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Las mujeres en los Evangelios
Mujeres que profesan su fe

por Gloria Ladislao

 

Las discípulas  siguen al Maestro, sirven a la comunidad y expresan con palabras su fe.
Palabras con las cuales ellas le dicen al Amigo toda la hondura de su amor y su adhesión.
Son palabras que hablan del conocimiento de Dios que ellas tienen en su interior, y por eso llegan al re-conocimiento de quien es enviado de Dios.
Marta y María eran discípulas y amigas de Jesús. El visitaba a menudo su casa en Betania. Y el evangelio dice textualmente:

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro (Jn 11,5).

Lázaro ha muerto y las hermanas mandan llamar a Jesús. Es hora de dolor y de desolación. Mientras María se queda en la casa, Marta sale al camino. En las palabras de Marta se mezclan la confianza y el reproche que sólo permite la cercanía.

Dijo Marta a Jesús:
- Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero aun ahora yo sé que cuando pidas a Dios, Dios te lo concederá.
Le dice Jesús:
- Tu hermano resucitará.
Le respondió Marta:
- Ya sé que resucitará en la resurrección, el último día.

En la hora de la muerte, Marta profesa su fe en Jesús y su fe en la vida. Mujer judía creyente,  espera por la vida. Mucha gente del pueblo tenía esta fe en la resurrección al final de los tiempos. La idea había surgido con fuerza unas décadas antes, cuando muchos judíos habían sufrido bajo el dominio griego que impedía practicar la religión de Israel. Y los que no renegaron del Dios de Israel y no aceptaron la religión del imperio opresor, sufrieron el martirio. Esa experiencia de los justos que morían sosteniendo su fe arraigó en mucha gente la creencia en la resurrección al fin de los tiempos. Quien moría confesando a su Dios no podía morir para siempre (cf. 2 Mac 7,14)

Lázaro ha muerto, y su hermana Marta cree que resucitará en el tiempo final. Jesús quiere hacerle a ella, en este momento de dolor, una revelación mayor. La vida no está sólo al final del camino, la Vida está allí, frente a ella.

Jesús le respondió:
- Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá. Y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees esto?
Le dice ella:
- Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo.(Jn 11,25-27)

Sí, Marta cree. Y lo dice. Esta es su proclamación de fe. Su corazón es adhesión total a Jesús, y su boca lo proclama. Las palabras hablan de su fe con el lenguaje de su pueblo. Jesús es el Cristo, el Ungido de Dios, el que trae el tiempo de la salvación, el que viene a cambiar nuestra realidad de dolor y de muerte porque trae la vida en abundancia.

Revivirán tus  muertos,
tus cadáveres resurgirán,
despertarán y darán gritos de júbilo
los moradores del polvo.
(Is 26,29)

Esta es la profecía que había hecho Isaías para los tiempos mesiánicos. Y Marta proclama que esta profecía se está cumpliendo en Jesús.
Ella es discípula que, también en la hora del duelo, puede sostener la convicción del corazón.

Varones y mujeres proclaman al Mesías

Seguramente todos recordamos muy bien a otro personaje del evangelio que profesa su fe en Jesús.

Por el camino, Jesús hizo esta pregunta a sus discípulos:
- ¿Quién dice la gente que soy yo?
Ellos le dijeron:
- Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas.
Y él les preguntaba:
- Y ustedes ¿quién dicen que soy yo?
Pedro le contesta:
- Tú eres el Cristo. (Mc 8, 27-30)

Esta escena es bien conocida por cualquier creyente. Todos sabemos muy bien que Pedro dio la respuesta correcta. No todos recordamos con tanta nitidez la escena en la que Marta proclama su fe.
Hay pasajes del evangelio muy difundidos y conocidos, que van calando y haciéndonos una imagen de cómo fue aquella primera comunidad en torno a Jesús. No es extraño que en esta “pintura” que nos hacemos de la comunidad, la profesión de fe de Marta no haya tenido el peso que tuvo y tiene la de Pedro. Este es el proceso de invisibilización que han sufrido las mujeres de los evangelios. Están allí, pero es difícil verlas. Han quedado ocultas por una determinada forma de leer la Biblia. Pero basta abrir el evangelio y allí están estas mujeres, dando su testimonio.
La escena de la profesión de fe de Marta se encuentra solamente en el evangelio según San Juan, el último en escribirse.

“¡Es a una mujer a quien se  revela el misterio de Jesús como resurrección y vida! Así, si otras comunidades cristianas pensaban acerca de Pedro como del que había hecho una suprema confesión de Jesús como el Hijo de Dios y de aquel a quien se apareció primero Jesús resucitado, la comunidad juánica asociaba tales recuerdos con heroínas tales como Marta y María Magdalena. (…) Si yo interpreto a Juan correctamente, en la época en que  los doce apóstoles (casi, por lo general, personificados en Pedro como ocurre en Hechos) se hicieron figuras dominantes en el recuerdo del ministerio de Jesús y de los orígenes de la iglesia, Juan presenta a Simón Pedro sólo como uno de un número de héroes y heroínas, y así sugiere que la autoridad eclesial no es el único criterio para juzgar sobre la importancia en el seguimiento de Jesús.” (Raymond Brown, La comunidad del discípulo amado, Ed. Sígueme)

 

 

Para Trabajar en grupo

IDIOMAS Y PALABRAS

Mesías es una palabra hebrea que significa ungido. La unción era el acto de derramar óleo perfumado sobre la cabeza de un hombre con lo cual se lo declaraba instituido en una determinada función. En el antiguo Israel eran ungidos los reyes, los sacerdotes y,  sólo simbólicamente,  los profetas. En tiem­pos de Jesús era muy grande la expectativa por la llegada de un Mesías, o sea un ungido. Algunos grupos ponían el énfasis en que fuera un rey, otros grupos esperaban un  liberador al estilo de Moisés, y otros lo esperaban con rasgos proféticos. La palabra Mesías, hebrea, en griego se dice Cristo. Los evangelios están escritos en griego.

Puede ser divertido hacer una encuesta entre gente creyente y no creyente, preguntando qué suponen que significan las palabras Mesías y Cristo. ¡Nos llevaremos algunas sorpresas.

 

 

Una reflexión catequística para compartir

El título de “Mesías” que se da a Jesús por parte de los discípulos y discípulas, que eran judíos,  tiene que ver con su tradición,  su cultura y sus expectativas. Ningún hombre ni ninguna mujer judíos necesitaban que les explicaran el sentido de ese término, era altamente significativo.
También nosotros, como catequistas y misioneros/as, tenemos el desafío de encontrar,  desde nuestra tradición y nuestra cultura, esas palabras que puedan expresar quién es este al cual seguimos, y que esas palabras puedan resultar significativas a nuestros oyentes.
 Sólo la experiencia del encuentro íntimo y personal con Jesús nos dará las palabras que expresen quién es Jesús, quién es Este en el que creo. El es mi amigo, mi compañero de camino, el que dio sentido a mi vida, mi amado.
Entre los místicos y místicas es muy común la expresión: mi amado, mi esposo. Para las mujeres, es más fácil usar estas palabras, que dicen simplemente que estamos enamoradas de Jesús. Para los varones pueden resultar términos más difíciles de usar. Sin embargo, pueden decir con San Juan de la Cruz: El es el amado de mi alma.
Probablemente la gente con la que nos encontremos catequizando o misionando también tenga sus propios títulos y nombres para Jesús: el Señor del Milagro, el Barba, el Flaco, el Misericordioso… y ellos también nos hablarán de quién es Jesús.

 

 

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