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Las mujeres en los Evangelios
La que buscaba

por Gloria Ladislao

 

Estaba María Magdalena junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Ellos le dicen:
- Mujer, ¿por qué lloras?
Ella les respondió:
- Porque se han llevado  a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.
Dicho esto, se dio vuelta y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Le dice Jesús:
- Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?
Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice:
- Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré.
Jesús le dice:
- María.
Ella se da vuelta y le dice en hebreo:
- Rabbunní – que quiere decir “Maestro”.

(Jn. 20, 11-16)

 

La madrugada de la Pascua, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y lo halló vacío. Corrió a avisar a Pedro y al otro discípulo. Ellos vinieron, y para los tres, lo único visible eran los signos de la muerte.

Un sepulcro vacío no habla por sí solo de resurrección, puede ser signo de una tumba profanada. Unas vendas arrolladas no son por sí solas signos de resurrección, pueden ser señal de que alguien robó ese cuerpo. Signos que por sí solos pueden significar cosas diversas. ¿Qué sentido encontrar allí?

El discípulo vio y creyó. María Magdalena vio y se quedó para seguir buscando. Llora con la angustia de no saber donde está el Amigo, pero no se queda quieta. Todo su cuerpo es inclinación y búsqueda ante el misterio.

Se asoma hasta dentro del sepulcro para mirar. Y dialoga. Y con esas primeras palabras se da vuelta – se convierte – para empezar a descubrir la presencia del Amigo. Y sigue hablando, y sigue en movimiento, porque dos veces dice el texto bíblico “se dio vuelta”. Entonces se produce el encuentro.
A lo largo de todo este pasaje, María Magdalena es sumamente activa. Va al sepulcro temprano, corre a avisar a los discípulos, corre nuevamente con ellos hasta el lugar, y cuando ellos se van, ella sigue buscando… Se inclina, mira, habla, se da vuelta… su inquietud no es mero nerviosismo; su inquietud es búsqueda de amor. “Sentía un afecto muy tierno por su maestro, y por eso, cuando el sábado hubo pasado, no podía soportar permanecer inactiva, sino que fue, al romper la mañana…” (San Juan Crisóstomo, homilía 85)

***

A oscuras buscamos. A oscuras y entre signos de muerte. Lloramos tantas pérdidas de aquello que alimentaba la vida y se ha transformado en muerte a nuestro alrededor. Pero la muerte circundante no nos ha anestesiado. Por eso todavía nos movemos, nos damos vuelta, reencaminamos la mirada. Como Magdalena, aún con lágrimas, queremos asomarnos a algo más, inclinar el corazón en una búsqueda que nos descubra que la vida es posible. En los llantos y en las búsquedas nos habla el Amigo. El está ahí de pie. El nos manda a que avisemos que está vivo, que El ha triunfado sobre la muerte.

Por eso, con María Magdalena, podemos correr a anunciar a los hermanos y hermanas que están esperando una buena noticia. Con María Magdalena, vamos al encuentro de los tristes, de las que lloran, de las despojadas, de los que sufren en medio de los signos de muerte. A todos ellos y ellas queremos transmitirles: “¡Hemos visto al Señor y El nos ha dicho estas cosas!”.

 

 

Para Meditar
  • ¿Qué signos de muerte son más patentes a nuestro alrededor? ¿Qué sensaciones nos producen? ¿Nos paralizan, nos asustan? ¿Cómo reaccionamos?
  • ¿Cómo vivimos el dinamismo de nuestra vida espiritual? ¿Nos acomodamos pensando que ya “no hay nada nuevo”? ¿De qué modo orientar nuestras búsquedas espirituales para que nos lleven a un encuentro más cercano con Jesús?

 

Para Rezar

Hoy, al menos hoy, intentaré vivirlo todo con un corazón misericordioso y agradecido.

Hoy, al menos hoy, quiero vivir intensamente el seguimiento de Jesús.

Hoy, al menos hoy, quiero testimoniar la inmensa alegría de mi amistad con Jesús.

Hoy, al menos hoy, valoraré todo lo que las mujeres hacen por la vida, especialmente aquellas con quienes convivo.

Hoy, al menos hoy, quiero abandonarme en las manos de Dios.

Si hoy escuchara tu voz, que no endurezca, Señor, mi corazón.

(Oración tomada del libro “María Magdalena, discípula de Jesús, de Marta Boiocchi, Ed. Claretiana)

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