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¡Enséñanos a orar!

 

¡Enséñanos a orar!,
clamaron los apóstoles,
viendo la profunda cercanía
de Jesús y el Padre.
Ayúdanos a hablar con Dios,
enséñanos a escuchar su voz,
muéstranos cómo discernir su voluntad,
para responder con la vida,
como vos, maestro, hacías,
al Proyecto del Padre.

Jesús, Maestro de oración.
Bríndanos a tu madre,
la virgen María,
que te enseñó de pequeño
cómo hablarle a Dios como a un padre.
Que te empapó desde la infancia
de la disponibilidad y la apertura
que abren el corazón
para escuchar a Dios.
Jesús,
que tu mamá,
que también es mamá nuestra
nos tome en sus manos
y nos haga crecer en la oración.

Jesús, Maestro de oración.
Conocedor de las Escrituras.
Transmítenos el hambre
y la sed de la Palabra.
Que ella sea la fuente de nuestra oración.
Que aprendamos a realizar en comunidad
una lectura orante de la Biblia,
que nos comprometa
con la justicia y la vida de los hombres.

Jesús, Maestro de oración.
Hombre de tu pueblo.
ayúdanos a orar la realidad que vivimos.
Que nuestra oración tenga raíces
en las alegrías
y en los dolores de nuestro pueblo,
para clamar desde allí:
¡Abba! ¡Papá del Cielo!
Que venga tu Reino,
que no falte el pan ni el trabajo.
Que se acabe la opresión y la injusticia.
Que la violencia y la corrupción
desaparezcan.
Danos Señor la fuerza para lograrlo.
Danos coraje para instaurar tu Reino.
Danos paciencia para entender tus tiempos.

Jesús, Maestro de oración.
Que nos enseñas a pedir por los demás.
Que no centremos la oración en nosotros,
que nos abramos
a las necesidades de los otros.
Haznos crecer en generosidad y compasión,
también en la oración.

Jesús, Maestro de oración.
Que nos enseñas a dar gracias
y nos transmites el espíritu de gratuidad.
Que no olvidemos fácilmente
todo lo bueno que Dios nos brinda.
Que nunca nos cansemos de sorprender
tu presencia certera
en los humildes y sencillos,
en los pobres de todo lugar y tiempo,
donde plantaste tu tienda
y desde donde nos invitas
para mirar el mundo,
para cambiarlo y hacerlo Nuevo.

Gracias por tu presencia viva
entre los más pobres
que nos permite el don
de la conversión constante
y nos revela el cauce
para optar por Dios.

 

 

Jesús, Maestro de oración.
Ante los conflictos y los tiempos difíciles
no vacilas en buscar la voz de Dios
en la oración, en el monte,
y hasta de madrugada.
Como diciéndonos
que para escuchar a Dios
hay que poner esfuerzo,
hacerse lugar
y dedicarle tiempo.
¡Tomarse la cosa en serio!
Y no a las apuradas,
como solemos hacerlo.
Jesús, no le escapas al conflicto.
También vives tus dudas, tus vacilaciones,
tus crisis y tentaciones.
No las rehuyes, no las escondes,
las enfrentas con la oración
y la búsqueda incesante
de la voluntad de Dios.
Que no bajemos los brazos. Señor,
que aprendamos a pasar la noche oscura,
que encontremos el lugar,
el tiempo y el esfuerzo
para rezar como vos rezabas.,
desde la vida, en la vida,
desde la realidad, en la realidad,
por el Reino, para el Reino.

Jesús, Maestro de oración.
Danos confianza en la oración,
haznos vivir la humildad del que necesita,
ayúdanos a creeren la seguridad de que Dios escucha,
enséñanos a esperar
en las manos del Padre.

Jesús, Maestro de oración.
Que nuestra oración
renueve nuestro compromiso.
Lo fortalezca, le de cimientos,
le de sentido.
Que la contemplación nos lleve a la acción,
y el servicio nos conduzca a la oración.
Enséñanos a ser contemplativos en la vida,
ayudanos a descubrir el pozo
donde alimentar nuestra oración
y fortalecer el seguimiento de tu camino.
Que no nos equivoquemos, Señor,
que no confundamos el verdadero pozo
ni optemos por el camino errado.

Danos tu Espíritu, Jesús,
para gritar desde el corazón:
Papá del Cielo,
muéstranos tu rostro acá en la tierra,

Y cuando nos salgas al encuentro
en el pobre, el excluido,
el sin trabajo,
el sin escuela,
el enfermo,
el sin vestido,
no pasemos de lado.
Que nuestra oración sincera
sea la fuente de un amor solidario,
a la manera de Jesús
eficaz, comprometido, capaz de dar la vida.

 

Marcelo A. Murúa

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