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Jesús y los pecadores. Tomar partido.

por Marcelo A. Murúa

La sociedad de los tiempos de Jesús presenta no pocas similitudes con la nuestra. Conocer las opciones de Jesús, sus prácticas y las motivaciones profundas que las generaban, nos pueden dar indicios certeros, para discernir por dónde pasa el camino de la fidelidad al Evangelio en nuestros días. Y recoger pistas para construir las alternativas por donde anunciar y realizar el Reino.

En el artículo anterior "Jesús y los pecadores. Respuestas a la exclusión social", comentamos una apretada síntesis de las características más sobresalientes de la sociedad judía de los tiempos de Jesús. Señalamos los diferentes grupos que podían reconocerse según los distintos criterios que tuviéramos en cuenta para observar las diferencias entre la población, a nivel económico, social o religioso.

La sociedad judía se nos presentaba como una sociedad fragmentada en diferentes grupos, algunos de los cuales sobrellevaban el estigma de ser considerados pecadores. Ya sea por su trabajo, condición social, ignorancia o enfermedad. Era el grupo de los marginados, y estaba constituido por numerosas personas.

Jesús, como integrante de la sociedad de aquel tiempo, conocía las razones de la marginación, principalmente motorizada por una interpretación legalista de la Ley y una concepción equivocada de Dios.

Ante esta situación, es importante observar la reacción de Jesús, su práctica y las motivaciones profundas que la sustentaban.

 

La práctica de Jesús.

Análisis de Mc. 1, 9-3, 6

Los primeros capítulos del evangelio de Marcos nos brindan señales claras de las opciones concretas de Jesús en su vida pública.

1, 9 Jesús hace su aparición en el evangelio de Marcos, quien pone de manifiesto su historicidad, "es de Nazaret", y al mismo tiempo, señala su inicial reconocimiento del movimiento bautista de Juan, a quien acude hasta el río Jordán, en Judea, para ser bautizado.

1, 10-11 Al bautizarse, el Espíritu Santo reposa sobre él, y Dios se dirige a él con las palabras: "Tú eres mi Hijo amado, el elegido". Estas tempranas palabras del Padre son un reconocimiento y un desafío para Jesús, ¿en qué medida su vida será coherente con esta declaración de Dios? ¿cómo vivir en la práctica el ser Hijo de Dios? El contenido del evangelio es la respuesta de Jesús a este desafío existencial, y, reconocida su práctica, por el Padre, a través de la Resurrección, se nos ofrece como el camino normativo a seguir. Veamos cuál es.

1, 12-13 Jesús se retira al desierto para discernir sobre su próxima vida pública.

1, 14-15 Su primera decisión queda de manifiesto. Deja el movimiento de Juan y vuelve a su región, Galilea, donde comienza a predicar la Buena Noticia del advenimiento del Reino de Dios, y a proclamar un cambio ético, de vida, para recibirlo y participar de él.

1, 16-20 Llama a los primeros discípulos. Hombres sencillos, trabajadores, de pueblo, como él. Seguramente tenidos como ignorantes en las cosas de la religión, por los conocedores de ella, recordemos, maestros de la Ley y fariseos.

1, 21-22 Comienza a enseñar. Primero en la sinagoga, el lugar de oración y aprendizaje, dentro de la sociedad judía de su tiempo. El pueblo se asombra. "Enseña con autoridad". ¿qué significa en este contexto "autoridad"? Seguramente nada relacionado con el poder que da el conocimiento, pues éste era exclusividad de los escribas. Tal vez, la coherencia de vida, o el reconocimiento de una autoridad diferente, que está emparentada con una forma de ser (resuena el "Tú eres mi Hijo amado") y de demostrarlo...

1, 23-28 La respuesta la dan los hechos. Y tiene mucho que ver con las dos razones antepuestas. Jesús enseña y cura, predica y libera. Su doctrina y su práctica está intímamente unidas. Vive una transparencia absoluta, lo que es lo vive, lo muestra.

1, 29-31 Nuevamente. Para reafirmar su coherencia, aparece Jesús sanando a la suegra de Pedro. El Hijo libera del demonio y de la enfermedad.

1, 32-34 Cura, atiende, acoge multidudes. Es interesante recordar lo que decíamos en el artículo anterior sobre los enfermos, endemoniados y muchedumbres. Pertenecían, en su conjunto, al grupo de la población considerados "pecadores", ya sea por su enfermedad (consecuencia de algún pecado, para la cultura de la época), o por estar poseído por algún espíritu malo, o simplemente por pertenecer a la gran turba de ignorantes. Muchos de ellos también eran, socioeconómicamente, pobres. Con seguridad la mayoría de ellos.

1, 35-38 Otra vez observamos a Jesús que se retira a un lugar desolado. El monte, de madrugada, para discernir los pasos a seguir. ¿Cuál será la voluntad de Dios? ¿De qué manera "ser Hijo"?

1, 39 Siendo fiel a la primera opción, la madre de todas las demás. Enseñar y liberar. Predicar y expulsar demonios, en el lenguaje de aquellos días.

1, 40 El acercamiento de un leproso lo enfrentará a una opción decisiva. Como buen judío sabía que era el prototipo del "impuro", y que el contacto con él producía impureza. Por eso se los excluía de la comunidad. El ruego no implica, solamente, una cuestión de salud. La curación trae aparejado la posibilidad de reintegro a la sociedad. Jesús se conmueve. Se revela (es) como Hijo de un Padre que también es compasivo, lento a la ira y rico en misericordia. Nos muestra el rostro de un Dios sensible a la miseria humana, a la enfermedad, a la marginación. Y, consciente de que el paso que va a realizar no tiene vuelta, lo toca diciendo "Quiero, queda limpio". Para la mentalidad legalista de los escribas y fariseos, que concebían las leyes de pureza ritual como un absoluto, Jesús quedaba manchado e impuro. El "milagro" nos revela la lógica de Dios, y en qué consiste ser Hijo, si uno toma partido por el proyecto de Dios. La lepra desapareció al instante, quedó sano y por eso nace la vida nueva. Puede reintegrarse a la sociedad, que, equivocadamente, lo había marginado.

1, 43-44 La instrucción de Jesús no persigue un interés ritualista sino lo dicho anteriormente. Cumplir con el requisito que legalizaría su reintegro a la comunidad.

1, 45 La gente lo busca. Lo reconoce. "Enseña con autoridad"..."El Reino se ha acercado"..."Tú eres mi Hijo"...Jesús toma partido para ser fiel a Dios.

2, 1-2 La gente vuelve. Acude a Jesús.

2, 3 Jesús enseñaba la Palabra. Palabra creadora de vida, liberadora de todo lo bueno que hay en el hombre. (Recordar el episodio anterior "Quiero"...la Palabra que libera. Doctrina y Praxis, unidas).

2, 4-5 Jesús vuelve a conmoverse. La fe de la gente es capaz de abrir brechas para que estalle la vida, donde menos se lo espera...¡entrar una camilla por el techo!) La respuesta de Jesús reafirma las opciones anteriores. "Hijo, se te perdonan tus pecados". La Palabra que crea vida nueva. Cura la enfermedad y re-descubre el sentido de la vida. Pero la frase de Jesús esconde algo más. Para nosotros, personas del siglo XX, puede pasar desapercibido, pero no para un judío del siglo I d.C. A Dios no se lo podía nombrar, por lo tanto para referirse a su accionar muchas veces se empleaba el "pasivo divino". Decir "se te perdonan tus pecados" equivalía a decir "tus pecados te son perdonados por Dios".

El accionar de Jesús, ¿se confunde, irrespetuosamente, con el de Dios?, como pretendían los fariseos, o revela ¿cómo es verdaderamente Dios y cómo actúa, y cuáles son sus preferencias?

La práctica de Jesús genera un grave conflicto en torno a ¿quién es Dios? ¿Es como dice este carpintero o como enseñamos, nosotros, conocedores y estudiosos de la Ley del Señor?, se preguntan los fariseos, seguros de su respuesta.

2, 8-11 La respuesta de Jesús es su práctica. Una vez más, la Palabra irrumpe en la historia para generar vida, esperanza y sentido. El paralítico toma su camilla y se va caminando. Jesús desafía la doctrina que oprime al hombre y esconde el rostro del verdadero Dios.

2, 12 El pueblo reconoce a Dios que libera. "El tiempo se ha cumplido".

2, 13 La escena se traslada a orillas del lago. Un lugar extraño para enseñar. La costumbre era aprender en la sinagoga. Era el lugar. Tal vez ya no lo sea más. Y el mensaje del Reino se anuncie desde la periferia, desde las afueras de la ciudad. Indicando la intención de Dios de integrar y acercar a los que quedaban fuera del círculo de puros y conocedores de la Ley.

2, 14-15 La práctica de Jesús confirma lo expuesto. En el camino convoca al seguimiento. Y el convocado era un cobrador de impuestos. Prototipo (en forma similar al leproso) de la persona pecadora. Pero Jesús no solamente convoca, también comparte la mesa. Con-fraterniza con los pecadores. Se a-proxima, se hace prójimo, cercano, de igual condición.

2, 16 El conflicto con la interpretación doctrinal que sostiene el mecanismo de marginación estalla otra vez. "¿Qué es esto?".

2, 17 Jesús justifica su práctica, explicitando las preferencias de Dios.

2, 23-28 Saciar el hambre está por encima de la Ley. Con un ejemplo de la vida de David, Jesús intenta convencer a sus interlocutores del sentido común de sus acciones y sus palabras. "La Ley está hecha para el Hombre", y no al revés.

3, 1 Nuevamente en la sinagoga, un hombre enfermo.

3, 2 Sus enemigos lo observan con atención para encontrar el motivo para acusarlo.

3, 3 Jesús llama al enfermo, a la vista de todos, para que no queden dudas o malos entendidos.

3, 4 El desafío a la doctrina equivocada, generadora de exclusión y muerte, está enunciado.

3, 5 La Palabra liberadora pone al hombre de pie. Resuena el imperativo divino del Génesis: "Hagase...se hizo...y vio Dios que era bueno". La palabra de Jesús "Extiende tu mano" revela la misma autoridad y vocación de hacer el bien. El hombre recobra el movimiento de su mano. Se reintegra a la vida plena. Hay motivo para la fiesta.

3, 6 ¿Lo hay? La interpretación ciega de los conocedores de la Ley les impide ver la irrupción del Reino. La reacción homícida de los fieles practicantes de la doctrina desnuda su incapacidad de re-conocer a Dios. Se confabulan con sus adversarios, los herodianos, para dar muerte a Jesús. La suerte está echada. Tomar partido tiene sus riesgos.

 

Jesús toma partido.

Ejes para reflexionar su práctica.

+ Jesús enseña y libera. Su doctrina y su práctica están firmemente unidas. Se alimentan mutuamente. En la fidelidad a ambas va realizando su vocación de Hijo de Dios.

+ El Reino comienza por incluir y re -integrar a la vida a quienes, injustamente, se había excluido.

+ Jesús tiene una postura clara. Contra-dictoria con la interpretación doctrinal de un sistema que condenaba a la mayoría. Jesús está contra el discurso que fundamenta la exclusión y la marginación.

+ Va al encuentro de las multitudes, de los enfermos, de los pecadores. Los busca, lo ve. No permanece indiferente, no permanece en omisión.

+ Desenmascara una forma de entender a Dios que esconde su verdadero rostro. El es compasivo y generador de Vida. Quiere Justicia para todos.

+ Contra una lógica del sistema excluyente de las mayorías, la lógica del Reino se revela inclusora y receptiva. En su mesa hay lugar para todos lo que no estaban invitados.

+ La práctica de Jesús nos revela quién y cómo es Dios.

 

Para pensar en nuestros días...

Ante un panorama de exclusión de la sociedad y marginación de la vida de una importante fracción de la población, Jesús no se queda al margen. Interviene colocándose decididamente del lado de los más debiles y despojados. Toma partido, y decide intentar un cambio de la situación a partir de una práctica liberadora que desafía las raíces de la exclusión.

Lo importante para nosotros es reconocer que la motivación profunda que movía a Jesús a actuar de esta manera no es una razón cultural, o política, o social. En la práctica de Jesús existe un imperativo ético y una fundamentación religiosa.

Jesús vive como lo hace porque en el corazón de la realidad humana no hay manera de ser más humano que solidarizándose con el que sufre y compartiendo la vida con él.

Pero además, la vida de Jesús nos revela, en la historia, la manera de ser del propio Dios.

Jesús muere por atentar contra las raíces de un dios que da razón a un sistema que doblega y humilla la vida. Desenmascara al ídolo de muerte que había ocupado el lugar del Dios de la Vida.

Jesús toma partido. Se pone del lado de los excluidos, injustamente, para generar condiciones nuevas que permitan su integración a la sociedad. Derriba los prejuicios y fundamentos que originan la marginación. Nos muestra el camino a seguir para que venga el Reino de Vida en abundancia.

Su práctica quedó truncada. Lo mataron por proclamar, con su vida y sus palabras, que era el verdadero Hijo de Dios. Lo mataron por proclamar, con su vida y sus palabras, el verdadero reinado de Dios, en la justicia y la inclusión de todos a la Vida.

Murió. Pero su vida no terminó con la cruz. El Padre levantó su Nombre sobre todo nombre y nos propuso su camino como el camino a seguir. Su vida es normativa para sus seguidores. Traza la dirección a pro-seguir.

La Resurrección nos señala que la Palabra, creadora y liberadora, es siempre más poderosa que las fuerzas del mal y de la muerte. Optar como Jesús. Tomar partido. Practicar el discernimiento y comprometerse en la lógica del Reino.

¿Serán, tal vez, el agua viva donde abrevar para vivir fieles y coherentes al Evangelio?

 

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