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Las mujeres en los Evangelios
Pascua: poner el cuerpo

por Gloria Ladislao

 

Jesús se encamina a Jerusalén. Como cualquier judío, para celebrar la Pascua. Esta vez será la ocasión de su propia Pascua.
Sus discípulos, varones y mujeres que se congregaron en torno a El en Galilea, van también a la Ciudad Santa.

De noche y a escondidas Jesús es apresado. “Herirán al pastor y se dispersarán las ovejas” (Mt 26,31). Entonces, en medio de la noche, los que habían estado con El lo abandonaron.
A la mañana siguiente lo llevaron a crucificar. El camino que empezó en Galilea ahora sube hasta el Calvario. El cuerpo de Jesús, torturado y lastimado, carga el peso de la cruz. Y las mujeres caminan detrás de El. Seguidoras.

“Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él” (Lc 23,27).

Discípulas itinerantes, van dispuestas a transitar el recorrido con el Amigo hasta el final. Ya no hay nada que se pueda hacer más que acompañar, estar ahí. Su presencia ya no puede tener ningún fin práctico ni utilitario, ninguna acción concreta que pueda aliviar ese cuerpo herido.Y aún en esa impotencia, ellas eligen estar ahí.

Contemplar la muerte

La muerte puede ser convertida en show. Ya sea como espectáculo aleccionador para advertir a las multitudes o como “entretenimiento” que llena las horas con las muertes lejanas e insensibiliza hacia el dolor concreto del más prójimo. Podía hacerse en el circo romano y puede hacerse hoy en la televisión.
No todo mirar es contemplar. Muchos se reunieron a mirar, esa tarde en el Calvario, cómo el Imperio Romano aplicaría la pena de muerte a tres reos. Muchos se reunieron a mirar. Sólo algunos pudieron contemplar.

“Al mediodía, se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde.  Entonces Jesús, diendo un gran grito, expiró. Al verlo expirar así, el centurión que estaba frente a él exclamó: Verdaderamente, este hombre era hijo de Dios. Había también allí algunas mujeres que miraban de lejos. Entre ellas estaban María Magdalena, María, la madre de Santiago el menor y de José, y Salomé, que seguían a Jesús y lo habían servido cuando estaba en Galilea; y muchas otras que habían subido con él a Jerusalén.” (Mc 15, 33.37.39-41)

En la oscuridad, las cosas no se ven. En la oscuridad hace falta apelar a otros sentidos, a otros modos de percepción. A las tres de la tarde se hizo de noche y entonces, para muchos, ya no había nada para ver. Pero a otros se les abrieron los ojos justamente ahí, en ese momento, a las tres de la tarde y a oscuras. El capitán a cargo de la ejecución entonces vio. En el cuerpo torturado  y lastimado vio a Dios.

Y las mujeres caminantes, las que lo siguieron hasta Jerusalén para ponerle el cuerpo a esta Pascua, ahora ponen sus ojos. Fundamento del testimonio que luego podrán comunicar.
Este contemplar de las discípulas, a las tres de la tarde y a oscuras, es la mirada que está percibiendo, en la noche, en el cuerpo castigado, el amor que se da entero. Es la mirada que sostiene los momentos finales en la fidelidad sin más acción posible que estar ahí. Y grabar en los ojos cada imagen, y en los oídos cada sonido, porque hubo algunos que se dispersaron, antes, en medio de la noche, y sólo podrán contemplar esa escena por los ojos de ellas.

Desde lo alto de la cruz, también Jesús mira. Y las ve a ellas, juntas, acompañándolo, en el último momento de su vida terrenal. Cuando Jesús mira, en los últimos momentos de su vida, las ve a ellas. De ellas se acordará  cuando vuelva a abrir los ojos. Ellas, la última imagen que Jesús se llevó de esta tierra, las últimas en contemplarlo,  ellas serán también las primeras en verlo otra vez.

 

Para Trabajar en Grupo

Les proponemos leer la escena de las mujeres al pie de la cruz en los cuatro evangelios:

Mt 27, 55-56; Mc 15, 40-41; Lc 23, 49; Jn 19, 25-27

  • En cada lectura, hacer la lista de los nombres de las mujeres mencionadas. Observemos en todos los casos la presencia de María Magdalena.
  • Comparemos las lecturas del evangelio con los Via Crucis. Podemos ver tanto las imágenes que tenemos en los templos como las guías y meditaciones que se usan para las distintas estaciones. ¿Aparecen representadas todas las mujeres? ¿Qué rasgos de su discipulado se destacan?
  • Desde nuestra vida: Podemos compartir experiencias en las cuales hemos acompañado personas a punto de morir. ¿Cómo hemos transitado esos momentos? ¿Cómo nos iluminan estas mujeres discípulas cuando tenemos que poner el cuerpo en situaciones dolorosas?

 

Lecturas complementarias:

www.palabrasconmiel.wordpress.com/las-discipulas-en-la-pascua/
 

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