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El método Catequístico

13) Los tres grandes pasos del encuentro catequístico

por Luis M. Benavides

 

1) PARTIR de la SITUACIÓN DE VIDA o EXPERIENCIA VITAL DEL CATEQUIZANDO.

Partimos de la experiencia humana, de lo que le pasa o acontece al catequizando en su vida personal y comunitaria. La vida concreta que está  viviendo y que tiene cierta importancia, que le afecta, que le impacta.  ¡OJO: no se trata de la experiencia personal del catequista!

Este proceso implica conocer para amar.  Conocer el aquí y el ahora del grupo de catequizandos; en nuestro caso, los niños.  Es decir, conocer sus valores, sus normas, su psicología, sus manifestaciones, su historia, su contexto familiar y social, su sexualidad, su religiosidad, sus formas de expresarse, su lenguaje propio, sus preocupaciones fundamentales; en una palabra, sus interrogantes vitales.  Se trata de MIRAR LA VIDA.  Esto implica atender a la DIMENSION ANTROPOLÓGICA presente en el catequizando.

Dicho de otra manera, CONOCER EL CUESTIONAMIENTO VITAL QUE MOVILIZA TODO SU SER y lo coloca en tensión hacia lo absoluto.  El catequista debe ayudar al catequizando a que profundice su propia situación, que la relacione con lo que también le pasa a los otros y que se lance a la búsqueda en común, a la búsqueda existencial, condición indispensable para poder esperar algo de Dios. 

Es indispensable un diálogo sincero y profundo, una auscultación atenta y lo más realista posible, con el grupo de niños sobre cuáles son realmente sus preocupaciones y aspiraciones esenciales.  Debemos prestar mucha atención a la situación, al aquí y ahora en que se encuentran los niños con los cuales trabajamos. 

Para ello tendremos que tener presente:

  • los rasgos psicológicos evolutivos propios de la edad;
  • su situación afectiva; la integración familiar y grupal;
  • las capacidades intelectuales, psicomotrices y socioafectivas;
  • los intereses y expectativas que más los atrapan;
  • las experiencias históricas de estos niños concretos: situación y ambiente familiar, el contexto barrial y social en que viven;
  • la cultura familiar, grupal y social en que se mueven: los programas de TV que más ven; los modelos culturales y deportivos; los juegos en que participan‚ etc.
  • el bagaje y formación religiosa que traen de sus casas;
  • el nivel de pertenencia a la Iglesia o de relación con ella.

 

2) EL ANUNCIO O PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS

La situación de vida anterior es vista a la luz de la Palabra de Dios.  Se ayuda al catequizando y a su grupo a iluminar su vida con el Evangelio. La Palabra de Dios es el núcleo fundamental, el centro de  toda catequesis.  Sin Palabra de Dios no hay catequesis, ya que ella es el eje de la educación de la fe.  Ella es la "fuente viva" de la catequesis.  La Palabra de Dios es el contenido mismo de la catequesis, ya que:  “La Palabra se hizo carne y plantó su tienda entre nosotros” (Jn. 1,14).

Por ello, decimos y hablamos de la DIMENSION CRISTOCÉNTRICA DE LA CATEQUESIS.  Jesús es fuente, contenido y mediador de la Palabra, él mismo es el contenido fundamental y unificante de toda la catequesis. El catequista, como la samaritana tiene que provocar en la catequesis el encuentro personal y comunitario con Jesucristo. 

Todo esto supone que el mismo catequista tenga un contacto asiduo y directo con la Palabra.  Un catequista que no lee, reflexiona, estudia ni ora la Palabra de Dios, pronto no hará más que anunciarse a sí mismo.  El catequista debe ser un gran "escuchador" de la Palabra, ya que él es el portador de un mensaje, que él mismo recibió a su vez y debe releerlo continuamente para mantenerlo vivo en su corazón.

 

3) LA RESPUESTA PERSONAL O CAMBIO DE VIDA FRENTE A LA EXPERIENCIA DE LA FE

La Palabra de Dios se dirige al hombre para que escuche su invitación y responda a su amor.  La tercera etapa, en todo proceso catequístico, es la respuesta personal.  El encuentro con el Dios viviente (con su Palabra) provoca, pide y exige una respuesta personal.  La respuesta debe ser una respuesta libre y debe conducir al hombre a una libertad cada vez mayor. 

El hombre responde libremente a la llamada de amor de Dios por medio de un CAMBIO DE VIDA, que se expresa la búsqueda y conversión diaria a la voluntad de Dios en nuestras vidas. Este cambio, esta respuesta se manifiesta especialmente en comunidad.  Sin comunidad no hay catequesis.  El anuncio del Evangelio no es individualista, muy por el contrario, es un anuncio comunitario. De allí que podemos hablar de la DIMENSIÓN ECLESIAL DE LA CATEQUESIS.

La vida de fe se manifiesta exteriormente en un MODO DE VIDA, en un COMPORTAMIENTO NUEVO, en CONDUCTAS RENOVADAS.  Como dice el apóstol Santiago: "... la fe se demuestra con obras." (Sant. 2,14-25; Jn.10, 25.37-38; 1Jn. 3,18; Mt. 5,16)  De todos modos, el compromiso de vida surge más profunda y auténticamente con la maduración de la fe en los años posteriores.

 

1') NUEVA SITUACIÓN DE VIDA

Los tres pasos anteriores se suceden continuamente; ya que, luego de que el individuo o grupo cambiaron en algo sus vidas, se genera una NUEVA SITUACIÓN DE VIDA  que necesita ser iluminada con el Evangelio otra vez, para producir un nuevo cambio y así, sucesivamente.  Por supuesto que, al tratarse de seres humanos, todo este proceso puede interrumpirse, trabarse, adelantarse y modificarse una y otra vez.  Por ello, siempre habrá  que recomenzar, como la vida.


"En el centro de la catequesis encontramos esencialmente una Persona, la de Jesús de Nazaret, Unigénito del Padre, que ha sufrido y ha muerto por nosotros y que ahora, resucitado, vive para siempre con nosotros... Catequizar es... descubrir en la Persona de Cristo el designio eterno de Dios... Se trata de procurar comprender el significado de los gestos y de las palabras de Cristo, los signos realizados por Él mismo". El fin de la catequesis: "conducir a la comunión con Jesucristo: sólo Él puede conducimos al amor del Padre en el Espíritu y hacemos partícipes de la vida de la Santísima Trinidad".

 

Catecismo de la Iglesia Católica, 426

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