia. Recoge ese gemido de sus hijos y se queda ahí abierta hacia el cielo haciéndose eco y asumiendo ese inmenso clamor de justicia que va a golpear los oídos de Dios. La sangre de Abel fue la primera, allá en los inicios, y a ella se uniría la de Job, y la de cada hombre que muere con hambre y sed de justicia.

Respondiendo a ese grito de la sangre derramada, Dios quiso en Cristo asumir nuestra sangre para unirla a todas esas sangres, a fin de conseguir de Dios una respuesta. La respuesta de Dios a la protesta de Job, es Cristo muerto y resucitado. Respuesta que en definitiva sigue siendo un misterio en esta tierra; porque aún la historia no está consumada.

Pero llegará un día en que la respuesta será completa y nuestra hambre y sed de justicia, será saciada.

 

Guía de Trabajo Pastoral por Marcelo A. Murúa

Cuento Job, el hombre de los basurales, de Mamerto Menapace.
Publicado en el libro La sal de la tierra, Editorial Patria Grande.


Lectura

Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto. Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.


Rumiando el relato

  • Al terminar la lectura entre todo el grupo se reconstruye el relato en forma oral (se lo vuelve a contar).
  • ¿A qué personajes bíblico hace referencia el cuento?
  • ¿Qué sabemos de él? Compartir lo que conozcamos del libro de Job, ¿de qué trata?
  • ¿A quienes representa Job en el cuento?
  • ¿Qué actitudes de Job destaca el cuento?
  • Elegir una frase del texto (releerlo rápido para ubicarla) que más le haya llegado/impactado a cada uno y compartirla en voz alta.


Descubriendo el mensaje

El cuento nos habla de las personas con hambre y sed de justicia.

Releer la cita de las bienaventuranzas, con la cual comienza el relato. ¿A quiénes proclama felices Jesús? ¿Por qué? Recordar y compartir escenas de la vida de Jesús en las él mismo se haya revelado como una persona con hambre y sed de justicia.

¿Qué sentimientos invaden a Job? ¿Por qué? ¿Te ha pasado alguna vez lo mismo?

¿Qué sucede con sus amigos?

Releer el segundo párrafo del cuento, en el que se describe con detalle lo que Job siente. ¿Qué diferencia hay entre hablar de Dios y hablar con Dios? Pensar en la formación religiosa que recibimos y ofrecemos, ¿cuál de estas dos posibilidades acentúa?

¿Cuál es el grito de Job? ¿Puedes recordar personas de nuestro tiempo cuya vida y testimonio nos recuerden este grito?

¿Cómo responde Dios a todos los que viven como Job?

¿Qué aprendes del cuento para tu vida? ¿Cómo puedes aplicar el mensaje del cuento?



Compromiso para la vida

Sintetizar en una frase el mensaje del cuento para nuestra vida.



Para terminar: la oración en común

Leer entre todos la oración y luego poner en común las intenciones de cada uno.

Terminar con una canción.

 

Felices los que tiene
hambre y sed de justicia

Felices los que tienen
hambre y sed de justicia
porque serán saciados.


Felices los que no
permanecen indiferente
ante el dolor,
el sufrimiento
y la injusticia de los que sufren.
Los que se indignan
con la violencia,
los que no toleran
que haya hambre y muerte
en este mundo.


Felices porque
han aprendido a ver la vida
con la mirada bondadosa del Padre,
han aprendido a ver la vida
con los sentimientos de Jesús,
han aprendido a ver la vida,
animados por el Espiritu.


Felices porque
no viven tranquilos
sino urgidos
por la hora de la paz,
regando con la vida
las semillas de la justicia
que nacen de la fraternidad real,
del compartir de todos
para que a nadie le falte,
porque ése es el Proyecto de Dios.


Felices los que claman a Dios
buscando respuestas
que no dan las doctrinas humanas,
porque no han perdido
la sed de encuentro
con Aquel que da sentido y rumbo
a la existencia.


Felices los que no hablan de Dios
sino que muestran con su vida
las prefencias de Dios,
los que aman la justicia,
el derecho y la vida,
y la construyen
a ritmo de Reino
con la entrega cotidiana
por un mundo más humano,
más cercano al sueño de Dios.

- Que así sea -

 

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