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La Catequesis de Niños

9) El Catequista de Niños

por Luis M. Benavides

 

 

No quisiera terminar la reflexión sobre la catequesis de niños sin dedicar unas consideraciones a quienes tienen que llevar adelante tan hermosa e importante misión.

El ministerio catequético tiene, en el conjunto de los ministerios y servicios eclesiales, un carácter propio, que deriva de la especificidad de la acción catequética dentro del proceso de la evangelización. La tarea del catequista de niños, como educador de la fe, difiere de la de otros agentes de la pastoral (litúrgica, caritativa, social...) aunque, obviamente, ha de actuar en coordinación con ellos. Esta tarea se hace hoy aún más imperiosa cuando muchos niños no reciben en sus hogares una formación religiosa conveniente.

Ser catequista de niños es un don, un llamado y un regalo del Padre. Los niños exigen total donación de sí, una entrega generosa y una permanente atención; pero como contrapartida, quienes tenemos la dicha de trabajar con niños, sabemos que todos estos esfuerzos se ven ampliamente recompensados. Los niños nos conectan con la vida, con el futuro, con la espontaneidad y la alegría de vivir. Y el buen Dios, a través de los niños, nos devuelve con creces todo lo que hagamos por ellos.

La catequesis de niños exige mucha dedicación, preparación, disponibilidad y gran ductilidad. Ser catequista de niños es una vocación particular, entre la gran variedad de vocaciones suscitadas como respuestas al llamado de Dios a servirlo en Iglesia. No todos estamos llamados a trabajar con niños, así como no todos tenemos predisposición para trabajar con ancianos, enfermos, presos u otras áreas pastorales. Cualquier catequesis especializada demanda una vocación y preparación específicas.

 

 

Perfil de Catequista de Niños

Teniendo en cuenta lo anterior, podemos establecer a modo orientativo un perfil del catequista de niños. Por supuesto, que este perfil no pretende ser completo, sino simplemente intenta esbozar algunos rasgos que debería tener o procurar tener un catequista de niños:

  • Un cristiano auténtico, miembro activo de la comunidad escolar y/o parroquial, inserto en pastoral diocesana.
  • Con madurez y equilibrio emocional para trabajar con niños.
  • Con sólida formación catequística, metodológica y doctrinal.
  • En lo posible, con título de catequista o estudios similares.
  • Con conocimientos de Didáctica, Pedagogía y Psicología Evolutiva.
  • Con capacidad para la comunicación, la animación y la conducción.
  • Con empatía hacia los niños, es decir que tenga cualidades fundamentales de relación y comunicación con los niños.
  • Que posea una actitud serena, cálida y acogedora, enmarcadas en un lenguaje sencillo; junto a una gran dosis de paciencia, alegría y serenidad.
  • Que sea humilde y sepa ganarse la confianza de los demás.
  • Que disfrute de trabajar en comunidad con otros catequistas.
  • Que manifieste gusto por la oración y disponibilidad ante las cosas de Dios, de manera que el gran ascendiente espiritual que ejerce sobre los niños sea fruto de su transparencia religiosa.

 

Una aclaración importante: este perfil no define edad, título o condición social. Por supuesto que todas estas cualidades no necesariamente son exigibles desde el comienzo. Algunos de estos rasgos forman parte de la personalidad del catequista, la mayoría de ellos se puede ir adquiriendo a través de un proceso gradual, comenzando como ayudante de catequista hasta ir completando y madurando los procesos de formación.

La presencia frente a los niños exige al catequista una clara opción de fe, expresada con el testimonio de su vida. Todo esto requiere una preparación cuidadosa, planificada y bien pensada de la catequesis, junto a una sólida formación y actualización permanentes. Claro está, que la catequesis no puede estar librada sólo a la buena voluntad y disposición de los catequistas. Es muy importante contar con un Plan de Formación de Catequistas, aprovechando las múltiples ofertas que suele haber al respecto en cada diócesis.

De todos modos, como decíamos antes, la vocación catequística es un don, un llamado del Padre. Por lo tanto, tenemos que tener confianza en Él. Si Dios nos llamó, nos va dar las fuerzas, el entusiasmo, las palabras para anunciar y vivir con alegría la Buena Noticia del Evangelio, en especial a los más pequeños.

 

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