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Virgen de la Nochebuena

 

Virgen de la Nochebuena,
escucha nuestras plegarias,
acerca al Padre
nuestros clamores y ruegos,
nuestros sueños y utopías,
nuestras necesidades.

Madre buena
en esta Navidad que se acerca
queremos acompañarte
en el pesebre.
Allí, desnudo, frágil
nacerá el niño
que cambiará el mundo.
Un niño en pañales,
signo de la presencia esperada
de Dios con nosotros.
Un niño-esperanza
que será motivo de alegría
para todo el pueblo.

María,
cuántas cosas habrán pasado
por tu cabeza y tu corazón
en esos días.
Para vos y tu familia
y para tu hijo pronto a nacer
no había lugar.
Fiel testimonio del no-lugar
que la sociedad prepara
para las grandes mayorías.

No había lugar
como no lo hay hoy
para los que menos tienen
y sobreviven a un lado
de la sociedad opulenta
que prepara la Navidad
con regalos y adornos
del "Primer Mundo".

Navidad de plástico,
signo de la ausencia de Dios
en los corazones de muchos.
María en Belén,
te imagino buscando,
entre dolores de parto,
un sitio para entregar a Jesús al mundo.
Un lugar como tu corazón
cálido, sencillo, dispuesto.

El pesebre.
Portal de entrada del Reino.
Desde los pobres,
en las afueras, casi desapercibido,
pero lleno de vida
que convoca al cambio.

A veces ayuda
mirar las cosas desde
donde las mira Dios,
que para nacer entre nosotros
eligió la pobreza.
Abrió los ojos
y vio carencias,
falta de solidaridad
con una madre joven
embarazada y parturienta.
Para pensarlo, ¿no?

 

 

 

 



María en el pesebre.
Te veo estrechando a Jesús
entre tus brazos,
sonriendo a pesar de los contratiempos,
acurrucando al Señor de la vida
contra tu pecho tibio.
El amor y la entrega
hacen posible el milagro,
que Dios nazca en un establo,
indefenso y necesitado.
Para que Jesús crezca en medio nuestro
hace falta la decisión y el compromiso.
Como María.
Desde la Anunciación
a la Resurrección,
pasando por la cruz,
que puede tronchar la vida
pero no silencia a Dios.
Hay que saber esperar
y aprender a confiar.

La Navidad nos enseña
que a Dios se lo encuentra
como antaño,
en la periferia y no en el centro,
en el pesebre y no en el palacio,
pequeñito y frágil, como la esperanza,
y en pañales, es decir,
aguardando hacer crecer
su presencia y su mensaje
en nuestro mundo.

Una madre nos aguarda
con los brazos abiertos.
Nos muestra al Niño
que duerme en su regazo
y nos lo ofrece para llevarlo
a nuestra familia, nuestro trabajo,
a nuestro mundo injusto,
que gasta tanto dinero en preparar
una burda maqueta vacía
de lo que es la Navidad.

Dios nace para todos.
Para traer Vida en abundancia,
Una Buena Noticia
de Liberación y de Justicia.

María, la virgen fiel
nos señala el camino
y nos tiende la mano.
Recorramos con ella
el camino de la Nochebuena.
Dejémonos llevar de su mano
hasta el pesebre
abandonando
"nuestras ideas" sobre Dios
para encontrarnos con El,
acostadito,
entre los pastos de un establo,
mirando a nuestros ojos
y esperando una respuesta.

 

Marcelo A. Murúa

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