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Mamerto Menapace

Monje benedictino del Monasterio Santa María de Los Toldos, desde el año 1959.
Ordenado sacerdote el 4 de diciembre de 1966.
Abad del Monasterio desde 1980 hasta 1992 (cumplió dos períodos consecutivos de seis años).
Reconocido escritor, ha publicado más de veinte libros de cuentos para el encuentro con Dios y el crecimiento en la fe
.

 

 

 

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La luz y las pupilas
por Mamerto Menapace, publicado en La sal de la tierra, Editorial Patria Grande.

 

Felices los afligidos
Porque serán consolados.

En el encierro de nuestra pequeña geografía familiar, bajo la abundancia de luz de nuestra lámpara de mesa, nuestras pupilas se habían ido reduciendo. Esa presencia tan cercana de la luz, esa necesidad casi inexistente de esfuerzo para nuestras pupilas las fueron reduciendo en su búsqueda, haciéndolas receptivas sólo en una mínima parte de su inmensa capacidad de visión.

Por eso, al apagarse al luz familiar y al entrar bruscamente en la noche del camino, la oscuridad nos parece abrumadoramente espesa. Uno llega a creer que en la noche no hay nada de luz. Uno sabe por intuición y por memoria, de la existencia de las cosas, de los árboles, de los charcos del camino. Pero en ese momento, en el tiempo de transición, todas las cosas carecen de realidad y confunden sus formas en esa carencia absoluta de luz.

Es entonces cuando la mirada busca instintivamente el cielo. Porque el hombre lleva metida hasta en su sangre la verdad de la relación entre luz y cielo. Pero hay veces en que el cielo está nublado. Y cuando el cielo está nublado, todo se ve más oscuro. Y sin embargo nuestros ojos rastrean el cielo, tratando de tomarlo al menos como fondo sobre el que se pueden distinguir las formas borrosas de los árboles y de las cosas de dimensiones mayores.

Frente a lo espeso de la oscuridad, nuestros ojos buscan al menos el borroso contorno de los objetos familiares como punto de referencia. Y en esa búsqueda de las cosas con el cielo como trasfondo, poco a poco nuestras pupilas se van dilatando. Se va despertando en nosotros esa capacidad adormecida de percibir la gran luminosidad adormecida en de percibir la gran luminosidad difusa en toda noche. Al rato uno se sorprende del aumento de luz. Y tal vez lo único que ha sucedido, es que ha aumentado nuestra capacidad de percibirla. Y con ello las cosas van recuperando su concreta realidad, y nosotros la alegría y libertad de movernos entre ellas.

Si esa noche avanza hacia el amanecer, entonces, junto al dilatarse de nuestras pupilas, el horizonte crece también en luminosidad, y uno participa de la alegría profunda de sentir en la mañana crecer alrededor de uno y en uno mismo, al colaborar en su construcción.

A una pareja de jóvenes amigos acaba de apagárseles la pequeña lámpara familiar. Se les ha muerto un hijito. Y sin embargo ese hijito les ha enriquecido el corazón con muchas verdades que ellos han leído en las cosas, ayudados por su luz. Porque la lámpara familiar regala al corazón muchas verdades que son material de rumia cuando los ojos se adentran en la noche.

¡Quisiera, Señor, que estés junto a ellos, noche adentro, en este tiempo de rumia! ¡en este tiempo del dilatarse de sus pupilas! y que junto a Vos caminen unidos hacia la alegría del amanecer, que devolverá su verdad a cada cosa y a cada hombre la alegría de vivir, al sentir sus manos comprometidas en el trabajo, en la vida y en el amor. Mientras se dilatan sus pupilas, alúmbrales, Señor, las manos, para que puedan seguir creyendo en la vida.

Si gastás tu noche llorando la puesta del sol, las lágrimas no te dejarán ver las estrellas. (Proverbio árabe).

 

Guía de Trabajo Pastoral por Marcelo A. Murúa

Cuento La luz y las pupilas, de Mamerto Menapace.
Publicado en el libro La sal de la tierra, Editorial Patria Grande.


Lectura

Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto. Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.


Rumiando el relato

Al terminar la lectura entre todo el grupo se reconstruye el relato en forma oral (se lo vuelve a contar).

  • ¿Qué experiencia nos relata el autor? ¿Qué sucede con la capacidad de ver en la oscuridad?
  • ¿Cómo describe el cambio que sucede? ¿Qué pasa con las pupilas de los ojos?
  • ¿Qué busca nuestra mirada? ¿Por qué?
  • ¿Qué comparación realiza hacia el final? Para la joven pareja que menciona el cuento, ¿quién representaba la lámpara familiar que enriquecía sus vidas con su luz?
  • Comentar la frase final del proverbio árabe.
  • Elegir una frase del texto (releerlo rápido para ubicarla) que más le haya llegado/impactado a cada uno y compartirla en voz alta.


Descubriendo el mensaje

El cuento nos ayuda a descubrir una veta nueva de las situaciones de dolor humano. Comienza con la frase de las bienaventuranzas que proclama "Felices a los afigidos (los que sufren dolor) y señala que "serán consolados" (por Dios). El relato puede ser un excelente recurso para compartir y charlar situaciones de gran dolor (pérdidas familiares, enfermedades) frente a las cuales vivimos la oscuridad (falta de luz) y sentimos la ausencia de Dios (el cielo nublado). Nos puede ayudar a descubrir que siempre hay un amanecer después de una noche cerrada.

Recuerda la experiencia de haber estado en un lugar con luz y que de repente se apague la luz, ¿qué sucede con la mirada? ¿cómo se va acostumbrando la vista a la nueva situación? ¿cómo vemos las cosas que hasta ese momento eran familiares y conocidas? ¿cómo nos sentimos en esa situación? Describe y comparte lo que experimentamos en esos momentos (todos los vivimos a diario, piensa sencillamente cuando nos vamos a acostar a la noche, o cuando a veces nos levantamos a la madrugada, o el despertar en los días de invierno, cuando todavía está oscuro)

¿Has vivido situaciones, familiares o personales, parecidas a la de la joven pareja?

¿Qué dolores grandes abriga tu corazón que te hace sentir en la oscuridad?

¿Puedes descubrir algo de luz en esas situaciones, a la luz del cuento?

¿Pueden ayudarte esas situaciones que te tocan vivir (o te han tocado) a recuperar tu capacidad de ver (la vida, la presencia de Dios, la tesonera presencia de una esperanza que nunca se acaba)?

Comenta la frase del proverbio árabe aplicándola a estas situaciones de tu vida que has compartido. ¿Cómo pedirle a Dios que nos dilate las pupilas para aprender a ver mejor (y a recuperar la esperanza… a caminar al amanecer de cada día)?

¿Qué aprendes del cuento para tu vida? ¿Cómo puedes aplicar el mensaje del cuento?



Compromiso para la vida

Sintetizar en una frase el mensaje del cuento para nuestra vida.



Para terminar: la oración en común

Leer entre todos la oración y luego poner en común las intenciones de cada uno.

Terminar con una canción.

 

Felices los afligidos

Felices los afligidos
porque serán consolados.

¡Cuántas veces, Señor,
el dolor atraviesa
nuestras vidas,
y la de quienes nos rodean!

¡Cuántas noches conocemos, Señor,
donde no sabemos adonde ir
o cómo seguir caminando
porque perdemos la capacidad de ver
y el dolor va diluyendo la esperanza!

Señor de la Vida,
abre nuestras pupilas a tu luz
para que seamos capaces
de ver la vida con nuevos ojos.

Abre nuestras pupilas
para que renacer
a la luz de la esperanza,
¡hasta la noche más oscura
deja paso a la claridad de la mañana!

Enséñanos Señor
a consolar a los demás,
a estar atentos a sus dolores,
a aprender a compartirlos,
a veces y simplemente
a aprender a escuchar
y estar con el otro,
que está mal y afligido.

Haz de nosotros, Dios de la Vida,
instrumentos de tu esperanza,
para que llevemos a todos
la luz que nace de tu presencia,
que como el cielo estrellado
que nunca nos abandona,
puede ayudarnos a ver mejor
en las noches de dolor
que el camino de la vida
nos prepara a todos.

Porque a cada noche
le llega su amanecer.

Felices los afligidos
porque el Dios de la Vida
es su consuelo, protección
y fuerte esperanza para siempre.

- Que así sea -

 

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