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Manolo Pliego Iglesias es misionero claretiano y trabaja en la Prelatura de Humahuaca, Argentina, en la animación y acompañamiento de comunidades kollas.

Si desea comunicarse con el autor de Espiritualidad Bíblica Aborigen, Manolo Pliego, cfm.

 

Mi guagüita no guapea (2 Re. 4, 17-37)

por Manolo Pliego Iglesias, cfm

Terminaba el verano y el invierno entró rápido, los arroyos y los ríos, se congelaban por el intenso frío. Llegaba la época de trasladar las ovejas a los puestos pues el pasto escaseaba y las ovejitas se atrasaban.

Lucía sentada en la cama le daba el pecho a su guagüita de cuatro meses, y mientras le daba instrucciones a Elsita su hija de doce años: Mira hijita os quedáis solas, te dejo la mercadería y cualquier cosita que necesitéis recurre a la tía Simona. El sábado te espero en el puesto. Elsita respondió: Sí mami. Elsita y sus hermanos salieron para la escuela y Lucía aparejo el burro con un poco de mercadería y abrió la puerta del corral para que salieran las ovejas y se encamino para el puesto.

Una niebla empezó a invadir el cerro y una llovizna suave empezó a caer. Al bebe se le enfrió su espaldita, algunos corderitos se cansaban y no podían seguir a las madres, entonces Lucia los alzo para que no se quedaran. De vez en cuando lloraba su bebe y ella hacía un descanso para darle el pecho.

Llegaron al puesto con el sol bien alto, descargo el burro y acomodó sus cositas, dejando el rebaño que pasteara tranquilo al cuidado de los perros. Cuando se hizo la noche agarro unos cueros de oveja y los puso en el suelo de su puestito y tapándose con una frazada de llama acostó su bebe en su seno para darle calor y se durmió. Durante la noche el bebito se despertaba, lloraba y tosía. Por la mañana estaba bien enfermo de resfrío. Lucía fue a buscar "pupusa" para hacerle un té suave y evitar la tos, pero no paraba, cada vez que le daba el pecho vomitaba y la guagüita no guapeaba. Lucía no sabía que hacer: Su hijito se moría. ¿Dónde dejaba las ovejas? ¿Cómo lo llevo al hospital?. Y entonces se acordó de su comadre que seguramente estaba en el puesto detrás de la quebrada. Y arreando las ovejas se fue a pedirle la gauchada. Cuando llegó le contó: Mire comadrita mi guagüita no guapea y está bien enfermita con fiebre, te dejo las ovejitas a tu cuidado y yo me voy al hospital; como no comadrita Lucia, ve tranquila, yo me quedo con el rebaño, respondió la comadre. Lucía le dejo un poco de mercadería como agradecimiento.

Y Lucía con su guagüita quepida, bajo la quebradita buscando el camino carretero con la esperanzan de encontrar un vehículo. Al llegar a una abrita paso junto a la apacheta y rezo una oración a la Pachamama: "Pachamama Santa tierra que no se me muera la guagua y que no me fallen las fuerzas. Virgencita de la Candelaria dale ánimo a mi bebe y que llegue vivo al hospital".

Tomo el camino carretero y después de dos horas no llegaba ningún vehículo, su bebe empezó a ponerse frío y sus ojos perdidos. En esto se escucho el ruido de un motor, venía una camioneta. Lucía puso la mano y el vehículo paró, era el padrecito Tobías. Ella se acercó a la ventanilla y saludó diciendo: Buen día padrecito. ¿Me podría llevar a Nazareno? ¡Mi guagüita está bien enferma!. El padrecito levantó el aguayo para verle la carita al bebe. Lucía le dijo: ¿padrecito me puede bendecir a mi guagüita?. Y el padrecito Tobías lo bendijo haciéndole una señal de la cruz en la frente.

Y llegaron a Nazareno. Lucía bajo de la camioneta se acerco a la ventanilla y con una sonrisa dijo: ¡Gracias padrecito! Y el padrecito respondió: ¡Que se mejore tu guagua! Y Lucía se adentró al hospital.

Pasaron varios meses y el padrecito visito la comunidad de Lucía y se encontró con ella. Y le pregunto como se encontraba su bebe. Y Lucía que lo tenía en sus brazos alzándolo dijo: ¡Aquí está mi guagüita, guapita nomás! Y gracias a su bendición padrecito, mi bebé se compuso. Tobías le pregunto: ¿cómo se llama tu guagua? y ella respondió: Alcides es su nombre. Pasaron varios años y Tobías murió de viejito y Alcides se hizo grande. (Este relato sucedió viajando de La Quiaca, Jujuy a Nazareno, Salta)

 

1.- Eliseo da calor y vida al cuerpo de un niño: ( 2 Reyes: 4,17-37)

"Sin embargo la mujer dio a luz un hijo, justo en el tiempo que le había dicho Eliseo.

Creció el niño. Un día fue a ver a su padre, que estaba con los segadores, y tuvo un dolor de cabeza muy fuerte. El padre ordenó a un muchacho: Llévaselo a su madre. Este lo tomó y lo llevó a la madre. La madre lo tuvo sobre sus rodillas hasta el medio día y murió.

Entonces la madre subió y lo acostó sobre la cama de Eliseo. Cerro la puerta y salió. Luego llamo a su marido diciéndole: Mándame una burra y uno de los muchachos. Voy a salir donde el hombre de Dios y vuelvo. él pregunta: ¿Por qué vas donde él? No es luna nueva ni sábado. Pero ella dijo: No te preocupes.

Hizo aparejar la burra, diciéndole a su criado: Guíame y no te detengas sin que yo te diga. Llegó al monte Carmelo, donde el hombre de Dios. Eliseo la vio de lejos y dijo a su muchacho: Ahí viene nuestra sunamita. Así que corre a su encuentro y pregúntale: ¿Tú estás bien? ¿Tú marido está bien? ¿ El niño está bien? Ella respondió: Bien. Llegó hasta el hombre de Dios y se abrazo a sus pies. Entonces se acercó Guejazí para separarla pero el hombre de Dios dijo: Déjala porque su alma está amargada y Yavé no me lo hizo saber ni me ha revelado el motivo de su pena.

Ella le dijo: ¿Acaso te había pedido un hijo? ¿Por qué me has engañado?. Eliseo dijo a Guejazí: Prepárate toma mi bastón y vete. Si te encuentras con alguien, no te detengas a saludarlo, y si alguien te saluda no le respondas. Y apenas llegues pondrás mi bastón sobre la cara del niño. Pero la madre del niño dijo: Juro por Yavé y por tu vida que no te dejaré. Entonces Eliseo se levantó y fue tras ella.

Guejazí había ido adelante y había puesto sobre la cara del niño el bastón pero el niño no dio señales de vida, de modo que volvió donde ellos y dijo: El niño no se despierta.

Cuando llegó Eliseo a la casa, el niño muerto estaba acostado en su cama. Eliseo entró y cerro la puerta tras de sí, oró a Yavé. Luego se acostó sobre el niño, puso su boca sobre la boca del niño, sus ojos, sobre sus ojos, sus manos sobre sus manos, y el calor volvió al cuerpo del niño. Eliseo se puso a caminar por la casa, de un lado a otro. Luego volvió a acostarse sobre el niño hasta siete veces, y el niño estornudó y abrió sus ojos. Eliseo entonces llamó a Guejazí y le dijo: Llama a la madre. Y cuando llegó, Eliseo le dijo: Toma tu hijo. Ella se postró a sus pies y luego salió. Llevándose al hijo."

 

2.- Comentario: ( Al relato de Eliseo y mi guagüita no guapea)

Las mujeres y los niños están presentes de manera significativa en el ciclo de narraciones del profeta Eliseo (En el libro segundo de los Reyes) El país esta pasando por unos momentos de guerras, hambre, deudas, enfermedades, pobreza y esclavitud, mujeres desesperadas y esperanzadas defienden cotidianamente la vida de niños amenazados y sacrificados.

Y en el centro de este ciclo de narraciones de Eliseo esta la historia de la sunamita y su hijo cuando el niño se enferma y muere el profeta Eliseo se empeña personal y corporalmente identificándose con el pequeño.

" Puso su boca sobre la boca del niño, sus ojos sobre sus ojos, sus manos sobre sus manos, se recostó sobre él y la carne del niño entro en calor." ( 2 Rey. 4,34)

Esta memoria traduce la solidaridad concreta del profeta con el cuerpo amenazado del pequeño, con el cuerpo sacrificado de todos los niños. En este relato la profecía se alimenta de los cuerpos concretos de los hombres, mujeres y niños en la lucha cotidiana por la vida. (1)

En el relato aborigen de Lucía en condiciones también muy adversas, ella lucha por salvar la vida de su hijo y ese es el "milagro". Al igual que Lucía muchas mujeres indígenas, en condiciones de marginación, aislamiento, soledad, luchan cada día por salvar la vida de sus guaguas, algunas logran vivir pero los índices de mortandad infantil en la puna, y como en toda las zonas andinas siguen muy altos y el sistema injusto de este mundo se sigue sosteniendo con el sacrificio de vidas humanas, de los pequeños.

Mientras su esposo está en la zafra ella afronta desde lo cotidiano salvar la vida de su hijo. El rebaño es el sostén de la vida campesina indígena, pero aparece la solidaridad en el tejido social todavía vivo en la cultura andina donde se sostiene de alguna forma la vida, y entre todas las acciones que Lucía va generando; primero los yuyos para hacer curar a su bebé, la comadre que se hace cargo del rebaño, la oración a la pachamama, la esperanza del vehículo, la bendición del padrecito, y al final el hospital. Todo son pequeñas esperanzas que Lucía ha ido entrelazando para sostener y salvar la vida de su guagüita, y así la constancia y la fe de Lucía en un Dios que quiere la vida y no la muerte, hacen el milagro de la VIDA que es salvada.

Las mujeres en el relato del profeta Eliseo buscan salvar la vida, se movilizan es la vida de la mujer que genera vida y a su vez la sostiene. Es la mujer indígena que defiende y sostiene la vida.

 

3.- Para pensar en comunidad:

Seguramente que todas las mujeres presentes en la comunidad tendrán relatos parecidos de los que hemos leído. Sería bonito que contaran algunas experiencias parecidas a todos los presentes en la comunidad

Después de contar estos relatos nos podemos preguntar:

- ¿Qué valor le damos a la vida?

- Cuando una mujer se sacrifica y sufre por salvar la vida de su guagüita ¿de dónde saca las fuerzas?

- ¿Cómo sentimos a Dios en esos momentos difíciles cuando vemos sufrir a nuestros hijos?

- ¿Que cosita nos llama más la atención de estos dos relatos y en que nos ayuda para aplicarlo a nuestra vida?.

+ Podemos terminar haciendo una oración de acción de gracias a Dios por la vida y por todas aquellas personas que han luchado por defenderla y se parecen a Dios.

 

Citas bibliográficas

(1). Nancy Cardoso "Profecía y lo cotidiano" Ribla Nro. 8 pg. 7 y 16

 

Glosario de Palabras:

Quepi: Cargar el bebé a la espalda

Zafra: Cosecha de la caña de azúcar.

Pupusa: Planta medicinal andina.

Apacheta: Altar sagrado de piedras a la Pachamama

Pachamama: Madre Tierra.

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