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Mamerto Menapace

Monje benedictino del Monasterio Santa María de Los Toldos, desde el año 1959.
Ordenado sacerdote el 4 de diciembre de 1966.
Abad del Monasterio desde 1980 hasta 1992 (cumplió dos períodos consecutivos de seis años).
Reconocido escritor, ha publicado más de veinte libros de cuentos para el encuentro con Dios y el crecimiento en la fe
.

 

 

 

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La misión de las manos
por Mamerto Menapace, publicado en La sal de la tierra, Editorial Patria Grande.

 

Quien cultiva su tierra,
se hartará de pan;
quien persigue sombras,
es un imbécil
(Proverbios 12, 11)

 

No tenemos en nuestras manos las soluciones para los problemas del mundo. Pero frente a los problemas del mundo, tenemos nuestras manos. Cuando el Dios de la historia venga, nos mirará las manos.

El hombre de la tierra no tiene el poder de suscitar la primavera. Pero tiene la oportunidad de comprometer sus manos con la primavera. Y así que la primavera lo encuentra sembrando. Pero no sembrando la primavera; sino sembrando la tierra para la primavera. Porque cada semilla, cada vida que en el tiempo de invierno se entrega a la tierra, es un regalo que se hace a la primavera. Es un comprometer las manos con la historia.

Sólo el hombre en quien el invierno no ha asesinado la esperanza, es un hombre con capacidad de sembrar. El contacto con la tierra engendra en el hombre la esperanza. Porque la tierra es fundamentalmente el ser que espera. Es profundamente intuitiva en su espera de la primavera, porque en ella anida la experiencia de los ciclos de la historia que ha ido haciendo avanzar la vida en sucesivas primaveras parciales.

El sembrador sabe que ese puñado de trigo ha avanzado hasta sus mansos de primavera en primavera, de generación en generación, superando los yuyales, dejándolos atrás. Una cadena ininterrumpida de manos comprometidas ha hecho llegar hasta sus manos comprometidas, esa vida que ha de ser pan.

En este momento de salida del invierno latinoamericano es fundamental el compromiso de siembra. Lo que ahora se siembra, se hunde, se entrega, eso será lo que verdeará en la primavera que viene. Si comprometemos nuestras manos con el odio, el miedo, la violencia vengadora, el incendio de los pajonales, el pueblo nuevo sólo tendrá cenizas para alimentarse. Será una primavera de tierras arrasadas donde sólo sobrevivirán los yuyos más fuertes o las semillas invasoras de afueras.

Tenemos que comprometer nuestras manos en la siembras. Que la madrugada nos encuentre sembrando. Crear pequeños tablones sembrados con cariño, con verdad, con desinterés, jugándonos limpiamente por la luz en la penumbra del amanecer. Trabajo simple que nadie verá y que no será noticia. Porque la única noticia auténtica de la siembra la da sólo la tierra y su historia, y se llama cosecha. En las mesas se llama pan.

Si en cada tablón de nuestro pueblo cuatro hombres o mujeres se comprometen en esa siembra humilde, para cuando amanezca tendremos pan para todos. Porque nuestra tierra es fértil. Tendremos pan y pan para regalar a todos los hombres del mundo que quieran habitar en nuestro suelo.

Si amamos nuestra tierra, que la mañana nos pille sembrando.

 

Guía de Trabajo Pastoral por Marcelo A. Murúa

Cuento La misión de las manos, de Mamerto Menapace.
Publicado en el libro La sal de la tierra, Editorial Patria Grande.


Lectura

Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto. Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.


Rumiando el relato

Al terminar la lectura entre todo el grupo se reconstruye el relato en forma oral (se lo vuelve a contar).

  • El cuento trabaja con la imagen de la siembra. Recordar los pasos necesarios para hacer una buena siembra. Comentarlos en el grupo. ¿Para qué es necesario cada paso? ¿Qué sucede si nos apuramos?
  • ¿Qué actitudes exige el ser sembrador?
  • Si hablamos de esperanza, como lo hace el cuento, ¿qué significan las semillas? ¿las manos del sembrador? ¿el tiempo de siembra? Relacionar con la situación de nuestra comunidad, del país, de nuestra sociedad.
  • Elegir una frase del texto (releerlo rápido para ubicarla) que más le haya llegado/impactado a cada uno y compartirla en voz alta.


Descubriendo el mensaje

El cuento invita a recrear la esperanza en forma activa. Depende del trabajo de cada uno que nuestras utopías se vayan realizando.

¿Cuáles son las semillas de esperanza que hay latentes en nuestros pueblos?

¿Cómo están tus manos de sembrador? ¿Dedicas tiempo y esfuerzo a trabajar por estas semillas? ¿O sólo palabras?

¿Qué puedes ofrecer al Señor como trabajo concreto por el Reino en este tiempo de Cuaresma?

Si el Señor te sorprendiera hoy día, ¿qué semillas podrías mostrarle de tu siembra? ¿y tus manos, que le contarían que están trabajando?

¿Qué aprendes del cuento para tu vida? ¿Cómo puedes aplicar el mensaje del cuento?


Compromiso para la vida

Sintetizar en una frase el mensaje que has descubierto en el cuento para tu vida. Compartirlo con los demás.

Para terminar: la oración en común

Leer entre todos la oración y luego poner en común las intenciones de cada uno.

Terminar con una canción.

 

Trabajar la esperanza

La esperanza
es como una semilla
en tus manos.
De tí depende
que de frutos algún día.
Tus manos son capaces
de abrir surcos entre rocas,
de abonar tierras,
de sembrar con sudor,
de regar con ahínco,
de desmalezar con cuidado
y de esperar con cariño.
Mira tus manos
y ponlas a trabajar,
tus semillas esperan
y el Reino se siembra hoy,
en tu entrega.

- Que así sea -

 

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