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Mamerto Menapace

Monje benedictino del Monasterio Santa María de Los Toldos, desde el año 1959.
Ordenado sacerdote el 4 de diciembre de 1966.
Abad del Monasterio desde 1980 hasta 1992 (cumplió dos períodos consecutivos de seis años).
Reconocido escritor, ha publicado más de veinte libros de cuentos para el encuentro con Dios y el crecimiento en la fe
.

 

 

 

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La utilidad de los rumiantes
por Mamerto Menapace, publicado en La sal de la tierra, Editorial Patria Grande.

 

Una vez, no hace tanto ni muy lejos, había un pueblito solitario y perdido entre las ciudades de los hombres. Era un pueblito chiquito y sin importancia. No tenía emisora ni diario, y por eso todo pensaban que esa gente del pueblito no tenía nada que decir. En ese pueblito de campo todos hablaban bajito porque se habían acostumbrado a escuchar. De vez en cuando, sí, cantaban, chiflaba o tarareaban; y tenían los ojos grandes, acostumbrados a mirar.

Era un pueblito con niños desnutridos, de barriguita abultada y bracitos de mamboretá.

Un grupo de científicos vino una vez a visitar el pueblito. Vinieron derrochando palabras y sonrisas, y hablaron en términos exactos e incomprensibles. Llenaron planillas con nombres y preguntas, tubitos de vidrio con muestras de sangre. Al verdad es que la gente del pueblito se sintió humillada y guardó silencio. Los científicos los conceptuaron como gente apocada y taciturna. Diagnosticaron descalcificación y avitaminosis. Mientras que los niños del pueblo hasta ahora sólo se habían cuenta de que tenían hambre. Los científicos elevaron un informe al ministerio. Si llegó hasta aquella orilla, no sé: porque era de papel.

Pero el Señor Dios amaba a ese pueblito. Y quiso ayudarlo. Por eso un buen día el Señor Dios mandó a ese pueblito tres cabritos y una vaca. Cuatro animalitos de ojos mansos y un balido adentro. Nada traían para el pueblito; simplemente venían a quedarse. Una había nacido en una estancia, las demás en otras partes.

Al principio despertaron la curiosidad. Al pasar por las calles del pueblito la gente las miraba. Como no venían a traer ni a buscar nada, pronto fueron admitidas en la vida del pueblito. Las vieron mansas e indefensas y comenzaron a protegerlas; hasta comenzaron a hablarles porque las vieron calladas.

Para alimentarse les bastó con los yuyos y pastos que crecían en el lugar, y que ellas mismas salían a buscarse. Y la gente se alegró de verlas comer y alimentarse de lo mismo que había entre ellos. Y por eso, no sólo no las espantaron del lugar sino que hasta llegaron a construirles un corral. Un corral para sus noches; porque de día les gustaba verlas por las calles, entrar en sus patios, participar en su misma geografía familiar. Hasta se hicieron amigas de sus perros, que ya no las toreaban al verlas llegar. Y ustedes saben que en el campo, solamente a las visitas amigas los perros no les ladran.

Y fue así cómo, con el tiempo, el pueblito se dio cuenta del regalo que Dios les había hecho con ellas. En cada madrugada empezaron a contar con su vaso de leche para sus niños chicos, para sus ancianos enfermos, para sus madres que amamantaban.

Vaso de leche que no era una realidad traída de afuera. Pero que sin embargo hasta ahora nunca habían tenido. Eran sus propios pastos, su trébol familiar asumido y rumiado lento en sus horas de silencio y soledad, con sus ojazos vueltos hacia el cielo. Y los hombres del pueblito se dieron cuenta de la importancia de esos tiempos de rumia y de silencio que pasaban sus animalitos. Y como por instinto comenzaron a respetar esos momentos.

Cuando a eso de la oración, por las tardes, al caer el sol todos volvía del trabajo y las veían reunirse en su corral y quedarse quietas con los ojazos mirando el cielo, se dieron cuenta de la importancia de ese tiempo para ellos. Y respetaron su soledad y su silencio. De esa rumia del atardecer dependía que la leche fuera tan sabrosa en la madrugada. Eso no hubo necesidad de explicárselo a la gente del pueblito; se dieron cuenta solos, porque eran gente con los ojos acostumbrados a ver.

No sé si a ustedes les pasará lo mismo. Pero a mí a veces me da pena ver a tantos animales con capacidad de rumia, uncidos noche y día a los arados, con tiempo apenas para comer. Y me pregunto si no será esa la causa de que en nuestro pueblo se sufra de descalificación.

 

Guía de Trabajo Pastoral por Marcelo A. Murúa

Cuento La utilidad de los rumiantes, de Mamerto Menapace.
Publicado en el libro La sal de la tierra, Editorial Patria Grande.


Lectura

Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto. Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.


Rumiando el relato

Al terminar la lectura entre todo el grupo se reconstruye el relato en forma oral (se lo vuelve a contar).

  • Al terminar la lectura entre todo el grupo se reconstruye el relato en forma oral (se lo vuelve a contar).
  • ¿Cuál es la historia que presenta el cuento? ¿Dónde sucede? ¿Cómo se describe al pueblo y a sus habitantes?
  • Elige alguna frase del primer párrafo (en la que se presentan al pueblo y a su gente) y comentala para todo tu grupo. ¿Por qué elegiste esa característica?
  • ¿Quiénes llegan un día al pueblo? ¿Cuál es su actitud? ¿Cómo tratan a la gente? ¿Tiene consecuencias su visita? ¿Cómo reacciona el pueblo? ¿Por qué?
  • El buen Dios les brinda unos animales… ¿Cómo es el proceso de la gente con relación a esos animales? ¿Por qué de a poco van cambiando de actitud? Señalar las actitudes positivas que van desarrollando todos los habitantes del pueblo (¡ hasta los perros!!)
  • El cambio de actitud con los animales, ¿qué produjo como beneficio?
  • ¿Cambio en algo la vida de la gente del pueblo? Comparar con visita de los científicos?
  • Elegir una frase del texto (releerlo rápido para ubicarla) que más le haya llegado/impactado a cada uno y compartirla en voz alta.


Descubriendo el mensaje

El cuento es muy profundo y puede servir muy bien para trabajar dos temas:

- desde lo personal, el sentido y valor de los espacios de rumia, silencio y crecimiento-elaboración interior, que todos necesitamos para crecer y servir.

- desde lo comunitario, el sentido y valor de las intervenciones "desde afuera", que sólo describen y diagnostican la realidad sin comprometerse con las personas.

Vamos a dar unaas pistas para trabajar lo personal y no se olviden de pensar también en lo comunitario.

¿Cómo se origina la leche, que como don de los animales será alimento para las personas del pueblo? Señalar los pasos (acciones de las personas) que condujeron a la elaboración final de la leche por parte de los animales.

En el anteúltimo párrafo se cuenta cómo las personas del pueblo aprendieron a respetar los tiempos de rumia de los animales. Observar cómo se caracteriza esos tiempos.

Pensando en tu vida… ¿encuentras en tu rutina cotidiana estos espacios de silencio, soledad y reflexión?

¿La oración es un espacio de "rumia" de la Palabra de Dios? ¿Un tiempo para elaborar su voluntad y su proyecto a partir de los ingredientes de tu vida (situaciones y circunstancias que te toca vivir)?

¿Por qué crees que es díficil encontrarnos estos espacios? ¿Cómo podrías generar rutinas de rumia en tu vida?

Es interesante observar que el autor destaca que el tiempo de rumia es fecundo para los demás… el centro está puesto en cómo servir mejor al otro…y una buena leche puede comenzar a solucionar los problemas de descalcificación.

¿Qué puedes aportar de bueno a los otros… si comienzas a "rumiar" tu vida para elaborar tus dones y ofrecerlos a los demás?

Jesús "rumiaba" mucho. Puedes recorrer los evangelios y descubrir qué en varias ocasiones los discípulos se sorprenden al descubrir que se había ido a orar solo al cerro, de noche o madrugada. Tiempo de rumia…búsqueda de la voluntad del Padre.

¿Qué aprendes del cuento para tu vida? ¿Cómo puedes aplicar el mensaje del cuento?



Compromiso para la vida

Sintetizar en una frase el mensaje del cuento para nuestra vida.



Para terminar: la oración en común

Leer entre todos la oración y luego poner en común las intenciones de cada uno.

Terminar con una canción.

 

Rumiar la vida desde la Palabra

Señor de la Vida,
ayúdanos a aprender
el ejemplo sencillo
de los animales que rumian.
Ellos dedican un tiempo
para elaborar y re-elaborar
lo que han comido
para hacer de ello
alimento para los otros.

Nosotros también podemos
convertirnos en personas de rumia.
Si descubrimos el valor
del silencio y la reflexión
de las cosas que vivimos,
de lo que nos pasa a cada uno
y de lo que pasa a nuestro alrededor,
la realidad, la historia,¡ la vida de todos !

Danos tesón, paciencia y firmeza
para encontrarnos tiempos de rumia.
Enséñanos a ver la vida
a la luz de tu Palabra.
Ayúdanos a encontrarnos
momentos de soledad y silencio,
matrices de cambio y conversión.

Señor de la Vida
haz que recobremos
el sabor del encuentro profundo,
con nosotros mismos,
con los demás,
contigo mismo…
para rumiar la vida
y salir fortalecidos
para entregar lo mejor de nosotros
para el bien de todos.

- Que así sea -

 

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