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Para meditar en la semana el evangelio del domingo - ¡Anímate a mirarte en el espejo de la Palabra!
Domingo del Cuerpo y Sangre de Jesús - ciclo C

Aprender a compartir
Lc. 9, 11-17

por Marcelo A. Murúa

 

" Jesús los acogió y volvió a hablarles del Reino de Dios mientras devolvía la salud a los que necesitaban ser atendidos.
El día comenzaba a declinar. Los Doce se acercaron para decirle: «Despide a la gente para que se busquen alojamiento y comida en las aldeas y pueblecitos de los alrededores, porque aquí estamos lejos de todo.» Jesús les contestó: «Denles ustedes mismos de comer.» Ellos dijeron: «No tenemos más que cinco panes y dos pescados. ¿O desearías, tal vez, que vayamos nosotros a comprar alimentos para todo este gentío?» De hecho había unos cinco mil hombres. Pero Jesús dijo a sus discípulos: «Hagan sentar a la gente en grupos de cincuenta.»
Así lo hicieron los discípulos, y todos se sentaron. Jesús entonces tomó los cinco panes y los dos pescados, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, los partió y se los entregó a sus discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse. Después se recogieron los pedazos que habían sobrado, y llenaron doce canastos."

 

Lc. 9, 11-17

 

El texto de la multiplicación de los panes es uno de los pocos relatos que encontramos en los cuatro evangelios (ver Mc. 6, 34-44; Mt. 14, 13-21; Jn. 6, 1-13). Desde los primeros tiempos la Iglesia consideró al relato de este milagro como uno de los signos principales de la predicación de Jesús.

La multitud sigue a Jesús y éste los recibe para predicarles el Reino de Dios. Jesús ofrece el mensaje del Reino a través de la palabra y las obras, les hablaba mientras también atendía a los necesitados y los curaba. La predicación del Reino debe ser integral y reducirse a un discurso. En Jesús palabra y práctica van unidas en forma indisoluble, como lo podemos apreciar en toda su predicación.
Cuando atardecía los apóstoles se acercan para recomendarle que despida a la gente, de manera que puedan llegar hasta un lugar poblado para alojarse y alimentarse. La preocupación de los apóstoles es legítima, Jesús los sorprenderá con su respuesta, que es una invitación al compromiso.
"Denles ustedes de comer", les propone Jesús. La respuesta nace del sentido común y expone con "lógica humana" las razones que hacen imposible cumplir el mandato de Jesús. Sólo tienen cinco panes y dos pescados, una pequeña ración que podría alcanzar para compartirla en un pequeño grupo pero nunca para tanta gente. La solución aparente estaría en comprar alimentos para todos,pero ellos saben que no está a su alcance. Se necesitaría muchos recursos para comprar tanta comida.
La referencia a cinco mil hombres, que en el evangelio de Mateo se completa con la expresión "sin contar las mujeres y los niños" nos habla de un gran gentío (Mt. 14, 21).
Jesús manda a sus discípulos a organizar a la gente. Formar grupos de cincuenta personas sentadas.
A continuación y delan te de todos Jesús muestra los panes y los pescados que le dieron los discípulos y bendice los mismos. Luego los parte y los discípulos son los encargados de repartirlo entre la gente.
El versículo siguiente, final del relato, nos narra que "todos comieron cuanto quisieron y se recogieron doce canastos de sobras".
Si bien la tradición ha denominado a este pasaje "la multiplicación de los panes" no existe en ninguno de los relatos evangélicos señalados algún indicio que permita afirmar que Jesús realizó una multiplicación de los mismo, como un prodigio extra-ordinario.
¿En qué consiste el milagro entonces?
Recorriendo con fidelidad el texto podemos reconocer los siguientes elementos clave:
- el pueblo que acompaña a Jesús sufre hambre (el testimonio de los discípulos es revelador)
- los discípulos sólo tiene cinco panes y dos pescados
- Jesús organiza a la gente y los reune en grupos reducidos
- Toma los panes y pescados aportados por los discípulos y los bendice y reparte (este signo sería característico de Jesús, lo podemos reconocer luego en la Ultima Cena, y también en el relato de los discípulos de Emaús)
- Los discípulos reparten entre la gente los pedazos provenientes de sus panes y pescados
- Todos comieron y sobró una buena cantidad

Ante la necesidad del pueblo Jesús desafía a sus discípulos a que atiendan su situación. Los discípulos no alcanzan a descubrir cómo ellos, con lo poco que tienen pueden alimentar a tanta gente.
Jesús organiza a la gente y da el ejemplo. Bendice lo poco que tenían los discípulos, lo parte y los instruye para que ellos a su vez, lo repartieran a los presentes.

¡El milagro del compartir! Cuántas veces hemos participado de comidas comunitarias en las cuales cada persona o familia lleva algo de alimentos para compartir con los demás, y al ponerlo en común se termina comiendo muy bien, alcanza para todos y a menudo, sobra.
Jesús enseña a sus discípulos que es posible dar soluciones a las necesidades de la gente, si comprometemos nuestro propio aporte y trabajo para lograrlo.
Cinco panes y dos pescados pueden resultar insuficientes para alimentar a mucha gente, pero alcanzan para enseñar el milagro del compartir. Si todos damos de lo que tenemos, por poco que parezca, habrá para todos y en abundancia.
El texto de Juan nos presenta a un muchacho (un joven) aportando los panes y pescados, y también se nos dice que los panes eran de cebada (la harina de los pobres, más económica que la de trigo).
A través de su ejemplo Jesús nos enseña a compartir solidariamente para que nadie pase necesidad.

En la fiesta del Cuerpo y Sangre de Jesús celebramos que el Señor nos dejo su mismo cuerpo como alimento, el Pan de la Vida, para que podamos vivir como El.
Si nos alimentamos con el cuerpo de Jesús debemos vivir como Jesús: acogiendo a los más pobres, atendiendo sus necesidades, preocupándonos de sus sufrimientos y carencias, comprometiéndonos en cambiar la situación de los que menos tienen, aportando nuestros bienes, conocimientos, tiempo y trabajo para que haya más justicia, organizando al pueblo para compartir, dando el ejemplo y el testimonio práctico… así habrá para todos y se realizará la voluntad del Padre, que creó los bienes de la tierra para toda la humanidad.

Te ofrecemos nuestros panes y pescados.
Son poca cosa Señor,
pero en tus manos
y con tu Espíritu
pueden ser el comienzo de algo nuevo.
Ayúdanos a creer que es posible.
Enséñanos a unirnos,
a organizarnos,
a brindar lo que tenemos.
¡El milagro es el compartir!
Y es tarea nuestra
hacer que se repita todos los días.
Para que haya más justicia,
para que nazca la solidaridad,
para que alumbre el Reino.

 

 

Para rumiar la Palabra...

- Releer el evangelio. Buscar los otros textos que nos presentan el mismo episodio y compararlos. ¿Qué detalles nuevos encontramos?

- Haz una lista de las actitudes de Jesús que encontramos en el relato.

- Haz una lista de las actitudes de los discípulos. Intenta descubrir el proceso que van realizando, orientados por Jesús.

- ¿Puedes reconocer los gestos de Jesús en otros relatos evangélicos? Si es así buscalos y compáralos.

 

 

y fecundar la vida...

- A partir del texto revisa tu propio corazón y tu compromiso con su Palabra.

- Para Jesús predicar el Reino es enseñarlo con palabras y obras, comparar con nuestra manera de anunciar el Reino. ¿Cuáles serían las obras que mostrarían el Reino presente hoy? ¿Qué obras de nuestra comunidad ayudan a vivir el Reino de Jesús?

- Comparar la actitud inicial de los discípulos con nuestra manera de pensar y de encarar las situaciones problemáticas que vive nuestro pueblo. ¿Qué encuentras en común?

- Los discípulos tienen para aportar cinco panes y dos pescados, ¿cuáles son los aportes de tu comunidad, y los tuyos propios… para hacer posible el milagro del compartir?

- ¿Cómo es la situación de la gente en el barrio, la comunidad, el pueblo o ciudad en la que vives? ¿Qué angustia o preocupa a la gente? ¿Qué necesidades padece? ¿Cómo podemos dar respuestas que produzcan el milagro del compartir?

 

 

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