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La Catequesis de Niños

3) Catequesis de Niños e Iniciación Cristiana

por Luis M. Benavides

 

La peculiaridad de la catequesis, distinta del anuncio primero del evangelio que ha suscitado la conversión, persigue el doble objetivo de hacer madurar la fe inicial y de educar al verdadero discípulo por medio de un conocimiento más profundo y sistemático de la persona y del mensaje de Nuestro Señor Jesucristo.

Se trata, en efecto, de hacer crecer, a nivel de conocimiento y de vida, el germen de la fe sembrado por el Espíritu Santo con el primer anuncio y transmitido eficazmente a través del bautismo. Es decir, que la catequesis debe a menudo preocuparse no sólo de alimentar y enseñar la fe, sino de suscitarla continuamente con la ayuda de la Gracia, de abrir el corazón, de convertir, de preparar una adhesión global a Jesucristo en aquellos que están aún en el umbral de la fe.

La catequesis de niños muchas veces se transforma en un camino privilegiado de iniciación cristiana. La iniciación cristiana busca introducir al niño de manera orgánica en la vida de la Iglesia, incluida también una preparación inmediata a la celebración de los sacramentos.

La catequesis de iniciación cristiana de los niños es una de las tareas que exige mayor reflexión, atención y dedicación de padres, catequistas, docentes y de la Iglesia en su conjunto. Esta catequesis da sentido a los sacramentos, pero a la vez recibe de los sacramentos vividos una dimensión vital que le impide quedarse en lo meramente doctrinal y que comunica al niño la alegría de ser testigo de Cristo en su ambiente de vida. La tarea catequística exige amor y profundo respeto al niño, el cual tiene derecho a una presentación sencilla y verdadera de la fe cristiana.

 

La iniciación cristiana de los niños

Además de la familia, entiendo que la escuela y la parroquia, entre otros, por ser lugares de maduración humana, se constituyen también en el ambiente propicio para del despertar religioso y, más concretamente, para la iniciación en la fe de los niños. La apertura a la trascendencia desde las primeras etapas evolutivas debe animar la educación global del niño.

Toda educación auténtica es una educación para y en la libertad. El sentido religioso de la educación es una condición indispensable para una opción religiosa libre. Es errónea y ofensiva para la libertad del niño la actitud de aquellos que, "por respetar esa misma libertad", intentan suprimir todo sentido religioso en la educación infantil; alegando que así el niño, cuando crezca y sea capaz de optar, podrá elegir más libremente.

Frente a esta postura, creo que es necesario tener en cuenta las siguientes consideraciones:

- No existe libertad absoluta. Nos vamos haciendo libres a partir de unos valores biológicos, psicológicos, sociales y ambientales que se nos dan y, desde los cuales, hay que ir conquistando la libertad. Esta conquista se inicia balbuceantemente, a modo de opciones embrionarias transitorias, desde la primera infancia.

- Si los niños no tienen posibilidades de una orientación religiosa, sus vidas quedarán marcadas por la ausencia de esa orientación; lo cual supone la falta de elementos y criterios fundamentales a la hora de optar.

- Además, los niños son un reflejo de la sociedad en que viven. Los adultos, de una manera u otra, les imponen las costumbres, la lengua, las influencias, las opciones políticas, los valores de la cultura en que están inmersos. Pretender una educación totalmente neutra es absurdo e irreal. Lo que se puede pretender es procurar que estos valores les lleguen con autenticidad, espíritu crítico y siempre en vistas a una opción libre.

- Visto desde el plano de la fe, cuando uno se ha encontrado con el Dios viviente, ha sido cautivado y seducido por Él; no queda otro camino que comunicárselo a los demás para que ellos también se encuentren con el Señor de la Vida. Con mayor razón, cuando se trata de los seres que más queremos: a ellos uno quiere brindarle lo mejor y ¡qué mejor para brindarles que el mismo Jesucristo!

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