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Catequistas,
hombres y mujeres de la Palabra y de la Escucha

por Marcelo A. Murúa

 

Un don y una capacidad: Hablar como discípulo

"El Señor me ha concedido el don
de hablar como su discípulo,

y ha puesto en mi boca las palabras
para fortaleces al que está fatigado.
Cada mañana él me despierta
y yo lo escucho como hacen los discípulos."

Isaías 50, 4

La vocación catequística nace de un don de Dios. Como todos los dones que vienen de Dios tiene dos características propias:

- Es gratuito, o sea Dios lo da con generosidad sin que lo pidamos, aún, incluso, antes de que nosotros lo percibamos o seamos conscientes del don recibido (recordar las hermosas palabras de Yavé a Jeremías: "Antes que te formaras dentro del vientre de tu madre Yo te conocía y te consagré…" Jer. 1, 4).

- Es para la comunidad. Los dones de Dios son siempre para beneficio de la comunidad, son dones que pueden ser personales pero siempre referidos a la comunidad. Dios da capacidades, dones, talentos, para que quien los recibe los haga fructificar en la vida de su comunidad.

Destacamos en negrita la primera parte del texto de Isaías que indica como la iniciativa nace de Dios, por eso ser catequista es una auténtica vocación, porque es el mismo Dios, quien nos llama a ser catequistas y nos revela que tenemos ese don, para hacer crecer, cultivar y dar fruto para la vida de los demás.

Ser catequista es hablar como discípulo del Señor. Uno sólo es el Maestro, y ése es Jesús, quien nos reveló con su vida, sus palabras y su práctica el rostro de Dios y el camino para conocerlo y hacer su Voluntad (el Reino). Hablar como discípulo implica conocer y vivir las enseñanzas del Maestro. No es nuestro mensaje el que proclamamos y anunciamos sino que transmitimos la Palabra del Señor.

 

Una misión: Transmitir la Palabra

"ElSeñor me ha concedido el don
de hablar como su discípulo,
y ha puesto en mi boca las palabras
para fortalecer al que está fatigado.
Cada mañana él me despierta
y yo lo escucho como hacen los discípulos."

Isaías 50, 4

Si la misión del catequista es transmitir la Palabra (vida, enseñanzas, práctica) del Maestro entonces nuestra vida debe estar "llena de Palabra" para poder anunciarla.

El texto nos revela que el primer paso lo da Dios, quien siempre cuando llama para una misión antes (y sin que la persona lo sepa) da los dones necesarios para esa vocación. Esto queda muy claro en los textos bíblicos de vocación. Observemos dos, como muestra:

- Cuando Dios llama a Jeremías le anuncia que antes de nacer El ya lo había consagrado y preparado para ser su profeta. Y realiza el gesto de tocar su boca para "poner sus palabras (las de Dios) en su boca" (Jer. 1, 9).

- Cuando el Angel del Señor anuncia a María su vocación de Madre del Salvador, sus primeras palabras anuncian el don de Dios: "Alegrate María, llena eres de Gracia" (Lc. 1, 28)

En ambos textos la sorpresa y temor de Dios (no miedo sino respeto ante la presencia de Dios, una actitud espiritual muy destacada en los personajes bíblicos) nos ayudan a apreciar y entender que tanto Jeremías como María descubrieron en ese momento de llamado=vocación los dones conque Dios los "había llenado" (para respetar el lenguaje bíblico) para vivir y realizar su misión.

Para transmitir la Palabra hay que estar llenos de Ella, y esto es la Espiritualidad: aprender a dejarse "llenar" por la presencia, Palabra, Espíritu del Señor.

 

Una espiritualidad: Escuchar como Discípulo

"El Señor me ha concedido el don
de hablar como su discípulo,
y ha puesto en mi boca las palabras
para fortaleces al que está fatigado.
Cada mañana él me despierta
y yo lo escucho como hacen los discípulos."

Isaías 50, 4

Nadie puede dar lo que no tiene, y la boca habla de lo que está lleno el corazón…

Si la misión del catequista es transmitir la Palabra del Señor, la espiritualidad es su camino concreto y cotidiano para "llenarse" de esta Palabra y poder ser fiel a su misión.

El texto de Isaías presenta una referencia de tiempo concreta: "Cada mañana…" Para vivir como discípulo del Señor todas nuestras mañanas deberíamos "dejarnos despertar" por Dios. Es interesante notar que la iniciativa, nuevamente, no está en el discípulo, sino en el Señor. La espiritualidad tienen mucho de dejarse conducir, guiar por el Señor y por su Espíritu. El mismo Jesús se lo anunció a Pedro "cuando eras joven ibas donde querías, pero cuando seas mayor Otro vendrá y te llevará adonde no quieras" (Jn. 20, 18).

Dejarse despertar por el Señor es una actitud del corazón que nos lleva a consagrar cada mañana para El. Etimológicamente "consagrar" significa "separar" y este es el significado que queremos ofrecer para reflexionar. Cada mañana debemos "separar" un momento de nuestra vida para ser "despertados" por el Señor. El texto es claro en la actitud del discípulo al ser despertado: "escuchar como discípulo". Ser despertados por el Señor para escuchar como discípulos puede vivirse diariamente "consagrando" una parte de nuestro tiempo a la lectura diaria de la Palabra de Dios. Allí está el corazón de la espiritualidad de un catequista. Para transmitir la Palabra el momento vital (aunque el momento real sea cualquier hora del día, no necesariamente a la mañana) para ser "llenados" es la lectura y oración con la Palabra.

Dejarse despertar por el Señor cada mañana (tarde y noche de nuestras vidas) implica un camino de ascesis (sacrificio voluntario), entrega, y ofrenda a Dios; que, vivido con alegría y esperanza, nos llevará a descubrir en su Palabra el alimento diario para nuestra vida y vocación. Entonces podremos proclamar, con el Salmista, y compartir su profunda experiencia espiritual. "Mis ojos están despiertos antes de la hora del despertar, con el fin de meditar en su Palabra" (Sal. 119, 148)

María, la modelo de discípula del evangelio, nos recuerda que para vivir nuestra vocación de catequistas tenemos que consagrar (=separar) momentos de nuestra vida cotidiana para ponernos a los pies del Señor a escuchar su Palabra.

 

Para reflexionar con la comunidad de catequistas

1) Partir de la vida

- Compartir brevemente qué nos sugiere la frase "Catequistas, hombres y mujeres de la Palabra y de la escucha".

- ¿Conocemos personas que vivan esta frase? Comentar brevemente quiénes y contarle al resto del grupo por qué.

2) Escuchar la Palabra

Leer el texto bíblico Isaías 50, 4-5

- ¿Qué dice el texto?

- ¿Cuáles son las acciones de Dios? ¿Cuáles las del discípulo?

Leer el texto bíblico Lucas 10, 38-42

- ¿Qué dice el texto?

- ¿Cuáles son las acciones de cada hermana? ¿Qué enseña Jesús?

3) Pensar en nuestra vida

- Aplicar ambos textos a nuestra vida de catequistas.

- ¿Qué es ser catequistas a la luz del texto de Isaías?

- ¿Cómo profundizar nuestra vocación a la luz del texto de Lucas?

- Compartir cómo vive cada uno en forma concreta el "escuchar la Palabra", ¿qué tiempo le dedicamos? ¿Cómo lo hacemos? ¿Qué dificultades encontramos? Aprender de las experiencias de los demás.

4) Orar nuestra vocación

- ¿Qué le pedimos y ofrecemos al Señor para vivir nuestra vocación de catequistas?

- Compartir las intenciones de cada uno y responder juntos:

- Señor, ayúdanos a escuchar mejor tu Palabra.

5) Un compromiso para vivir

- Juntos buscamos un compromiso para intentar profundizar nuestra vocación de "hombres y mujeres de la Palabra y de la escucha".

 

 
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