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Biblia para jóvenes
El encuentro en la Palabra - Mes de la Biblia

 

por Ricardo Stirparo y Horacio Prado

 

«Sí, este mensaje es necesario. Es único. De ningún modo podría ser reemplazado. No admite indiferencia, ni sincretismo, ni acomodos. Representa la belleza de la Revelación. Lleva consigo una sabiduría que no es de este mundo. Es capaz de suscitar por sí mismo la fe, una fe que tiene su fundamento en la potencia de Dios (cf. 1ª Cor 2,5). Es la Verdad. Merece que el apóstol le dedique todo su tiempo, todas sus energías y que, si es necesario, le consagre su propia vida» (EN 5).

En este mes de septiembre -mes de la Biblia- queremos compartir con ustedes un modo de encontrarnos con Jesús a través de su Palabra, un modo de orar vivencialmente la Palabra de Dios, que llamamos «encuentro en la Palabra», que es propio del «Movimiento de la Palabra de Dios» y que creemos que muchos jóvenes pueden aprovechar para hacer su experiencia.

El «encuentro en la Palabra» es una forma de autoevangelización grupal vivencial:
• Autoevangelización, porque al contacto con la Palabra viva de Dios y por la acción del Espíritu Santo, el grupo se evangeliza a sí mismo.
• Grupal, ya que recoge la riqueza de la diversidad de personas. El número óptimo parece estar entre los seis y doce participantes.
• Vivencial, porque el Espíritu hace viva en cada uno la Palabra, actualizando el hecho narrado en el texto con un matiz siempre nuevo y adaptado a las personas.
Se llama así porque los participantes se encuentran a sí mismos y entre sí en la Palabra de Dios: Jesucristo. Es un modo de evangelización grupal que logra internalizar la experiencia y la vivencia de Jesús en su Evangelio. Esto capacita singularmente para hablar y dar testimonio a partir de una experiencia del Evangelio: «Ya no creemos sólo por tus palabras, nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo» Jn 4,42

El material del encuentro lo constituyen aquellos textos de la Palabra que contengan la narración de hechos de la historia de Salvación, especialmente de la vida de Jesús o de sus apóstoles y discípulos, en los cuales haya riqueza de acción y diálogos. Compartimos algunos textos que reúnen estas características:

- La multiplicación de los panes (Mt 14, 13-21)
- El joven rico (Mt 19, 16-22)
- La unción de Jesús en Betania (Mt 26, 6-13)
- Resurrección de la hija de Jairo (Mc 5, 35-43)
- Jesús camina sobre el agua (Mt 14, 22-33)
- Las bodas de Caná (Jn 2, 1-12)
- Curación de diez leprosos (Lc 17, 11-19)
- La conversión de Zaqueo (Lc 19,1-10)

La técnica para hacer el encuentro
se conforma de tres tiempos o momentos:

Meditación objetiva de la Palabra
Meditación subjetiva de la Palabra.
Oración grupal.

Encuentro en la Palabra
Momentos del encuentro
Preguntas ejes

Meditación objetiva de la Palabra.
Meditación subjetiva de la Palabra.
Oración grupal.

¿Qué dice la Palabra?
¿Qué me dice la Palabra?
Demos gracias a Dios

 

Primer momento:
Meditación objetiva de la Palabra
¿Qué dice la Palabra de Dios?
Contemplación imaginativa

Ambientamos con un canto o una breve oración y el encuentro comienza con la lectura en voz alta del texto. El encargado de la lectura deberá hacerlo lentamente para favorecer la compenetración de los participantes en el texto. Es conveniente que se haga una pausa ante cada acción relatada.

Este fraccionamiento del texto es importante para que los oyentes puedan hacer una «contemplación imaginativa» del texto, o sea, que puedan ir imaginando todo el cuadro que se está relatando: ambiente natural, vestimentas, gestos, aclamaciones, tonos de voz, actitudes, expresiones del rostro, sentir interior de los personajes, etc.
Tratar de visualizar lo que dice el texto, imaginando los detalles.

Luego, cada participante releerá en su Evangelio el texto correspondiente al encuentro e irá diciendo las partes del texto qué más le llamaron la atención y por qué. Es imprescindible que cada participante tenga la Biblia.

Como punto de referencia de esta parte del encuentro tenemos que responder a la pregunta: ¿Qué dice el texto?

El expositor ha de ser breve y conciso, comentará un solo aspecto imaginado, reflexionado o sentido del texto, escena o versículo, y no ha de querer comentar todo el pasaje de una sola vez; no hacer una «homilía» o comentario teológico del texto.
Cada participante ha de estar atento a la exposición del otro, dirigiendo su interés hacia el hermano que está hablando y no hacia lo que después va a exponer.
De lo contrario se perderá la riqueza que transmite la percepción del otro. Así, con la exposición sencilla, breve y clara de cada participante se concluirá este primer momento.
El fin de esta parte del encuentro es llevar adentro de nosotros mismos la Palabra de Dios contenida en el texto, y contemplarla de tal manera que yo mismo me sitúe en ella y la vivencie.

Cada participante podrá volver al principio del texto cuantas veces lo necesite, pudiendo comentar el relato sin ningún orden. Se trata de ir enriqueciendo la meditación comunitaria de la Palabra  a medida que uno va percibiendo nuevos detalles que en una primera lectura habían pasado desapercibidos.

Es importante no establecer diálogos en este momento, es decir que en todo momento el centro sea la Palabra y su riqueza: se asemeja a la acción de abrir un cofre e ir descubriendo los distintos tesoros que en él se guardan.
Subrayamos la importancia de no ser extensos ni repetitivos en la exposición, para facilitar la permanencia de la atención del grupo y para permitir que todos puedan expresarse.

El coordinador es el encargado de discernir cuándo termina este primer momento al agotarse el comentario del texto.

Segundo momento:
Meditación subjetiva
¿Qué me dice el Señor con esta Palabra?

Tras una breve introducción del coordinador, cada participante irá exponiendo en qué cosas concretas puede aplicar esa Palabra en su vida, qué luz le ha dado para sí, su grupo, sus ambientes, etc. Se trata de confluir en mensajes comunes que la Palabra haya revelado para todo el grupo, y en mensajes particulares de aplicación cotidiana en la vida en el Espíritu.

Es así que el primer momento habrá sido rico si en este segundo momento existe una conversión, una modificación interior y exterior de actitudes de vida, según el Evangelio de Jesús.

El grupo ha sido «tocado» o «interpelado» por la Palabra que Dios le dirige y el fruto consecuente de ese contacto personal y grupal con ella será indefectiblemente un mayor deseo de purificación, conversión, perfeccionamiento en las virtudes del amor y de la intimidad de vida con la Palabra. Se evitará caer en debates o polémicas sobre estilos literarios, distintas concepciones teóricas sobre el texto, etc. Hay que ayudarse mutuamente a permanecer unidos vivencialmente a la Palabra, sin apartarla de la realidad personal y comunitaria, del «aquí» y «ahora».

En muchas oportunidades a partir del encuentro, el mismo grupo se une en un determinado tema que tiende a profundizarse y hacer crecer la comunión entre los integrantes del encuentro.

Tercer momento:
Oración comunitaria

Luego del segundo momento del «encuentro en la Palabra», se agradecerá al Señor todo lo que él nos ha dado a través del texto meditado, orando grupalmente para:

•  Profundizar el texto,
• Comprometerse comunitariamente a hacerlo vida,
• Decidirse frente a los hermanos y al Señor a llevarlo a la vida personal y comunitaria,
• Pedir para eso la ayuda del Señor.

Luego la oración se podrá seguir como siempre, según la modalidad de cada grupo.

 

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