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El método Catequístico

15) Las tareas fundamentales de la Catequesis

por Luis M. Benavides

 

Entre las tareas fundamentales que la catequesis debe llevar adelante, el Directorio Catequístico General destaca la necesidad de ayudar a conocer, celebrar, vivir y contemplar el misterio de Cristo.  (Cfr. DCG 85-87)Estas tareas son:

  1. Propiciar el conocimiento de la fe.
  2. La iniciación y educación litúrgica.
  3. La formación moral.
  4. Enseñar a orar.
  5. La iniciación y educación para la vida comunitaria.
  6. La iniciación para la misión.

 

1. Propiciar el conocimiento de la fe

El que se ha encontrado con Cristo desea conocerle lo más posible y conocer el designio del Padre que Él reveló.  Ya en el orden humano, el amor a una persona lleva a conocerla cada vez más.  La catequesis debe conducir, por tanto, a la comprensión paulatina de toda la verdad del designio divino, introduciendo a los discípulos de Jesucristo en el conocimiento de la Tradición y de la Escritura (Flp 3,8).   Los conocimientos son básicos e importantes, aunque por sí solos incompletos; complementan la experiencia de fe.  Sin conocimientos nuevos o profundización de los ya adquiridos no hay catequesis ni crecimiento en la fe.  Los conocimientos deben ser ciertos, seguros y adaptados a la edad de los niños.

 

2. La iniciación y educación litúrgica

En efecto, Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica.  La comunión con Jesucristo conduce a celebrar su presencia salvífica en los sacramentos y, particularmente, en la Eucaristía.  La Iglesia desea ardientemente que se lleve a todos los fieles cristianos (entre ellos a los niños) a aquella participación plena, consciente y activa que exige la naturaleza de la liturgia misma y la dignidad de su sacerdocio bautismal.  En este campo, las Celebraciones de la Palabra constituyen un ámbito privilegiado de iniciación litúrgica.

 

3. La formación moral

La conversión a Jesucristo implica caminar en su seguimiento. La catequesis debe, por tanto, inculcar en los discípulos las actitudes propias del Maestro.  La evangelización, que comporta el anuncio y la propuesta moral, difunde toda su fuerza interpeladora cuando, junto a la palabra anunciada, sabe ofrecer también la palabra vivida.  La catequesis es esencialmente la transmisión de una experiencia vivencial que sólo se alcanza, viviéndola.  Sin experiencias de fe no hay catequesis. (Cfr. Jn. 15,4-17; Jn.17, 6-8.18-26; 1Jn. 1,1-14;Evangelii Nuntiandi nº46).  Si no hay conexión con la vida del catequizando, la catequesis pierde su sentido.

 

4. Enseñar a orar

La comunión con Jesucristo lleva a los discípulos a asumir el carácter orante y contemplativo que tuvo el Maestro.  Cuando la catequesis está penetrada por un clima de oración, el aprendizaje de la vida cristiana cobra toda su profundidad. La oración es la META CULMINANTE de la catequesis.  Sin oración no hay catequesis.  Es indispensable hablar "con" Dios además de hablar "de" Dios.  El papel de la catequesis es llevar al encuentro con Dios Padre, con Dios Hijo y con Dios Espíritu. 

 

5. La educación para la vida comunitaria.

La vida cristiana en comunidad no se improvisa y hay que educarla con cuidado. Para este aprendizaje, la enseñanza de Jesús sobre la vida comunitaria reclama algunas actitudes que la catequesis deberá fomentar: el espíritu de sencillez y humildad; la solicitud por los más pequeños; la atención preferente a los que se han alejado; la corrección fraterna; la oración en común; el perdón mutuo. (Jn 13,34).   Los niños tienen que sentirse partícipes de la Iglesia, desde sus primeros pasos en la catequesis.  Es esta actitud de acogida, de pertenencia, de adhesión a la comunidad la que posibilitará en el futuro hacerlos sentir miembros activos de la Iglesia. El amor fraterno constituye el legado medular del mensaje evangélico

 

6. La iniciación para la misión

La catequesis está abierta, igualmente, al dinamismo misionero.  En ese sentido, hay que preparar a los niños para dar testimonio con alegría a otros niños y adultos de su fe.  En esta línea, cobran sentido todas las acciones que llevan a una auténtica y coherente infancia misionera.  Las actitudes evangélicas que Jesús sugirió a sus discípulos, cuando les inició en la misión, son las que la catequesis debe alimentar.  En la educación de este sentido misionero, la catequesis preparará para el diálogo interreligioso, que capacite a los fieles para una comunicación fecunda con hombres y mujeres de otras religiones y la búsqueda de la unidad.  

 

Estas tareas de la catequesis constituyen, en consecuencia, un conjunto rico y variado de aspectos.  Interesa en gran manera que la catequesis conserve esta riqueza de aspectos diversos, con tal de que un aspecto no se separe de los demás, en detrimento de otros.  Si la catequesis descuidara alguna de ellas, la fe cristiana no alcanzaría todo su crecimiento. Todas estas tareas son necesarias.

Cada una de estas tareas realiza, a su modo, la finalidad de la catequesis. Se implican mutuamente y se desarrollan conjuntamente. Para realizar estas, la catequesis se vale de dos grandes medios: la transmisión del mensaje evangélico y la experiencia de la vida cristiana.  La educación litúrgica, por ejemplo, necesita explicar qué es la liturgia cristiana y qué son los sacramentos, pero también debe hacer experimentar los diferentes tipos de celebración, descubrir y hacer amar los símbolos, el sentido de los gestos corporales, etc.

Cada dimensión de la fe, como la fe en su conjunto, debe ser enraizada en la experiencia humana, sin que permanezca en la persona como un añadido o un aparte. Las diferentes dimensiones de la fe son objeto de educación tanto en su aspecto de "don" como en su aspecto de "compromiso". Ambas facetas deben ser cultivadas. El conocimiento de la fe es significativo, ilumina toda la existencia y dialoga con la cultura, en la liturgia, toda la vida personal es ofrenda espiritual. Por otro lado, la experiencia de fe asume y eleva los valores humanos, convocando a los demás al seguimiento de Cristo.  La catequesis, por lo tanto, debe ocuparse de la educación y crecimiento en la fe; procurando, al mismo tiempo, que este crecimiento se manifieste y exprese en la vida personal y comunitaria, en la síntesis entre fe, cultura y vida.

 

 

 
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