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Mamerto Menapace

Monje benedictino del Monasterio Santa María de Los Toldos, desde el año 1959.
Ordenado sacerdote el 4 de diciembre de 1966.
Abad del Monasterio desde 1980 hasta 1992 (cumplió dos períodos consecutivos de seis años).
Reconocido escritor, ha publicado más de veinte libros de cuentos para el encuentro con Dios y el crecimiento en la fe
.

 

 

 

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El misterio de Dios
por Mamerto Menapace, publicado en La sal de la tierra, Editorial Patria Grande.

 

Dios lo abandonó para probarlo
y descubrir todo lo que tenía
en su corazón
2 Cron 32, 31

 

Frente al misterio del pecado, muchas veces sube en nosotros esa pregunta: ¿por qué Dios lo abandonó?

Y si la experiencia de pecado se ha dado en nosotros, entonces se hace mucho más quemante la pregunta: Señor, ¿por qué me abandonaste ? ¿por qué dejás que mi corazón se extravíe lejos de vos? como dice Isaías hablando de su pueblo en el capítulo 63, 17.

Pienso que nuestro corazón es mucho más ancho de lo que nosotros pensamos. Nosotros hemos alambrado un retazo de nuestro corazón y pretendemos allí vivir nuestra fidelidad a Dios. Nos hemos decidido a cultivar sólo un trozo de nuestra tierra fértil. Y hemos dejado sin recorrer lo cañadones de nuestra entera realidad humana, el campo bruto que sólo es pastizal de guarida par a nuestros bichos silvestres. Hemos trabajado con cariño y con imaginación ese trozo alambrado. Tal vez hemos logrado un jardín con flores y todo; y para ellos hemos rodeado con un tejido que lo hacía inaccesible a toda nuestra fauna silvestre. Y nos ha dolido la sorpresa de ver una mañana que alguno de los bichos (nuestros pero no reconocidos) ha invadido nuestro jardín y ha hecho destrozos. Y la dolorosa experiencia de la presencia de ese bicho nuestro, introducido en nuestra geografía cultivada, llegó incluso a desanimarnos y a quitarnos las ganas de continuar. Es la experiencia del corazón sorprendido y dolorido.

Y no pensamos que a lo mejor a Dios también le dolía el corazón, viendo que tanta tierra que él nos había regalado para vivir en ella un encuentro con él, había quedado sin cultivar. Que nosotros le habíamos cerrado el acceso a gran parte de nuestra tierra fértil.

A veces, por ahí, uno de esos salmos (gritador y polvoriento) sacude alguno de los pajones de nuestro inconsciente, y se despiertan allí sentimientos que buscan llegar a oración. Pero nosotros enseguida los espantamos. No queremos que en nuestro diálogo con Dios se mezcle el canto agreste nuestra fauna lagunera. Quisiéramos mantener a Dios en la ignorancia de todo aquello que está en nosotros pero que nosotros no aceptamos.

Y es entonces cuando Dios nos obliga a reconocer nuestro corazón. Dios nos abandona para probarnos y descubrirnos todo lo que hay en nuestro corazón. Para que urgido por la dura experiencia de nuestro pecado hagamos llegar hasta sus oídos ese grito pleno de nuestro corazón. Y en esa dolorosa experiencia empieza a morir nuestra dificultar psicológica de rezar ciertos salmos. Nosotros no los aceptábamos porque nos sentíamos plenamente inmunes, puros, totalmente cristianos. Nos parecía que esos salmos eran "precristianos". Gritos de una geografía dejada atrás. Pero nuestro pecado nos llama a la dolorosa realidad de tener que comprobar que la mayor parte de nuestro corazón debe aún ser evangelizado. Que hasta ahí aún no ha llegado la buena noticia de que Cristo se hizo hombre, que murió asumiendo nuestro pecado y que con ellos descendió a los infiernos, para vencer en su propia guarida la raíz venenosa del pecado y de su compañera la muerte.

Dios podría impedir la quemazón de nuestros pajonales. Y sin embargo prefiere sembrar más allá de las cenizas, en la tierra fértil que hay debajo. Dios no impide nuestra muerte; en el surco de nuestra muerte siembra la resurrección para el más allá.

Porque Dios se ha comprometido con todo nuestro corazón. Porque nuestro corazón se salva en plenitud, o no se salva nada.

Pero Dios es poderoso. Y lo salvará.

 

Guía de Trabajo Pastoral por Marcelo A. Murúa

Cuento El misterio de Dios, de Mamerto Menapace.
Publicado en el libro La sal de la tierra, Editorial Patria Grande.

Lectura

Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto. Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.

Rumiando el relato

Al terminar la lectura entre todo el grupo se reconstruye el relato en forma oral (se lo vuelve a contar).

  • El cuento comienza con una frase bíblica, ¿qué dice de Dios esa frase?
  • ¿Cómo describe nuestro corazón? ¿Qué dice de sus posibilidades, de sus limitaciones? ¿Cómo siente el autor que usamos nuestro corazón?
  • ¿Con qué imagen describe la experiencia de pecado en nuestra vida?
  • Al presentar los salmos, ¿cómo lo hace? ¿A qué nos pueden ayudar?
  • ¿Qué hace Dios con nuestros pecados y limitaciones? ¿Qué esperanza tenemos?

Elegir una frase del texto (releerlo rápido para ubicarla) que más le haya llegado/impactado a cada uno y compartirla en voz alta.

 

Descubriendo el mensaje

El cuento puede ayudarnos a motivar una reflexión sobre nuestra experiencia de pecado. Es un lindo cuento para reflexionar en cuaresma.

Intenta aplicar la comparación del campo y del corazón, usada por el autor, ¿se aplica a tu vida? ¿Qué posibilidades no trabajadas tiene tu persona? ¿Cuáles son los dones/talentos que sí has trabajado? ¿Qué cosas de tu interioridad te sorprenden?

¿Conoces a los "bichos silvestres" (como delicadamente presenta el cuento a nuestras situaciones de pecado)? ¿Charlas con Dios de tus limitaciones, de tus experiencias de pecado y egoísmo, de las cosas de ti mismo que te soprenden?

¿Haz rezado alguna vez con los salmos? Ellos nos hablan desde situaciones de la vida de las cosas de Dios. Prueba orar con alguno de estos:

  • Salmo 22, El buen pastor
  • Salmo 34, Qué bueno es el Señor
  • Salmo 51, Perdón Señor
  • Salmo 119, La Palabra del Señor

Para rezarlos te recomendamos leer una vez el salmo entero y luego hacer un momento de silencio. Quedate "rumiando" lo que has escuchado y repite alguna de las frases que más te haya llegado. Luego releé lentamente y compara con tu vida lo que lees. Deja que el salmo ilumine el campo de tu corazón y presentale a Dios lo que vayas descubriendo.

¿Qué aprendes del cuento para tu vida? ¿Cómo puedes aplicar el mensaje del cuento?

 


Compromiso para la vida

Sintetizar en una frase el mensaje que has descubierto en el cuento para tu vida. Compartirlo con los demás.

Para terminar: la oración en común

Leer entre todos la oración y luego poner en común las intenciones de cada uno.

Terminar con una canción.

 

 

Nuestro corazón

Nos has regalado
un corazón ancho y fértil,
Señor de la Vida,
que apenas conocemos
y exploramos.
Ayúdanos a salir
de nuestros refugios,
lo conocido,
lo que sabemos,
adonde estamos seguros…
para ir al encuentro
de todo lo que has sembrado
para nosotros.
Cuando nos sorprenda
nuestro egoísmo
y echemos a perder
lo mucho recibido
acompáñanos
no nos abandones en el dolor
y el fracaso.
Como el agricultor sencillo
que sabe sembrar de nuevo
entre las cenizas del campo quemado,
Dios bueno y fiel,
trabaja nuestra tierra
para que nazcan los retoños
de nuestras posibilidades nuevas,
porque, de tu mano,
siempre hay lugar y tiempo
para una nueva cosecha
que de frutos de nosotros
que aún no conocemos.
Somos la tierra en tus manos,
podemos ser tus frutos soñados…

- Que así sea -

 

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