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Seguir tus pasos

 

"Vayan pronto a decir a sus discípulos que
ha resucitado de entre los muertos y que
se les adelanta camino de Galilea; allí lo verán.
Mateo 28, 7

Tras tus pasos, Señor,
en camino.
A Galilea.
Para rehacer tu camino
desde el comienzo.
Para aprender a tu lado,
mientras curas enfermos
y atiendes a las multitudes.
Para escuchar tu llamado,
la invitación a seguirte…
dejándolo todo,
familia, bienes, seguridades,
para acercarnos a tí,
despojados, sin ataduras,
con la ligazón sola
de la pasión por el Reino.

Nos llamas, nos convocas,
nos llamas en comunidad
en marcha.

A no quedarse esperando
que pase el Señor por al lado,
que el Señor ya pasó
y camina delante.
Hay que correr a su encuentro,
hay que buscarlo
aún donde no pensamos…

Galilea,
la periferia de aquel tiempo.
¿Dónde será Galilea hoy día?
¿Dónde acudir
para no errar el encuentro?
¿En qué lugar, junto a quiénes,
vive el Resucitado?
Haciendo presente
la vida del Reino.

Junto a los pobres,
los enfermos, los marginados
de aquel y de nuestro tiempo.
Mayorías empobrecidas
sedientas de un justo anhelo.

Danos Señor
el don del discernimiento,
saber por dónde
y con quiénes
trabajar hoy por tu Reino.


 

 

Vamos Jesús,
muéstranos,
enséñanos tus senderos
sacude nuestras perezas,
haz que salgamos corriendo,
no sea que perdamos la hora
y sólo te veamos de lejos.
Seguirte es estar a tu lado
movilizarse a tu encuentro.

Vamos a Galilea
para empezar de nuevo.

Desde allí, claro veremos
tu presencia en todo tiempo.
El Resucitado está vivo,
pero no dentro del templo;
hay que buscarlo allá afuera,
al descampado,
a cielo abierto.
Escondido entre los pobres
develando el gran Misterio
de la presencia certera
que nos señala Mateo,
Capítulo 25,
en un grito de esperanza:
Felices ustedes
porque me reconocieron
en el desnudo, el enfermo,
el que está solo, el hambriento,
en la cárcel o sediento,
porque en ese más pequeño
me convierto en sacramento,
signo visible de mi presencia
en todo lugar y tiempo
partiendo desde los pobres
para convocar al Reino.

Danos, Señor,
tu Espíritu
para ver claro.
Danos tu espíritu
para vivir para los demás.
Danos tu espíritu
para no equivocarnos
y creer encontrarte
donde no te hallas.
Danos fuerzas para buscarte
en la Galilea de nuestros días.
Ayúdanos a rehacer tu camino
Queremos seguir tus pasos
por el camino liberador
que nos conduce hasta el Reino.

 

Marcelo A. Murúa

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