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María, madre de la paz

 

Mujer sencilla, de su pueblo.
Libre ante el pecado,
eligió la gracia del Señor.
Vivió consagrada a Dios toda su vida.
Aceptó con humildad su destino
y las incertidumbres que el camino abría.
Amó a Jesús como nadie
y junto a El
intercede por nosotros ante el Padre.
Llena del Espíritu de Vida
nos guía en el camino hacia el Reino.
Un nombre muy pequeño,
apenas una citas escasas en los evangelios,
un segundo plano intencionado
que no esconde una presencia constante
y una fidelidad a toda prueba.

María,
su vida es fuente de paz
para los que siguiendo sus pasos
caminamos hacia el Reino
buscando la justicia,
la verdad,
y la fraternidad realizada.

Nunca una mala respuesta
nunca un no, una actitud egoísta
que pudiera significar fijarse en ella misma.
Acompañó a su hijo en todo tiempo.
Estuvo junto a él
en los momentos decisivos:
Caná, su muerte, la venida del Espíritu.
Siempre al lado de los apóstoles,
alentando y dando fuerzas,
compartiendo la alegría
del anuncio del Señor.

Tanta entrega
conmovió el corazón de Dios
quien la llevó a su lado en cuerpo y alma.
Desde entonces
se hace presente en medio nuestro,
velando en silencio por nosotros,
como con Jesús-niño
en aquellos lejanos días de Nazareth.

María, todo lo pudo
porque vivió la Paz de Dios.
La verdadera paz
que constituye el entregarse libremente
por amor en manos de Dios.
La paz interior,de saberse llena del Espíritu,
y que se construye a diario
en la oración y
en la práctica del amor solidario.
Paz que la lleva a atravesar montañas
para servir al que la necesita,
paz que le permite
proclamar con voz sincera
"Mi alma te alaba Señor
y mi espíritu se alegra en tí, mi Dios."
Paz que nos revela
el rostro vivo de Dios liberador,
rico en misericordia
y lleno de amor por los pobres,
sus preferidos.

 

 

Madre de la Paz,
su vida toda es modelo
de seguimiento de Jesús
para nosotros,
sus hijos en marcha.
Madre, que, silenciosa,
humilde y servicial,
vivió como nadie la paz de nuestro Señor,
hoy nos ayuda a nosotros,
pequeños instrumentos del Padre
a llevar su Paz al mundo.

Acercate, Madre de la Paz,
queremos estar atentos
a la Palabra de Dios
y decir contigo
"He aquí a la servidora del Señor
que se cumpla en mí su voluntad".

Haznos promotores
de verdad y de justicia.
Danos fuerzas para ser
hombre y mujeres de paz.
Ayúdanos con tu presencia
a construir con nuestra vidas
el Reino nuevo de Vida generosa
para todos.

 

Marcelo A. Murúa

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