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Las mujeres en los Evangelios
Mujeres que salen a la calle

por Gloria Ladislao

 

En las sociedades tradicionales se considera que el rol de la mujer está en la casa, puertas adentro, y que los asuntos públicos – la política, los negocios, los espectáculos- son exclusivos para varones. Inclusive en sociedades que no viven esta división “mujer adentro – varón afuera” de manera tan tajante, se sostiene que la presencia de la mujer es imprescindible en el ámbito “privado”, la casa y la familia, y que para desempañarse en el ámbito público están los varones y se puede prescindir de la mujer. Habrá que cuestionarse si lo privado es tan privado que no tiene relación con lo que pasa afuera, y si los varones no son necesarios también en la casa y en la crianza de los hijos, pero esos temas los dejaremos para otro momento.

Si nos remontamos a la época de Jesús, existen numerosos testimonios que muestran que el ideal que la moral y la socie­dad presentaban a las mujeres era la vida recluída en la casa. "Mercados, consejos, tribunales, procesiones festivas, reuniones de grandes multitudes de hombres, en una palabra, toda la vida pública, con sus discusiones y sus negocios, tanto en la paz como en la guerra, está hecha para los hombres. A las mujeres les conviene quedarse en casa y vivir retiradas" (Filón de Alejandría). En el libro IV de los Macabeos, la madre de los siete mártires, presentada como el ideal del comportamiento fe­menino, dice de sí misma "Yo era una joven casta que no sobrepasaba el umbral de la casa paterna".

Es cierto que frente a estos y otros textos de la época debemos tener ciertos recaudos. La mayor parte de los datos sobre la condición de la mujer provienen de la literatura normativa, las leyes y la interpretación de las mismas, tarea llevada a cabo principalmente por el grupo fariseo. No siempre la literatura normativa refleja exactamente la realidad. No todo el mundo cumple a rajatabla las leyes.
Por otro lado, Jesús comienza su actividad itinerante por la región de Galilea. Sabemos que los galileos tenían fama de ser gente poco cumplidora, especialmente con las prescripciones referidas al Templo. Probablemente esto también se aplicara al comportamiento de varones y mujeres. Una sociedad menos rigurosa en el plano religioso también puede haber significado un ámbito de mayor libertad en la vida cotidiana.
El grupo fariseo era evidentemente el más estricto en cuanto al cumplimiento de toda la Ley, que incluía también la segregación de las mujeres en los asuntos públicos y de culto. Pero en otros grupos judíos esto no era tan estricto, y tal vez las mujeres pudieran tener una participación más activa, por ej. entre los bautistas y los esenios.
Y por último, no olvidemos que la condición de la mujer en el judaísmo no era demasiado distinta a la que se daba en las otras culturas de la época. La exclusión de la mujer en los asuntos públicos no era un problema judío, era un problema de las sociedades pensadas y dirigidas por varones, y lo sigue siendo.

 

Mujeres seguidoras

Desde ese contexto histórico que proponia que el lugar de la mujer estaba exclusivamente “puertas adentro”, leemos este pasaje:

Y sucedió a continuación que iba por ciudades y pueblos, procla­mando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; lo acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y de enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que los servían con sus bienes.

Lc 8,1-3

Dado el lugar del evangelio en que Lucas lo ubica, el texto puede ser leído simplemente como un sumario, una descripción en la cual el evangelista da un pantallazo de la actividad de Jesús por Galilea.
Leído con ojos de mujeres, el texto comienza a plantear otras preguntas.
¿Estas mujeres seguidoras de Jesús habían abandonado su casa? ¿Cómo hacían para movilizarse de un lugar a otro? ¿Qué pensarían sus familias? ¿Serían criticadas por esto?
¿Por qué Jesús aceptó a estas mujeres? ¿No le importaba quedar al margen de lo que la sociedad recomendaba?
¿Había o no categorías entre el grupo de seguidores y seguidoras de Jesús? ¿Las mujeres y los doce estaban en el mismo rango? ¿Sólo las mujeres habían sido curadas, los doce no habían sufrido de nada?
¿Por qué tenemos tan metida en la cabeza la imagen de Jesús rodeado solamente de los doce, si el texto dice que estas mujeres también iban de acá para allá con El?
Desde nuestra vida de mujeres, el texto cobra un montón de resonancias. "Mujer de la calle" es, hasta el día de hoy, una calificación moral. Resabios del ideal que esperaba que la mujer viviera recluída lo más posible. Jesús se pone al margen del convencionalismo social. La moral no se determina por estar adentro o afuera de la casa. Para las mujeres, aquí hay una buena noticia. La clave de la vida no está en la pauta social, está en el seguimiento de Jesús.
Y estas mujeres se hicieron seguidoras, vivieron con Jesús esa vida itinerante que lo llevó por ciudades y pueblos predicando. ¿Qué alcances tuvo este seguimiento? En el evangelio hay un dato muy concreto. Estas mujeres llegaron con Jesús hasta Jerusalén para vivir su Pascua.

Había también allí algunas mujeres que miraban de lejos. Entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Santiago el menor y de José, y Salomé, que seguían a Jesús y lo habían servido cuando estaba en Galilea; y muchas otras que habían subido con él a Jerusalén.

Mc 15,40-41

Había allí muchas mujeres mirando desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo.

Mt 27,55

Estaban a distancia todos sus conocidos y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, viendo estas cosas.

Lc 23,49

Estas mujeres fueron detrás de Jesús, haciendo el itinerario que El hacía. Sus pasos se encaminaron detrás del Maestro como pasos de discípulas. Su amor y su fidelidad se hicieron valentía y libertad para cruzar la puerta de la casa, para descubrir que el Reino no tiene fronteras.

 

Jesús, un maestro que toma postura

Viendo el contexto histórico y la actitud de Jesús hacia estas mujeres nos preguntamos:
¿trajo Jesús alguna novedad en el trato con las mujeres, o estas transgresiones a la ley ya estaban presentes en el medio ambiente? Hay un aspecto en el cual Jesús es claramente revolucionario y novedoso: toma una postura clara y pública sobre el tema. Habría seguramente más de una mujer que no había cumplido el ideal de la madre de los siete mártires, y habría traspasado el umbral de la casa paterna más de una vez. Lo novedoso y revolucionario de Jesús es que siendo un maestro itinerante, y reconocido como maestro, se deje acompañar de esta clase de mujeres.  No sólo se deja acompañar sino que los escritos que conservan su memoria, los evangelios, nombran a mujeres discípulas, y éste sí es un dato que no en­contramos en memorias de otros maestros de la época.
Así, Jesús nos invita a “ganar la calle”. Hay muchos ámbitos donde construir el Reino de Dios. Y la Buena Noticia es que allí también hay lugar para las mujeres.

 

Para Conversar en grupo
  • Escuchando las voces de la calle. En Argentina, “mujer de la calle” es una expresión que se usa con el mismo sentido que “prostituta”. Por el contrario, se supone que “una chica de su casa” es la que responde al ideal de mujer buena. Si un varón hace una mala maniobra con su automóvil lo insultan; si una mujer hace una mala maniobra le gritan: ¡”Andá a lavar los platos”! Estas expresiones nos muestran que todavía el ideal es que la mujer buena es la que se queda en casa. ¿Qué palabras, frases hechas o expresiones se dan en su medio ambiente, en su cultura, en sus barrios, que responden a ese ideal?
  • Mirando la televisión. Observemos las publicidades televisivas dirigidas a las mujeres. Hagamos una estadística. Sob 10 publicidades ¿cuántas están dirigidas a productos que la mujer “debe usar en el hogar”? ¿En cuántas publicidades aparecen mujeres en algún lugar público y en cuántas mujeres en su casa? ¿Qué imagen de mujer idealizan esas publicidades?

 

 

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