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Jesús-Eucaristía, pan para la vida de todos
Para reflexionar y orar sobre la Eucaristía

por Marcelo A. Murúa

 

En la columna de la izquierda podrá grabar un archivo pdf de este artículo. Usamos este formato, que se lee con el Acrobat Reader, porque el archivo le permitiría imprimir un folleto con dibujos.

 

La Palabra nos presenta a Jesús-Eucaristía

 

El capítulo 6 del evangelio de Juan es clave para comprender el significado de la Eucaristía para nuestra vida de fe. En él, el evangelista nos presenta a Jesús como pan de vida, a través del signo de la multiplicación de los panes, y a continuación, a través de un largo discurso de Jesús. Para profundizar la reflexión dividiremos al texto en cuatro partes.

 

1) Jesús da de comer a la multitud

Jn. 6, 1-15

" Después Jesús pasó a la otra orilla del lago de Galilea, cerca de Tiberíades. Le seguía un enorme gentío, a causa de las señales milagrosas que le veían hacer en los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua , la fiesta de los judíos. Jesús, pues, levantó los ojos y, al ver el numeroso gentío que acudía a él, dijo a Felipe: «¿Dónde iremos a comprar pan para que coma esa gente?» Se lo preguntaba para ponerlo a prueba, pues él sabía bien lo que iba a hacer. Felipe le respondió: «Doscientas monedas de plata no alcanzarían para dar a cada uno un pedazo.» Otro discípulo, Andrés, hermano de Simón Pedro, dijo: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es esto para tanta gente?» Jesús les dijo: «Hagan que se sienta la gente.» Había mucho pasto en aquel lugar, y se sentaron los hombres en número de unos cinco mil. Entonces Jesús tomó los panes, dio las gracias y los repartió entre los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, y todos recibieron cuanto quisieron. Cuando quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos que han sobrado para que no se pierda nada.» Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos que no se habían comido: eran las sobras de los cinco panes de cebada. Al ver esta señal que Jesús había hecho, los hombres decían: «Este es sin duda el Profeta que había de venir al mundo.» Jesús se dio cuenta de que iban a tomarlo por la fuerza para proclamarlo rey, y nuevamente huyó al monte él solo."

Esta escena de la vida de Jesús, conocida como la "multiplicación de los panes" es un relato que figura en los cuatro evangelios. Este sencillo dato nos da la pauta de que fue un hecho de vida significativo para las comunidades cristianas de los primeros años de la iglesia. Sabemos que los evangelios no son biografía de Jesús sino anuncio de su Buena Noticia (tal el significado de la palabra "evangelio"), y que por estar escritos en diferentes contextos históricos y para distintas comunidades destinatarias tienen textos comunes y textos particulares (propios de cada evangelista). Este relato constituye uno de los textos que sí aparecen en los cuatro evangelios, señal de su importancia y mensaje.

Juan ubica la escena en la costa judía del lago de Galilea, cerca de la ciudad de Tiberíades (en la costa del lago había varias ciudades por donde Jesús estuvo predicando durante su estadía en Galilea).

Mucha gente acudía a verlo y escucharlo. La predicación de Jesús se caracterizaba por una práctica liberadora centrada en la curación de los enfermos y la atención de los marginados. El pueblo acudía y lo seguía.

Jesús contempla el gentío y se compadece por ellos. Manifiesta a sus discípulos su preocupación por las necesidades de la gente. Jesús se preocupa por el hambre del pueblo, por lo que podrían o no comer. Practica y vive lo que luego nos enseña: a Dios le preocupa la vida concreta de las personas y juzgará nuestras vidas desde la óptica concreta de la solidaridad y la fraternidad con los hermanos (ver Mt. 25, 31-46).

Es interesante descubrir que Jesús no se queda en el diagnóstico de la situación: "la gente tiene hambre"… sino que se compromete a sí mismo y a sus discípulos a buscar una solución a la situación "¿Dónde iremos a comprar pan…?", que equivale a "¿Qué haremos nosotros por esta gente"

La actitud de los discípulos también es interesante para analizar. Felipe se sorprende con la pregunta del Maestro y su respuesta esta cargada de lógica humana " Doscientas monedas de plata no alcanzarían para dar a cada uno un pedazo". Una moneda de plata era el salario o jornal de un día de trabajo. La cantidad expresa un suma importante de dinero pero su significado es más profundo. Cuántas veces nosotros contemplamos las situaciones de injusticia de nuestro tiempo y nos desalentamos "¡Nada se puede hacer!", "Las cosas nunca van a cambiar", "Con tan poco no se puede hacer mucho…" Con sus palabras Felipe quiere decir que cree imposible dar de comer a toda esa gente. El segundo discípulo que aparece en el relato, Andrés, hace un aporte más positivo, aunque también plantea sus dudas e incredulidad. Vale la pena recordar que Andrés fue uno de los dos discípulos que primero encontraron a Jesús, según el evangelio de Juan y que luego de encontrar a Jesús fue a buscar a su hermano Simón y le dió testimonio de Jesús (Jn. 1, 35-42). En este relato vuelve a aparecer una actitud característica del discípulo (y por lo tanto de quienes buscamos seguir los pasos de Jesús): es quien es capaz de descubrir a su alrededor los dones que Dios ha repartido, aún cuando no alcance a comprender. Andrés señala que un muchacho tiene algo de alimentos, aunque a su juicio no es suficiente "¿qué es esto para tanta gente?".

Jesús interviene tomando la iniciativa. Les da instrucciones a sus discípulos y la gente se sienta en grupos. Las soluciones no son individuales sino comunitarias, Jesús organiza a la gente, le enseña a compartir.

Tomando los panes y los pescados Jesús hace un gesto: da gracias y los reparte. El gesto de Jesús nos recuerda otros momentos de su vida: la cena antes de morir (Mc. 14, 22), el encuentro con los discípulos de Emaús (Lc. 24, 30).

Un detalle del texto puede pasar inadvertido. Los panes que el muchacho acerca son de harina de cebada, la harina de los pobres en los tiempos de Jesús. La harina de trigo era más refinada y su costo era mayor. El pueblo sencillo hacía su pan con harina de cebada. Jesús valora el aporte sencillo y a partir de lo que la gente ofrece actúa y cambia la vida (es una característica de Jesús partir del aporte humano para hacer sus señales milagrosas, este aporte puede ser material o una actitud, como en la curación del paralítico, ver Mc. 2, 1-12).

A continuación se señala que todos recibieron cuanto quisieron y los discípulos recogieron doce canastos con lo que había sobrado. Las cifras son evidentemente simbólicas, propias del gusto y entendimiento del pueblo judío, que adjudicaba significados a los números.

El texto no habla en ningún momento de multiplicación de los panes a pesar de que la tradición ha conservado ese título para esta escena evangélica.

Jesús acepta el aporte del niño, da gracias, lo reparte… y todos comieron y se saciaron. Un dicho popular de nuestros días afirma "Cuando se comparte, alcanza y sobra…" Un excelente teólogo de nuestros días, Albert Nolan, nos abre una ventana a una comprensión del texto que nos compromete y nos interpela:

 

" El mejor ejemplo del empeño de Jesús por educar a la gente a repartir lo que posee, es el milagro de los panes y los peces (Mc. 6, 35-44, par.). Este episodio fue interpretado por la primitiva iglesia y por todos los evangelistas como un milagro de multiplicación (aunque ninguno de ellos lo dice expresamente). La forma habitual de llamar la atención sobre un milagro consiste en decir que la gente quedó perpleja, pasmada o enmudecida. En este caso, no se nos dice nada de esto; lo que se nos dice es que los discípulos no habían comprendido (Mc. 6, 52; 8, 17-18, 21). El acontecimiento tiene un significado más profundo. Pero, en sí mismo, no fue un milagro de multiplicación, sino extraordinario ejemplo del hecho de compartir."

¿Quién es este hombre? Albert Nolan, pág. 87. Ed. Sal Terrae

 

La escena termina en forma enigmática. La multitud aparenta reconocer al Mesías esperado, pero Jesús que advierte una intención que no es compatible con el proyecto de Dios se aleja y busca refugio en el monte, en soledad.

El final evoca la profesión de fe de Pedro, en la cual también hay un incipiente descubrimiento de la persona de Jesús,pero que no responde al proyecto de Dios. El reproche a Pedro (Mc. 8, 33) tiene el mismo origen que la huida de Jesús de la gente. La imagen de sí mismo que Jesús quería ofrecer no era el Mesías poderoso, el rey esperado, sino el Mesías sufriente, que reconocemos en los textos proféticos de Isaías (Is. 42, 1 ss).

La escena termina con Jesús en el monte, en soledad. Como en varias otras ocasiones nos lo señalan los evangelistas (Mc. 1, 35; Lc. 6, 12). El monte, lugar de oración y encuentro profundo con el Dios de la Vida, para buscar y conocer su voluntad, para discernir el camino a seguir, para abrevar en el agua que da vida y fuerza para continuar: la presencia del Padre y el diálogo con El.

 

2) Jesús, pan para la vida

Jn. 6, 28-51

" Entonces le preguntaron: «¿Qué tenemos que hacer para trabajar en las obras de Dios?» Jesús respondió: «La obra de Dios es ésta: creer en aquel que Dios ha enviado.»

Le dijeron: «¿Qué puedes hacer? ¿Qué señal milagrosa haces tú, para que la veamos y creamos en tí? ¿Cuál es tu obra? Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, según dice la Escritura: Se les dio a comer pan del cielo.»

Jesús contestó: «En verdad les digo: No fue Moisés quien les diio el pan del cielo. Es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo. El pan que Dios da es Aquel que baja del cielo y que da vida al mundo.» Ellos dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan.»

Jesús les dijo: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed. Sin embargo, como ya les dije, ustedes se niegan a creer aún después de haber visto. Todo lo que el Padre me ha dado vendrá a mí, y yo no rechazaré al que venga a mí, porque yo he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y la voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el último día. Sí, ésta es la decisión de mi Padre: toda persona que al contemplar al Hijo crea en él, tendrá vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.»

Los judíos murmuraban porque Jesús había dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo.» Y decían: «Conocemos a su padre y a su madre, ¿no es cierto? El no es sino Jesús, el hijo de José. ¿Cómo puede decir que ha bajado del cielo?» Jesús les contestó: «No murmuren entre ustedes. Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió. Y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los Profetas: Serán todos enseñados por Dios , y es así como viene a mí toda persona que ha escuchado al Padre y ha recibido su enseñanza. Pues, por supuesto que nadie ha visto al Padre: sólo Aquel que ha venido de Dios ha visto al Padre. En verdad les digo: El que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Sus antepasados comieron el maná en el desierto, pero murieron: aquí tienen el pan que baja del cielo, para que lo coman y ya no mueran. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y lo daré para la vida del mundo.»"

 

El texto forma parte de uno de los discursos más importantes de Jesús que encontramos en el evangelio de Juan. El discurso abarca Jn. 6, 28-71, y Jesús lo pronuncia después del signo de la multiplicación de los panes (Jn. 6, 1-15) que ya hemos comentado.

La gente, después de la multiplicación, busca a Jesús y lo encuentra en Cafarnaún (Jn. 6, 24-25). Allí Jesús les señala que lo buscan no tanto por los signos que realiza sino porque les ha dado de comer. En el evangelio de Juan los milagros de Jesús tienen una intención: ser signo o señal para descubrir a Jesús. Los milagros siempre refieren a un significado más profundo que el hecho en concreto.

En esta catequesis sobre el pan de vida Jesús intenta explicar a sus oyentes (gente, discípulos, adversarios) el significado profundo de lo que ha hecho, e invitarlos a creer en El, único y verdadero pan para la vida.

Tras una primera explicación (versículos 28-40) en la cual Jesús se presenta como el Pan de vida e insta a sus oyentes a creer en El para tener vida, los judíos murmuran contra él. Le critican haber dicho que era el pan bajado del cielo pues ellos conocían bien su origen, a su padre y a su madre. El saber de los judíos se agota en un nivel humano que no pueden trascender. El texto evoca otras afirmaciones críticas relacionadas con el origen de Jesús: "¿también tú eres de Galilea? Estudia las Escrituras y verás que de Galilea no salen profetas" (Jn. 7, 53 respuesta de los fariseos a Nicodemo), "nosotros sabemos que ese hombre que te sanó es un pecador" (Jn. 9, 24 diálogo entre los fariseos y el ciego de nacimiento). Los que conocían las Escrituras y sabían de las cosas de Dios permanecen "ciegos" ante su presencia, incapaces de reconocerlo donde ellos no lo podían explicar (interesante enseñanza para nuestra vida: ¿dónde buscamos a Dios? ¿dónde lo reconocemos? ¿somos capaces de abrir los ojos a sus "signos", que hoy como ayer siguen poblando la vida y la historia que vivimos?).

Jesús les enseña que el que da el verdadero entendimiento es el Padre, el es quien nos enseña ("serán todos enseñados por Dios" , Jn. 6, 45, cita, a su vez, de Is. 54, 13 y Jer. 31, 33). Y es el Padre quien concede el don de creer en el Hijo, su Enviado (y nuestro maestro). El Padre atrae a los que creen en Jesús, esa es su obra. Jesús termina diciendo "el que cree tiene vida eterna" (Jn. 6, 47). Este versículo está en paralelo con la afirmación anterior dada en el versículo 40: "Sí, esta es la decisión de mi Padre: toda persona que al contemplar al Hijo crea en él, tendra vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día" (Jn. 6, 40). Creer en Jesús es tener la vida eterna, que ya empieza en este mundo, notar que el verbo está en presente, el que cree tiene vida eterna. Esta vida presenta dos características: ya está presente y actuante en el que cree en Jesús, y también es promesa que vendrá (la resurrección). La relación entre "creer" y "tener vida eterna" la encontramos en varios versículos.

A continuación Jesús profundiza su explicación del pan vivo. Retomando la figura del maná recibido por el pueblo israelita en el desierto, Ex. 1-15, (signo de la presencia de Dios y de su preocupación por la vida del pueblo), figura conocida y muy estimada por los judíos, señala que el maná no fue suficiente, porque alimentó al pueblo pero igualmente ellos murieron. Ahora, en la persona de Jesús ( "Yo soy el pan vivo bajado del cielo" ) recibimos el alimento para la vida. Se incorpora al discurso uno de los temas significativos y recurrentes en el evangelio de Juan: la dualidad muerte-vida. Los israelitas, que recibieron el maná, se alimentaron pero murieron; los seguidores de Jesús, los que crean en El, se alimentarán de su carne y vivirán para siempre.

Jesús relaciona creer y alimentarse de su pan (carne) con la vida eterna. Une el creer con el comer (alimentarse) de su pan. En el Antiguo Testamento encontramos huellas de esta relación pan-palabra: Ezequiel se alimenta de la Palabra de Dios (Ez. 3, 1-3, los rollos eran la manera en que escribía en aquel tiempo, los libros antiguos se escribían sobre rolos de papiro o cuero).

Jesús renueva las enseñanzas del Antiguo Testamento y nos abre a una nueva y más profunda manera de alimentar nuestra vida: su palabra y su cuerpo. El texto desemboca en una clara alusión a la Eucaristía, alimento para nuestra fe (versículo 51b).

Las palabras de Jesús nos ayudan a revisar nuestro compromiso con la Eucaristía, centro de nuestra vida de fe y don de Dios para alimentar nuestra vida y encontrarnos la salvación que nos promete.

 

3) Jesús, pan verdadero

Jn. 6, 51-59

" Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y lo daré para la vida del mundo.» Los judíos discutían entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer carne?» Jesús les dijo: «En verdad les digo que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre vive de vida eterna, y yo lo resucitaré el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que es vida, me envió y yo vivo por el Padre, así quien me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo. Pero no como el de vuestros antepasados, que comieron y después murieron. El que coma este pan vivirá para siempre. Así habló Jesús en Cafarnaún enseñando en la sinagoga."

 

Los versículos 51 a 59 nos presentan la última parte del discurso. Se repiten los temas que viene exponiendo Jesús. El alimento que Jesús propone es su propia carne. Al avanzar en el discurso se reconoce una clara referencia eucarística (la carne y la sangre de Jesús, alimento para la vida)

 

"La agrupación ´carne y sangre´puede también en lenguaje semítico designar al compuesto humano, pero la separación de los elementos no puede explicarse ya más que en sentido sacramental. Comer la carne y beber la sangre del hijo del hombre es unirse, en el acto de comer y de beber, con aquel que realiza la unión entre el cielo y la tierra, con aquel que es de origen divino (bajado del cielo) y tener por medio de él (en presente, por tanto ya desde ahora: cf. 6, 54) la vida eterna. Lo mismo que antes (6, 40), se asocian la vida eterna y la resurrección en el último día (6, 54). Esta vida eterna ya comenzada desembocará en la resurreción final."

El evangelio de Juan, Jaubert. Cuadernos Bíblicos 17, pág. 48. Ed. Verbo Divino.

 

Jesús continúa insistiendo en descubrir que su carne y su sangre son el verdadero alimento. Y señala que quien coma este alimento permanecerá en el Señor, y el Señor permanecerá en él. Se asocia, mediante el recurso de un paralelismo (releer los versículos 53-54 y 56) la vida eterna con el permanecer en Jesús. Notar que ambos implican el tiempo presente. La vida en Jesús es compromiso histórico con el hoy de cada día. La promesa de la vida futura se "juega" en la respuesta presente que se da a la vida que Jesús propone.

Los que coman del alimento de Jesús vivirán, del mismo modo que Jesús vive por el Padre que lo envío. Jesús compara y señala la diferencia (fundamental) entre su propuesta y el maná recibido por los israelitas en el desierto. El pueblo comió el maná pero murió, el que come (= recibe, = permanece, = vive como El) del pan de vida (que es Jesús mismo) vivirá para siempre (= participará de la vida de Jesús).

Las palabras de Jesús nos animan a revisar nuestra adhesión a su proyecto. En el camino del seguimiento de Jesús el alimento verdadero es la Eucaristía y su Palabra. Ellas nos acercan al Dios de la Vida y nos ayudan a permanecer unidos a El, y El habitando en nosotros.

 

4) Creer en el Dios de la Vida

Jn. 6, 60-69

" Al escucharlo, cierto número de discípulos de Jesús dijeron: «¡Este lenguaje es muy duro! ¿Quién querrá escucharlo?» Jesús se dio cuenta de que sus discípulos criticaban su discurso y les dijo: «¿Les desconcierta lo que he dicho? ¿Qué será, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir al lugar donde estaba antes? El espíritu es el que da vida, la carne no sirve para nada. Las palabras que les he dicho son espíritu, y son vida. Pero hay entre ustedes algunos que no creen.» Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién lo iba a entregar. Y agregó: «Como he dicho antes, nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre.» A partir de entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y dejaron de seguirle. Jesús preguntó a los Doce: «¿Quieren marcharse también ustedes?» Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.»"

 

Los versículos 60 a 69 nos presentan el desenlace del discurso.

La escena comienza con un cuestionamiento de algunos integrantes de los discípulos, el grupo que seguía a Jesús (numerosas personas que rodeaban a Jesús, entre los cuales se encontraban los doce apóstoles, las mujeres que seguían a Jesús, y un grupo de seguidores que los evangelios no identifican con nombre - salvo alguna referencia como el caso de los discípulos de Emaús).

Las explicaciones dadas por Jesús, a partir del signo de la multiplicación de los panes, que estaban centradas en su presentación como pan de vida verdadero para todo el mundo, habían resultado muy duras a los oídos de los judíos (no olvidemos que los discípulos, y Jesús mismo, eran judíos). La mención a la carne y a la sangre, que estaban considerados elementos "impuros" para el judío, habían despertado recelo y desconfianza. Jesús también hablaba de "vida eterna" , re-interpretaba audazmente la tradición del maná recibido en el Exodo, hablaba de "resurrección" … Demasiada novedad para la mentalidad judía, atenazada a las tradiciones.

Al conocer los cuestionamientos de los miembros de su grupo, Jesús los desafía. Si les parece duro lo que acababan de escuchar, qué reacción tendrían más adelante, cuando el camino hacia la cruz indicara el itinerario.

La vida proviene del Espíritu y las enseñanzas de Jesús, sus palabras, por desafiantes y cuestionadoras que sean, son vida (y dan vida a quien las cree y se pone en seguimiento del Señor).

Ante la opción de creer y continuar o mantenerse en sus ideas (y manera de entender las cosas de Dios) muchos discípulos dejan a Jesús. El texto dice "se volvieron atrás". Si recordamos que la palabra "conversión" significa "giro conmocionado en el camino", "darse vuelta", la actitud de los discípulos que se alejan de Jesús se nos presenta como lo contrario a la conversión. Precisamente nos convertimos al Señor cuando dejamos atrás nuestras propias ideas, nuestra manera de interpretar las cosas de la fe, en defiinitiva, cuando dejamos de lado nuestra imagen de Dios para acoger al Dios de la Vida, que siempre nos sorprende y descubre la novedad radical de su mensaje.

El discípulo verdadero de Jesús es el que no se vuelve atrás, ante la radicalidad del Evangelio, ante los conflictos del seguimiento, ante la necesidad de "darse vuelta" (= convertirse) para descubrir la palabra que da vida.

Jesús interroga a los que quedan. Los Doce aparecen como modelo de seguimiento. La respuesta de Pedro nos acerca a la actitud que debe caracterizar al discípulo: "Creemos que eres el Santo de Dios" . Confianza y entrega, fe sencilla que no busca explicar a Dios sino seguir su camino ( "Señor, ¿a quién iríamos?" ). Como bien nos enseña un gran padre de la iglesia, "Creo para entender".

La escena es un momento clave en la vida de Jesús. Las consecuencias de anunciar la Palabra van acercando su hora. Al conflicto con las autoridades judías se suma los disensos y la ruptura del grupo de los discípulos. Llevar adelante la voluntad del Padre no es cosa fácil. Las dificultades ayudan a templar el ánimo y la fe de los discípulos. Creer en las palabras de Jesús abre las puertas de la vida eterna, que es la vida animada por el Espíritu.

 

El discurso del pan de vida nos lleva a meditar nuestra adhesión y compromiso con la Eucaristía. Jesús tiene palabras de vida y su cuerpo y sangre nos alimentan para seguir su camino y construir el Reino que proclamó y comenzó con su práctica.

Por esto son tan oportunas las palabras de San Juan Crisóstomo, que nos recuerdan el compromiso solidario que nace de la vida de Jesús, y al cual la Eucaristía nos impulsa y fortalece.

 

"Si quieres honrar el cuerpo de Cristo, no lo descuides cuando está desnudo. No lo honres aquí en la Iglesia con ropas de seda para descuidarlo afuera, que es donde padece frío y desnudez. En efecto, áquel que dice: «Esto es mi cuerpo», es el mismo que dice: «Me vieron hambriento y no me dieron de comer», y «Cuando lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, a mí me lo hicieron»."

San Juan Crisóstomo.

 

La Eucaristía nos alimenta para el compromiso de vida con las palabras de Jesús.

En cada comunión El nos mira y nos pregunta: ¿Te marcharás tú también? o ¿seguirás con fidelidad mis palabras?

 

 

Segunda Parte
Lectura orante con textos de Jesús-Eucaristía

 

1) Jesús da de comer al pueblo

"Jesús los acogió y volvió a hablarles del Reino de Dios mientras devolvía la salud a los que necesitaban ser atendidos.

El día comenzaba a declinar. Los Doce se acercaron para decirle: «Despide a la gente para que se busquen alojamiento y comida en las aldeas y pueblecitos de los alrededores, porque aquí estamos lejos de todo.» Jesús les contestó: «Denles ustedes mismos de comer.» Ellos dijeron: «No tenemos más que cinco panes y dos pescados. ¿O desearías, tal vez, que vayamos nosotros a comprar alimentos para todo este gentío?» De hecho había unos cinco mil hombres. Pero Jesús dijo a sus discípulos: «Hagan sentar a la gente en grupos de cincuenta.»

Así lo hicieron los discípulos, y todos se sentaron. Jesús entonces tomó los cinco panes y los dos pescados, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, los partió y se los entregó a sus discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse. Después se recogieron los pedazos que habían sobrado, y llenaron doce canastos."

Lc. 9, 11-17

 

Pasos para la lectura orante

 

Lectura

Leer el evangelio. Reconstruir el texto en la memoria.

Hacer una segunda lectura, pausada y reflexiva.

 

Meditación

¿Qué dice el texto?

¿Qué actividad realizaba Jesús con la gente que acudía a él? ¿Qué les preocupa a los discípulos? ¿Qué responde Jesús, a qué los invita?

¿Cuáles son los gestos que realiza el Señor: primero los organiza, luego da el ejemplo? ¿Qué consecuencias tiene su práctica?

¿Qué nos dice el texto hoy?

Relacionar la actitud de los discípulos con la mirada que tenemos sobre los problemas de nuestra realidad.

¿Qué aprendemos de Jesús? ¿Qué podemos hacer para seguir sus pasos hoy y alimentar a nuestro pueblo?

 

Oración

¿Qué le decimos a Dios después de meditar su Palabra? Ofrecer nuestra oración. Dialogar con Dios. Enséñanos a compartir el pan de cada día.

 

Compromiso

Piensa un gesto concreto de solidaridad que puedas promover en tu comunidad. ¡Anímate a realizarlo!

 

 

2) La Ultima Cena

"El primer día de la fiesta en que se comen los panes sin levadura, cuando se sacrificaba el Cordero Pascual, sus discípulos le dijeron: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la Cena de la Pascua? » Entonces Jesús mandó a dos de sus discípulos y les dijo: «Vayan a la ciudad, y les saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo hasta la casa en que entre y digan al dueño. El Maestro dice: ¿Dónde está mi pieza, en que podré comer la Pascua con mis discípulos? El les mostrará en el piso superior una pieza grande, amueblada y ya lista. Preparen todo para nosotros». Los discípulos se fueron, entraron en la ciudad, encontraron las cosas tal como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua. Durante la comida Jesús tomó pan, y después de pronunciar la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: «Tomen, esto es mi cuerpo». Tomó luego una copa, y después de dar gracias se la entregó; y todos bebieron de ella. Y les dijo: «Esto es mi sangre, la sangre de la Alianza, que será derramanda por una muchedumbre». En verdad les digo que no volveré a probar el zumo de cepas hasta el día que lo beba de nuevo en el Reino de Dios. Después de cantar los himnos se dirigieron al monte de los Olivos."

Mc. 14, 12-16. 22-26

 

Pasos para la lectura orante

 

Lectura

Leer el evangelio. Reconstruir el texto en la memoria. Hacer una segunda lectura, pausada y reflexiva.

 

Meditación

¿Qué dice el texto?

¿Qué Fiesta estaban por celebrar los judíos? ¿Qué recordaba esa Fiesta judía?

¿Qué gestos realiza y qué palabras dice Jesús en la cena?

¿Qué nos dice el texto hoy?

¿Qué significa "recibir el Cuerpo y la Sangre de Jesús" en cada Eucaristía?

¿A qué nos compromete alimentarnos con el pan de Jesús?

¿Qué nos enseña el texto?

 

Oración

¿Qué le decimos a Dios después de meditar su Palabra? Ofrecer nuestra oración. Dialogar con Dios.

Señor, danos siempre de tu pan vivo.

 

Compromiso

Recibir a Jesús en la Eucaristía nos hace tomar fuerzas para vivir como discípulos. Ofrece al Señor un compromiso para esta semana.

 

 

 

Orar a Jesús-Eucaristía

 

¡Danos el pan de vida, Señor!

 

Danos el pan de vida, Señor,
q
ue alimenta nuestra fe
para vivir como discípulos
y construir el Reino.

Danos el pan de vida
que es tu Palabra,
agua viva que nos nutre
y nos fecunda desde adentro.

Danos el pan de vida
de tus opciones,
que nos ayudan a pensar
hoy en nuestros caminos para seguirte.

Danos el pan de vida
del Espíritu que te animaba,
para aprender a ser dóciles
a la voluntad del Padre.

Danos el pan de vida
de tu cuerpo,
alimento que nos da fuerzas
para vivir como nos enseñas.

Señor,
que tu entrega
nos ayude a entregarnos.

Que unidos busquemos
que el pan cotidiano
ll
egue a todas las personas.

Que el pan de la salud
no discrimine a pobres y ricos,
para que todos puedan vivir mejor.
Que el pan del trabajo
sea la realidad diaria
de tantos millones de personas
que sufren la desocupación.

Que el pan de la educación
alcance a todos los niños y jóvenes
que buscan y merecen un futuro mejor.

Que aprendamos, Señor,
como has dado el ejemplo de tu vida,
a compartir nuestro pan,
lo que somos y tenemos,
con todos los que nos rodean.

Danos, Señor,
el pan de vida
para que vivamos solidarios y fraternos.

 

Marcelo A. Murúa

 

 

Especial del Mes de la Biblia 2006

BuenasNuevas.com pone a su disposición un Especial dedicado al mes de la Biblia adonde podrá encontrar una gran diversidad de recursos pastorales para trabajar en su comunidad, colegio o parroquia, o para la reflexión personal: temas bíblicos, oraciones, encuentros, lectura orante, dibujos, tarjetas.

 

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