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La Catequesis de Niños

4) Las etapas de la Catequesis de Niños (1ra. parte)

por Luis M. Benavides

 

LA CATEQUESIS DE LOS NIÑOS PEQUEÑOS
O CATEQUESIS DE PRE-INICIACIÓN (4 á 7 años)

 

Durante los primeros años de la infancia (4 á 7 años) el énfasis catequístico debiera estar centrado en la formación religiosa. En esta etapa es necesario atender primero a lo vivencial que a lo intelectual. El saber conceptual no representa sino un aspecto de la educación religiosa. Antes de saber quién es Dios, el niño puede y debe situarse en una relación de amor con Él. Así como hablamos la lengua antes de estudiar la gramática, nuestros niños deberán vivir su fe antes de aprender la doctrina.

Esto quiere decir que la Educación en la Fe que se ofrece en la etapa que coincide con Nivel Inicial o Preescolar, también conocida como Catequesis de Pre-iniciación, sintoniza más con la llamada Formación Religiosa que con la Enseñanza Religiosa; catequesis propia de edades posteriores, más sistematizada, cognitiva y de profundización.

La Catequesis de Preiniciación o Catequesis del Nivel Preescolar debiera entenderse como un camino interior, un itinerario espiritual, como el descubrimiento de una Presencia que transforma la vida. En este sentido, podríamos hablar de PRECATEQUESIS o CATEQUESIS INICIAL. El hecho de hablar de pre-catequesis no significa que, en esta etapa, no se ofrezca al niño una auténtica educación en la fe. Por el contrario, esta iniciación cristiana se realiza de forma embrionaria y va a sentar las bases, las raíces, los cimientos de la catequesis en los años posteriores.

Es la "edad de oro" del interés del niño por el mundo religioso; el mejor momento para iniciarlo en la fe. El niño siente fascinación y respeto frente a lo sagrado, está en una continua actitud contemplativa y mantiene un trato cordial y de confianza con Dios, como pocas veces en la vida.

El niño en esta etapa capta y recibe la Buena Noticia de manera global, sincrética y totalizadora. Esta pre-catequesis parte de una rica experiencia en valores humanos, para ir descubriendo lentamente la dimensión trascendente de la vida, a la luz del Evangelio.

Durante esta etapa, la imagen de Dios Padre es la que mejor complementa y se adecúa a los niños pequeños. Dios Padre, Bueno, Creador, Todopoderoso, Omnipotente es el complemento completo del niño: pequeño, desprotegido, necesitado, dependiente. La niñez es uno de los momentos de la vida humana en que la creatura encuentra naturalmente a su Otro, el Creador. Por este motivo, la catequesis sobre La Creación debe ocupar un lugar central durante esta etapa.

La catequesis en estos años es, fundamentalmente, AMBIENTAL. Los niños perciben como por ósmosis las actitudes religiosas adultas. Es imprescindible, crear un clima en el que se perciba la presencia de Dios. Las palabras y los gestos de los padres, el clima familiar, preparan el despertar en la fe. El elemento más decisivo está en las actitudes que los padres y educadores mantienen con respecto a Dios y a los demás y no, en el conocimiento acabado de las verdades cristianas ni en el sentimentalismo religioso.

"Un niño es la alegría no sólo de sus padres, sino también de la Iglesia y de toda la sociedad. ¡Qué importante es el niño para Jesús! En el niño hay algo que nunca puede faltar a quien quiere entrar en el Reino de los cielos. Al cielo van los que son sencillos como los niños, los que como ellos están llenos de entrega confiada y son ricos de bondad y puros. Sólo éstos pueden encontrar en Dios un Padre y llegar a ser, a su vez, gracias a Jesús, hijos de Dios.

Es propiamente así: Jesús y su Madre eligen con frecuencia a los niños para confiarles tareas de gran importancia para la vida de la Iglesia y de la humanidad.

Juan Pablo II
Carta a los Niños, diciembre de 1994.

 

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